El día en que Mario Onaindia se puso corbata

Elola, Etxezarreta, Maiza, Agirrezabala y Agirrezabal, en el ezkertoki de Zarautz. / LOBO ALTUNA

Cinco euskadikos guipuzcoanos, Elola, Agirrezabal, Etxezarreta, Maiza y Agirrezabala, recuerdan sinsabores y alegrías de la fusión entre PSE y EE hace 25 años

A. GONZÁLEZ EGAÑAZARAUTZ.

Reunidos en el ezkertoki de Zarautz, uno de los bastiones de EE, cinco euskadikos guipuzcoanos, los zarauztarras Patxi Elola, Alberto Agirrezabal y Karmele Agirrezabala, el tolosarra Xabier Maiza y el urrestildarra Ramón Etxezarreta, retroceden 25 años atrás y repasan sinsabores, alegrías y anécdotas de la convergencia «más difícil». Así se refieren a la fusión en una misma formación política del Partido Socialista de Euskadi-PSOE y Euskadiko Ezkerra. Fue el fin de semana del 26 y 27 de marzo de 1993. El PSE-EE nacía con Ramón Jáuregui como líder y con un doble objetivo: asentar el autonomismo y convertirse a medio plazo en alternativa al nacionalismo. Para la ocasión, el exsecretario general de EE Mario Onaindia se puso corbata por primera vez. «Dijo que iba así porque era una boda», rememora Elola la figura del político lekeitiarra fallecido en 2003. Oficializada la fusión en el congreso que tuvo como escenario el bilbaíno teatro Arriaga, un nutrido grupo de euskadikos, entre ellos algunos protagonistas de este reportaje, lo celebró con una comida en el restaurante Amboto. Allí regresarán para repetir el menú de aquel día: bacalao Athletic -una cazuela al pil pil y otra con tomate-, el sábado, 17 de marzo, la fecha elegida por el PSE-EE de Idoia Mendia para el gran acto conmemorativo.

En el ezkertoki zarautztarra, que aún conserva una vidriera con las dos E originales de Euskadiko Ezkerra, y sentados en la misma mesa donde tuvo lugar la primera presentación de campaña de las elecciones del generales de 1993, ya como PSE-EE, los cinco euskadikos hacen memoria. Elola tiene grabado en su recuerdo el último acto que hicieron como EE en Eibar antes de la convergencia. En aquella asamblea Onaindia les dijo: «A partir de ahora tenéis que explicar esta convergencia con los socialistas. Os va a costar. Va a ser muy difícil, porque incluso en casa a muchos no os van a entender. Va a ser duro». Echando la vista atrás, hoy Elola, concejal del PSE en Zarautz, reconoce que «ha sido duro, pero totalmente positivo».

Para Alberto Agirrezabal, actual responsable de la Fundación Onaindia, era un final «inevitable». «En EE había dos almas desde el principio», repasa. A finales de los 80 se fueron perfilando dos corrientes enfrentadas. Auñamendi, más abertzale, radicada en Gipuzkoa y que miraba a Eusko Alkartasuna, y Renovación Democrática, más socialista y respaldada por Onaindia y Bandrés. Tras las autonómicas de 1990, EE perdió un tercio de sus apoyos y el entonces secretario general Kepa Aulestia renunció a renovar su cargo. En el congreso de 1991 vencieron los renovadores y se apostó por un acercamiento estratégico al PSE. Jon Larrinaga, que no asistirá al acto conmemorativo de la próxima semana, fue nombrado secretario general.

La crisis de los euskadikos iba cada vez a peor y la formación se partió por la mitad. La corriente Auñamendi se escindió para formar Euskal Ezkerra. «Nadie quería decir con quién estaban pensando fusionarse», pero en las cocinas internas todo el mundo sabía qué iba a acabar pasando. Hubo incluso muchos euskadikos que se posicionaron como renovadores, pero que lo de converger con el PSE «les parecía demasiado» y hasta allí llegaron. Patxi Elola recuerda que en Zarautz la escisión fue muy dura a nivel local. También tuvieron que pasar la pelea por la propiedad del local que hoy se mantiene. Se llegó incluso a los tribunales.

