Diario Vasco

El vuelo más difícil de Bush

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George W. Bush. / Foto: Archivo | Vídeo: Europa Press

  • El jefe de Prensa del expresidente publica sus notas del viaje en el 'Air Force One' durante el 11-S al cumplirse 15 años de los atentados

El 11 de septiembre de 2001, mientras el atentado terrorista más atroz de la historia tenía lugar en Nueva York y Washington y la vida civil casi se paralizaba presenciando el devastador espectáculo sin precedentes desarrollándose en directo por televisión, un grupo singular acompañó al hombre más poderoso del planeta al lugar más seguro posible: el cielo. Durante ocho horas, la comitiva surcó el espacio aéreo del este de Estados Unidos completamente vacío de tráfico aéreo, escoltada por tres cazas F-16. A bordo del 'Air Force One' acompañaban al presidente George W. Bush, entre otros, su consejero personal, Karl Rove; su jefe de Gabinete, Andrew Card, y el secretario de Prensa, Ari Fleischer. 65 pasajeros en total, setenta cajas de comida y doce kilos de plátanos.

Poco antes, Andy Card había interrumpido un acto presidencial con los niños de una escuela de Tampa para informar a Bush del ataque a las Torres Gemelas. Siguieron horas de llamadas intensas y órdenes ejecutivas de emergencia a bordo del 'Air Force One', mientras los atentados se sucedían en tierra y la información llegaba de forma caótica de todos los frentes del Gobierno. El presidente se debatía entre llegar a Washington para asumir el mando efectivo del país o mantenerse a salvo. El mandatario tuvo grandes dificultades para contactar con su familia y con el vicepresidente Dick Cheney, en esos momentos en el búnker de la Casa Blanca acompañado de un equipo ejecutivo.

Las notas manuscritas del secretario de Prensa sobre aquella jornada de pesadilla se conocen por primera vez en su totalidad en coincidencia con el 15 aniversario del 11-S, que se conmemora hoy. «Estamos en guerra», declaró el presidente, en comunicación con Cheney tras conocer el ataque al Pentágono, recoge el documento de Fleischer.

Putin, «el mejor aliado»

Desde su Despacho Oval a bordo, Bush autorizó al vicepresidente a derribar aviones sospechosos y ordenó avisar al presidente ruso, Vladímir Putin, de que no respondiese si había lanzamiento de misiles, porque no era un ataque contra Rusia. «Putin reaccionó perfectamente, fue el mejor aliado de América el 11 de septiembre», sostiene Andy Card.

El presidente pudo hablar al fin con todos los puestos de mando: el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld; la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice; el alcalde y el gobernador de Nueva York, Rudy Giuliani y George Pataki, haciendo énfasis en la importancia de mostrar que el Gobierno conservaba el pleno control de la situación.

Un guardia armado vigilaba la cabina del piloto por si alguien podía amenazar desde dentro el avión en pleno vuelo o ante la eventualidad de un ataque exterior. «Creemos que puede haber seis misiles en el aire», recogen en un momento dado las notas de Fleischer. El presidente autorizó derribar aviones comerciales si era necesario. «El avión era el lugar más peligroso y el más seguro al mismo tiempo», dice otro de los colaboradores a bordo.

Se sucedían informes erróneos que incluían un coche bomba en el Departamento de Estado, «un objeto a alta velocidad» en dirección al rancho del presidente en Texas y un avión siniestrado en Camp David que en realidad era el vuelo 93 de United Airlines estrellado a las afueras de Pittsburg. El 'Air Force One' haría finalmente dos escalas en bases de Luisiana -desde donde Bush habló por primera vez brevemente al país- y Nebraska antes de aterrizar en Washington para el discurso histórico desde el Despacho Oval.

En el último tramo ya camino de la Casa Blanca, en un helicóptero con escolta, el presidente y su círculo sobrevolaron el idílico paisaje que rodeaba el Pentágono en llamas. Las emociones contenidas de aquella larga jornada se acumulaban y las lágrimas brotaron en los ojos de la comitiva ante la visión de muerte y desolación en el considerado edificio más seguro del mundo.