Diario Vasco

El preso que quiso ser lehendakari

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Loldi y Eguigurenen en el Parlamento Vasco. / LOBO ALTUNA

  • Ioldi y Eguiguren vuelven a encontrarse en el Parlamento 30 años después de uno de los plenos más tensos y polémicos

Estaba Jesús Eguiguren sentado tranquilamente en un banco de la Avenida de la Libertad en Donostia cuando un hombre se le acercó a saludarle. «¿Quién eres? ¿Un ertzaina?», le preguntó el expresidente del PSE-EE. «No. Soy más bien del otro extremo. Soy Juan Karlos Ioldi», le respondió su interlocutor, expreso de ETA. La anécdota sucedió hace tres años. Era la primera vez que ambos se reencontraban desde que el 26 de febrero de 1987 protagonizaran uno de los plenos del Parlamento Vasco más tensos que se recuerdan y que pasó a los anales de la historia. Estos días se cumplen treinta años de aquel episodio en que Herri Batasuna presentó a un preso, Ioldi, como candidato a lehendakari, en una sesión de investidura con Eguiguren de presidente de la Cámara. Un hecho inédito que levantó una gran polémica judicial, obligó a establecer fortísimas medidas de seguridad y fue fiel reflejo de una época marcada por la violencia. Pese a algunos incidentes en el exterior, la jornada acabó sin mayores sobresaltos y con el peneuvista José Antonio Ardanza como lehendakari. Eguiguren continuaría años en el Parlamento mientras Ioldi, un recluso sin delitos de sangre, purgó otros 14 años más en prisión. Tres décadas después, DV reúne en el mismo salón de plenos parlamentario a los dos protagonistas para rememorar aquel singular acontecimiento.

Por su trabajo en la asociación asistencial Harrera Elkartea, que ayuda a los excarcelados a reintegrarse en la sociedad, Ioldi (Ataun, 1963) ha visitado en los últimos años varias veces el Parlamento. Pero nunca había entrado al hemiciclo donde su imagen con el puño levantado salió en todos los informativos. Nada más pisar la sala y ver los escaños, los recuerdos se agolpan en su mente. «Estaba muy nervioso. Acababa de cumplir apenas 24 años. Había pasado 24 horas sin dormir preparando el discurso que me había traído Iñigo Iruin (su abogado y también parlamentario)». Una examen difícil para un preso preventivo (todavía no había sido condenado), que llevaba ocho meses en aislamiento, recluido 23 horas al día en una celda de Herrera de la Mancha, un penal de máxima seguridad.

La izquierda abertzale solía incluir en sus candidaturas a presos de ETA para visualizar la situación de «conflicto». Ioldi, número seis por Gipuzkoa, resultó elegido en las elecciones de noviembre de 1986. Pero el golpe de efecto llegó cuando un día recibió una llamada en prisión anunciándole que iba a ser el encargado de competir por la investidura, aunque sin opciones, con el candidato del PNV Ardanza. Además, HB nunca había acudido a un Parlamento que consideraba «particionista».

El interno fue trasladado a Nanclares de víspera. Su llegada a Vitoria en una furgoneta de la Ertzaintza creó gran expectación y muchos quebraderos de cabeza a Eguiguren (Aizarna, 1954), el primer socialista en presidir la entonces todavía joven Cámara autonómica, en virtud del triunfo en escaños del PSE-EE de Txiki Benegas. Era la primera vez que un cargo no nacionalista vasco asumía esa responsabilidad. «En ámbitos de la izquierda abertzale me llamaban 'el usurpador'. No digo más», rememora. Y para empezar, le tocó dirigir un pleno envenenado, con fuertes presiones desde Madrid. «Era como si me hubieran traído al demonio al Parlamento. Tenía miedo de que Ioldi se pudiera escapar y había que decidir si entraba esposado o no...». Benegas, de hecho, se ausentó en señal de protesta cuando intervino el preso. Para colmo, la víspera falleció un parlamentario del CDS, Jesús María Viana, al que todos, HB incluida, recordaron con un minuto de silencio.

La batalla jurídica sobre si el preso podía presentarse la ganaron sus abogados, Miguel Castells e Iruin, con sentencia de la Audiencia Provincial de Navarra, que tenía la competencia del partido judicial de Tolosa. Pero los problemas continuaban con varias preguntas flotando en el ambiente. ¿Debía un preso de ETA andar libremente por los pasillos del Parlamento? ¿Tenía derecho la Policía o la Guardia Civil a entrar para vigilarle? Tal era la expectación que hasta Televisión Española emitió en directo la sesión, con una multitud de periodistas y cámaras acreditados. Finalmente, Eguiguren salvaguardó la autonomía del Parlamento. Fue la Ertzaintza la encargada de garantizar el orden, a pesar de que «había 'secretas' hasta en los váteres», recuerda. «Me jugaba mi prestigio. Tenía 32 años y era muy joven para ser presidente del Parlamento Vasco», precisa el político socialista.

