Bacete: «La igualdad no es mala para los hombres, es una oportunidad para liberarnos»

Ritxar Bacete posa con su libro 'Nuevos hombres buenos'./DV
Ritxar Bacete posa con su libro 'Nuevos hombres buenos'. / DV
Ritxar Bacete, antropólogo y autor de 'Nuevos hombres buenos'

El especialista en políticas de igualdad de género hablará hoy de cómo lograrla en el Aula de Cultura DV a las 19.30 horas en el Aquarium

IGNACIO VILLAMERIELSAN SEBASTIÁN.

Ritxar Bacete (Vitoria, 1973) se considera un hombre «apasionado» por la belleza que hay en las personas y en las cosas. Es antropólogo «por vocación» y trabajador social «por convicción». También es especialista en género, masculinidades, feminismo, políticas de igualdad, paternidad positiva y economía del desarrollo. En los últimos años ha puesto en marcha proyectos para promover la implicación de los hombres en la igualdad, como el programa de hombres para la igualdad Gizonduz del Instituto Vasco de la Mujer. Bacete presenta hoy su libro 'Nuevos hombres buenos' en el Aula de Cultura DV, a las 19.30 en el Aquarium, con entrada libre hasta completar el aforo.

- ¿Cómo se promueve la implicación de los hombres en la igualdad?

- Teniendo claro que es algo necesario. Hasta ahora el hombre ha sido la medida de todas las cosas, pero con la transformación que ha habido en los últimos 40 años se ha puesto en tela de juicio la propia masculinidad. Y es que para llegar a una plena humanidad los hombres necesitamos la igualdad. Y para ello debemos cuestionarnos el modelo de identidad en el que hemos sido construidos. La igualdad no es un problema para los hombres sino una oportunidad para liberarnos.

- ¿Cómo se empieza ese cambio?

- Poniendo encima de la mesa el bien necesario. Y para eso tiene que haber políticas de igualdad dirigidas a los hombres, para implicarles desde niños en todo este proceso de la lucha por la igualdad.

- ¿El feminismo ha transformado el rol de lo masculino?

- Se ha producido un cambio del rol de las mujeres. Hasta hace 50 años ellas estaban en casa mientras que hoy están en las universidades o trabajando.

- A pesar de ello, ¿la sociedad sigue siendo machista?

- Vivimos en una sociedad que lo es. Podemos mirar al deporte, por ejemplo. Si preguntamos los nombres de las jugadoras de un equipo de fútbol femenino raramente la gente los sabrá. Hay una gran brecha todavía. Pero la buena noticia es que en España se ha producido un cambio importantísimo gracias a la llegada de la democracia. Igualdad, equidad y democracia van de alguna manera de la mano. Y en España hemos tenido un proceso impresionante de transformación, y somos de los países del mundo que más han avanzado en ese ámbito. Aunque, paradójicamente, ahora estamos dando pasos atrás. Pero es normal porque si no hay una transformación decidida de los hombres esto es muy difícil.

- En su libro habla de que hay que crear una nueva masculinidad. ¿A qué se refiere?

- Los estereotipos sobre qué es ser hombre siguen ligados al modelo antiguo, pero también están surgiendo otros modelos disidentes, en los que hay muchos hombres que ya no tienen esos comportamientos del macho clásico. Por tanto tenemos en una balanza el rol tóxico y sexista (que nos roba las posibilidades de humanidad) y en el otro lado están los hombres buenos que renuncian a la violencia y a la dominación. A ellos me refiero con la nueva masculinidad.

«Para ser feminista no hace falta ser mujer. De hecho, el primer texto lo escribió un religioso»

«Lo de 'la manada' es un choque entre una España tóxica y otra igualitaria, que conviven a la vez»

- ¿Asegura que 'nos va la vida en ello'?

-Sí, los hombres vivimos 7 años de media menos que las mujeres y eso tiene que ver con el mandato de la masculinidad. En España hay dos millones de viudas respecto a 200.000 viudos. Eso se debe en parte a haber vivido como hombres, por haber bebido más, por haber trabajado de una forma tóxica y peligrosa, etc. Porque la masculinidad hegemónica y tóxica tiene consecuencias. El 93% de quienes cometen delitos en Euskadi son hombres, por ejemplo, así que alguna relación habrá entre masculinidad y delito... Y eso tiene unos costes en la sociedad que las mujeres no generan.

- ¿Vivir en igualdad conlleva perder privilegios para los hombres?

- Sí, hay estudios contrastados que afirman que los hombres más igualitarios ganan menos que los que no lo son.

- ¿Y cree que los hombres están dispuestos a perder sus privilegios?

- Una de las cosas que defiendo en el libro es que biológicamente estamos diseñados para el bien. Ya estamos en la era del feminismo porque tenemos la conciencia de que la igualdad es buena para todos. Solemos decir que la hija de un hombre que plancha será ingeniera porque ha tenido el modelo de referencia de un hombre en el que puede apoyarse para triunfar. Ese cambio de los hombres es un elemento de empoderamiento de las mujeres. La paternidad es un modelo brutal de cara a los modelos de referencia futuros.

-¿Para ser feminista es necesario ser mujer?

-No, de la misma manera que para ser ecologista no es necesario viajar siempre a pie. Otra cosa es que históricamente las mujeres hayan sido feministas porque eran ellas las que tenían la piedra en el zapato. No podían votar, no podían abrir una cuenta sin el consentimiento del marido... Pero eso no quita que siempre haya habido hombres que han estado a favor de la igualdad. El primer texto feminista que se escribe lo hizo un religioso, sin ir más lejos.

- ¿Qué le parece el feminismo radical?

- Existe, como existen otras cosas. Pero es como los comentarios fascistas del chat de policías municipales de Madrid. Que haya algunos policías que tengan esos comportamientos no quiere decir que la Policía de Madrid sea así. Y lo mismo ocurre con el feminismo. Puede haber uno amable, y otro que excluya a los hombres. Lo que predica el feminismo es liberarnos de los roles de hombre y mujer.

- ¿Qué le parece el caso de 'la manada'?

-Es el choque entre dos percepciones. Entre la España igualitaria y la España tóxica, que conviven a la vez. Lo que ha ocurrido ahí es claramente el choque entre esas dos concepciones. Unos chicos que han construido una idea de la sexualidad y del poder tremendamente tóxica (más allá de culpabilidades o no, que lo dirá un juez y yo no me meto). Pero lo problemático son los valores que subyacen en la sociedad y que hacen que algunos chicos crean que para obtener placer pueden pasar por encima de las mujeres. En este caso, además, hay un dato curioso, y es que el placer no se obtenía tanto por la mujer sino por mirarse entre ellos.

- ¿Cómo es eso?

- Convirtieron a la chica en un objeto sin importarles para nada su placer. Pero es que además, el placer lo obtienen de una relación entre hombres, lo cual no deja de ser una paradoja porque el macho clásico reniega de la homosexualidad. Y sin embargo, en este caso se aproximaron a prácticas sexuales con otros hombres. En cualquier caso, a mí no me interesa tanto la violencia como las relaciones de paz.

- Explíquese.

- Hace poco salió una encuesta que decía que el 27% de los jóvenes no veía la violencia de género como un problema y eso puede causar alarma. Pero me parece más importante que el 63% de ellos sí que están en contra de esa violencia. Debemos de huir de la mirada violontológica para centrarnos en la paz. Prefiero quedarme con aquello que ha hecho posible que nos transformemos y que cada vez haya más hombres que apoyen a sus hijas y que sean más justos con sus parejas, porque eso favorece el cambio social y el empoderamiento de las mujeres.

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