De forma paralela, al inicio de los 90, como reflejo de lo que ocurría en el PSOE - crisis económica y los casos de corrupción, Filesa o Juan Guerra-, el PSE tampoco atravesaba su mejor momento y dio un giro vasquista. «Llovía sobre el PSOE muchísimo», cuenta Etxezarreta. «Nos metíamos en un partido que había traído grandes avances, pero ya estaba a la baja», añade Elola.

Tarta con una rosa roja

Agirrezabala no olvida las primeras reuniones con compañeros del PSE y «los nervios que teníamos por conocernos», las estrategias que siguieron «para que aquello fuera fluido» y, sobre todo, cómo se los intentaban ganar «por el estómago». «En una ocasión, les pusimos una tarta con una gran rosa roja», recuerda.

El tolosarra Xabier Maiza tiene claro que fue «una apuesta fuerte». «Anticipada en el tiempo probablemente, pero así era Mario, anticipado», resume. En 1982, cuando convergieron con el Partido Comunista, Alberto Agirrezabal recuerda que en los pasillos de aquel congreso, Onaindia le dijo que la siguiente fusión sería con los socialistas. «Mario tenía una frase que repetía mucho: ¿Por qué vamos a estar Roberto Lertxundi y yo militando en partidos distintos si somos de la misma generación, si casi hemos leído los mismos libros, somos de la misma cultura...? En su mente ya rondaba que algún día convergería con los socialistas. Era un adelantado».

Para Etxezarreta, «más que adelantado era apresurado. Le venía una idea y la tenía que ejecutar». El político urrestildarra, que fue viceconsejero de Política Lingüística del Gobierno Vasco de Patxi López, se rezagó del pelotón de la convergencia, pero a su juicio, como siempre que se hace un análisis a posteriori, mantiene que la decisión de converger «fue la mejor». Eso no quita para que recuerde aquellos episodios como «una vivencia muy dolorosa porque se rompía un grupo que generaba muchísima ilusión».

Maiza tiene el recuerdo de un congreso «feliz». «Para mí era muy grande porque habíamos peleado mucho. Zarautz marca la diferencia, pero lo difícil fue convencer a gente en otras muchas localidades. Costó mucho. En aquel momento pasamos de ser una cosa chiquita, en la que estábamos cuatro amigos que nos entendíamos perfectamente y de repente nos encontramos con un partido más grande en el que teníamos que empezar a ver cómo encajábamos».

Karmele Agirrezabala recuerda que sintieron «cierto vértigo». «A pesar de estar ideológicamente convencidos de lo que había que hacer, teníamos la duda de qué iba a pasar, de si nos iban a engullir o si íbamos a ser capaces de influir en las políticas del partido». Todavía tiene en la memoria el debate en ese mismo ezkertoki sobre cómo incorporar el nombre de EE al partido. «Y ahí siguen las siglas EE. Cada uno que interprete la importancia de que perduren», cita. Les pilló, explica Agirrezabala, «suficientemente maduros después de hacer una evolución como para que aquella posibilidad cuajara. Y porque además las ponencias se explicaron bien. Alberto Agirrezabal añade que ya habían iniciado parte del camino «cuando Kepa Aulestia dijo un sí inequívoco a la Constitución».

Todos recuerdan las primeras elecciones para el PSE-EE, las generales de 1993. Los socialistas ganaron en Euskadi, obtuvieron siete diputados frente a los cinco del PNV. «Fue un éxito brutal. Pero un año más tarde en las autonómicas de 1994 tuvimos un descalabro. Y entonces los socialistas se portaron un poco mal con nosotros porque empezaron a decir que EE no había aportado nada al partido. Algunos nos culpaban del desastre», se duele Agirrezabal. «Culpaban a Mario. Pero lo cierto es que no había un escenario propicio para el éxito», repara Etxezarreta.

El exconcejal donostiarra de Cultura, asegura que echa de menos Euskadiko Ezkerra, «hoy más que nunca». Elola le rebate y zanja que «echar en falta a EE es negar que estamos dentro de PSE y creo que en este momento el PSE-EE está haciendo el discurso y la política de EE».

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