El jersey de 'Kinito'

Ioldi pudo moverse con libertad en las instalaciones del Legislativo. Estuvo con su novia y ahora mujer, Lea. También pudo comer en la cafetería del Parlamento con su familia. Lo hizo en una mesa redonda que todavía se mantiene en el mismo lugar. «Vino mi madre, que me obligó a cambiar las zapatillas que traía por unos zapatos». También se reunió con sus compañeros parlamentarios de HB, entre ellos históricos como Iruin, Rafa Díez, el fallecido Jokin Gorostidi o Tasio Erkizia que le prestó un jersey de 'Kinito', entonces responsable de prensa de la coalición y que años después sería acusado de ser un confidente de la Policía.

El entonces preso solo empleó 40 de los 90 minutos de discurso. Habló en euskera y castellano y su intervención fue bastante crítica, con momentos de dureza. «Al oírle me removía en el asiento», recuerda Eguiguren. Con las manos en el atril y la espalda apoyada hacia atrás, el joven recluso habló con tono firme aunque trasluciendo ciertos nervios. El propio Ioldi reconoce treinta años después algunas meteduras de pata, como cuando al inicio denunció el trato de la Ertzaintza durante el traslado a Vitoria. «Esto no es trato a un lehendakari, a un presunto lehendakari», dijo. «Claro es que como estábamos acostumbrados a que siempre nos pusieran el 'presunto' por delante...», se excusa tres décadas después. Peor sabor de boca le dejó otro error en una de las frases más polémicas. Fue cuando en euskera calificó los escaños de «poltronas sucias». Ioldi lo explica: «Quería decir poltronas insignificantes (ziztrinak) pero me salió 'zikinak'. Luego Garaikoetxea replicó que los escaños 'estaban limpios hasta que vinimos nosotros', pero en realidad yo no quería decir aquello».

Eguiguren le recuerda algo tenso y bebiendo mucha agua. «Me dijo Iruin que la tomara para no perder la voz», explica Ioldi. Solo aplaudieron su discurso los de su bancada. El turno de réplica lo protagonizó el parlamentario alavés Iñaki Ruiz de Pinedo. Ardanza fue elegido lehendakari con los anunciado votos de PNV y PSE, y los del CDS. HB no participó en la votación, mientras la Eusko Alkartasuna de Carlos Garaikoetxea, Euskadiko Ezkerra y AP se abstuvieron. Los periodistas persiguieron a Ioldi hasta que la Ertzaintza lo metió en el furgón que debía devolverlo a la cárcel. Ni él ni los otros doce parlamentarios de HB volverían a poner sus pies en el Parlamento en aquella legislatura. El Gobierno reformaría la Ley de Enjuiciamiento Criminal, el 'artículo Yoldi', para quitar el derecho al sufragio pasivo a presos de ETA procesados por atentados.

El ahora responsable de Harrera reconoce que en aquel momento no tuvo constancia de lo que significaba todo aquello. Lo percibió cuando salió a la calle en el año 2000. «Cuando me presentaba, en cualquier sitio me recordaban por aquello. La gente se acordaba de lo que estaba haciendo aquel día. En la Diputación de Gipuzkoa, por ejemplo, los trabajadores me contaron que les dieron permiso para ver el pleno en la tele».

En los últimos años las posturas de Ioldi y Eguiguren se han ido acercando. El expreso y abogado ha sido partidario del cambio de estrategia de la izquierda abertzale a vías solo pacíficas mientras Eguiguren hipotecó parte de su vida en busca de la paz en Euskadi, siendo protagonista del proceso de paz de 2006 y convirtiéndose en el principal interlocutor socialista con la izquierda abertzale.

La excursión a Ataun

Por ello, tras el reencuentro casual en 2014 en el centro de Donostia, y pese a las heridas del pasado y el abismo que les ha separado hasta hace nada, ambos han sido capaces de trabar cierta amistad y complicidad. Ioldi venía de recoger hongos de un «hayedo mágico», le dijo, y Eguiguren le respondió que estaba interesado en escribir un libro que aludiera a la «magia». Por ello, quedaron en hacer una excursión. Fueron en coche hasta Lizarrusti y el embalse de Lareo, en la zona de Ataun, y comieron en un albergue hablando de lo divino y de lo humano. Y de cómo ha cambiado Euskadi en estos treinta años.

Ioldi recuerda que en aquella investidura en el Parlamento «me vino Martin Auzmendi (parlamentario de Euskadiko Ezkerra) y le rechacé el saludo. Ahora sí le saludaría. Tampoco entonces le dábamos valor a esta institución y la gente puede decir que ahora incurrimos en una contradicción, pero las circunstancias y esquemas políticas van cambiando. Y con la edad vas madurando y ves todo diferente. Al salir de la cárcel se me hacía duro ver gente con escolta». Gente como Eguiguren, que mientras pasea entre los escaños recuerda el asiento de sus compañeros asesinados Enrique Casas y Fernando Buesa. Ahora, tras el final de la violencia de ETA «el cambio político y social ha sido grande», se felicitan, conscientes de haber sido testigos de una época afortunadamente ya pasada.

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