Extrañeza en Berastegi ante la actitud del joven que abandonó a las 45 vacas muertas

Exterior de la explotación ganadera en la que murieron las 45 cabezas./LOBO
Exterior de la explotación ganadera en la que murieron las 45 cabezas. / LOBO

Los expertos aseguran que una res con agua puede aguantar un mes sin alimentarse, y apenas dos semanas si no puede hidratarse

J. PEÑALBASAN SEBASTIÁN.

Nadie lo entiende; nadie acierta a comprender cómo un joven de veinte años al que su trabajo de ganadero parecía gustarle pudo dejar a un centenar de reses abandonadas a su suerte. Ni siquiera sus más allegados lo saben. En Berastegi, así como en otras localidades de la zona, las miradas de sus habitantes, especialmente las de los baserritarras, están puestas en él. El chico, que aprendió el oficio en la escuela de Fraisoro, se ocupaba del cuidado de la granja en la que el jueves pasado fueron halladas 45 cabezas sin vida, presuntamente, por inanición.

La explotación ganadera fue levantada por el padre del joven, si bien fue el hijo quien adquirió el ganado y se encargaba de cubrir las necesidades tanto de alimentación de las reses como del mantenimiento de la instalación, según indicaron fuentes cercanas a la familia.

La cifra

100
cabezas de ganado había aproximadamente en el interior de la explotación ganadera de Berastegi, de las que 45 fueron halladas muertas el jueves de la semana pasada. Las primeras investigaciones apuntan a que las reses murieron por falta de alimentación.

Aun cuando algunas fuentes atribuyeron en los primeros momentos la desatención del ganado a una posible desavenencia entre el progenitor y el chico, las mismas fuentes han afirmado a este periódico que entre ambos no se produjo una disputa tan grave como para justificar dicho comportamiento.

La instalación fue levantada por su padre, aunque era el hijo quien se ocupaba del ganado

El entorno más cercano dice ignorar el motivo que le llevó a dejar a las vacas desasistidas

Fuentes cercanas niegan que se hubiera producido una grave desavenencia familiar

El joven permanece ya en casa de unos familiares y su entorno más cercano no oculta su preocupación por su situación y por las circunstancias que le llevaron a actuar como lo hizo que, según afirman, «todavía no las sabemos».

Mientras tanto, la investigación que ha abierto la Diputación sigue su curso. Los trabajos de limpieza y desinfección de las instalaciones de la granja han continuado en las últimas horas y están prácticamente terminados.

Los cadáveres de las reses fueron descubiertos después de que vecinos del barrio de Amerialde percibieran un olor a descomposición proveniente de la explotación. Tras informar de la situación a la Dirección de Agricultura y Medio Rural de la Diputación, no tardó en personarse en el lugar un veterinario que halló muertas a un total de 45 cabezas. Todas presentaban signos de desnutrición. Además, observó que había otras con problemas derivados por falta de alimentación.

Por el momento se desconoce el tiempo que los animales permanecieron sin ser alimentados. En este sentido, los técnicos forales analizan si el desabastecimiento que sufrieron las reses fue también producto de algún fallo mecánico en el sistema que transporta el sustento desde los silos hasta los comederos. Al parecer, a una parte del ganado que estaba en una de las zonas de la instalación le llegó el alimento, no así a otra que permanecía en otro espacio y que fue la que falleció.

Tiempo de supervivencia

Aun cuando no han podido establecerse los días en los que el ganado estuvo sin comer, fuentes consultadas en el sector indicaron que el periodo de supervivencia de un animal de estas características, ya sea un ternero o una vaca, varía en función de si dispone o no de agua.

En este sentido, aseguran que si la res puede hidratarse con cierta regularidad, «es capaz de aguantar un mes o incluso algo más». No obstante, precisan que si no tienen qué beber, el tiempo se reduciría a dos semanas aproximadamente.

Junto a estas circunstancias, habría que añadir además otros factores como las condiciones meteorológicas. Las bajas temperaturas de las últimas semanas habrían podido abocarles a una hipotermia y acelerar la fase de agonía.

Las reses muertas fueron retiradas de las instalaciones y el mismo viernes se procedió a su traslado a la planta de transformación de animales de la localidad vizcaína de Ortuella donde fueron incineradas.

La planta ganadera de Berastegi albergaba un centenar de vacas. La mitad logró mantenerse con vida, si bien de entre estas últimas algunas presentaban síntomas de desnutrición, por lo que tuvieron que ser alimentadas.

Aun cuando las primeras averiguaciones llevan a concluir que el ganado murió de hambre, la Diputación llevará a cabo también diversas pruebas para conocer si ha podido concurrir alguna otra circunstancia, bien relacionada con la alimentación u otras causas.

Las autoridades ganaderas, no obstante, no creen que la desatención a la que han estado expuestas vacas y terneros sea producto de una dejación de carácter malintencionado por parte de los gestores de la planta ni esconda un presunto caso de maltrato animal.

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