Joaquín Achúcarro: «La cuestión es no parar»

Joaquín Achúcarro, fotografiado en su casa de Leioa, tocará mañana y el viernes con la OSE en el Kursaal de San Sebastián./FERNANDO GÓMEZ
Joaquín Achúcarro, fotografiado en su casa de Leioa, tocará mañana y el viernes con la OSE en el Kursaal de San Sebastián. / FERNANDO GÓMEZ
Joaquín Achúcarro (Pianista)

El músico bilbaíno cumplirá 85 años la semana próxima, en mitad de una serie de conciertos con la OSE y Ravel en los atriles

CÉSAR COCABILBAO.

«Cuando tenía más o menos 40 años me hice un calendario de vida en el que fijaba retirarme a los 84». Joaquín Achúcarro sonríe al recordarlo, sentado en el sofá de su casa. El miércoles cumplirá 85 en mitad de una serie de cinco sesiones (en San Sebastián mañana lunes y el viernes 3) con la Orquesta Sinfónica de Euskadi (OSE), dirigida por Robert Treviño y con el Concierto para la mano izquierda de Ravel en los atriles.

- ¿Cuándo decidió que no se retiraría a esa edad?

- Cuando llegué a los 83... Ahora cumpliré 85 y no pienso nada especial, que el próximo año serán 86. En algún momento algo fallará y me retiraré, pero mientras tanto...

Las claves

Secreto de su carrera
«La única manera de estar en forma es entrenar cada día»
Visión artística
«A medida que profundizas en una obra el afán por la velocidad desciende»
El instrumento
«Yo clasifico los pianos en amigos, enemigos y traidores»

Mientras tanto, la vida de Achúcarro es un no parar. Desde el verano ha cruzado varias veces el Atlántico para dar conciertos y atender a a sus alumnos en Dallas y ha tenido tiempo de grabar un disco con obras de Chopin (los Preludios, la Barcarola, la Fantasía-Impromptu y dos nocturnos, sello La Dolce Volta) que saldrá a mediados de 2018. Muy pronto verá la luz otro que grabó con la Nacional de España y Juanjo Mena, con las 'Noches' de Falla como obra central. Con esta orquesta dará también varios conciertos a finales de noviembre, con los dos conciertos de Ravel en el programa.

- Ravel es el protagonista de estos meses en su agenda, en torno a su cumpleaños. ¿Por qué?

- ¿Y por qué no? Hace 16 años grabé ambos conciertos con la OSE y Gilbert Varga de director. Aquello surgió de una gira por Argentina, y después de que un crítico de Buenos Aires titulara su reseña «Velada inolvidable».

- Uno de sus recuerdos infantiles es haber visto a Ravel. ¿Cómo fue?

- Vi a Ravel pero si lo sé es porque mi madre me lo contó más tarde. Tras el bombardeo de Bilbao, en la Guerra Civil, vivimos diez meses en San Juan de Luz. Allí vimos un día a Ravel bañarse en la playa. Por las fechas, faltaban pocos meses para su muerte. Siempre me ha entusiasmado Ravel. Él y Brahms tenían un escudo de sarcasmo con el que protegían su interior.

- En Madrid tocará los dos conciertos. Un reto técnico y físico.

- Ya lo he hecho en otras ocasiones. También he tocado en el mismo concierto los dos de Brahms.

Preparación

- Los aficionados vascos pueden quedarse con la impresión de que su intervención es breve, porque el concierto no llega a 20 minutos.

- Pero la de horas que he tenido que estar al teclado para poderlo tocar...

- ¿En qué se diferencia su versión actual de esta obra de la que grabó con la misma orquesta en 2001?

- Entonces estaba más preocupado por la parte virtuosa, ahora lo estoy más por la expresiva. Creo que al tocar la gran cadencia final sin apresuramiento se entiende mejor. A medida que entiendes una obra el afán de la velocidad desciende porque si tocas muy rápido hay cosas que no se perciben.

- Da la impresión de que a medida que pasan los años se está centrando más en sus orquestas y salas más queridas: tocó el año pasado con la BOS, lo hará con la ONE y en el Arriaga en las próximas semanas y ahora mismo con la OSE, con quien ya ha dado con anterioridad 58 conciertos.

- Sí, creo que estoy dedicando más tiempo a 'mis' orquestas y a la Universidad de Dallas. De los cien pianistas que han pasado por mis clases, 98 viven de tocar el piano y otro ha inventado algo relacionado con la música y es millonario...

- Antes hablaba de que llegará la despedida. ¿Han tratado de convencerlo sus hijos o Emma, su esposa, para que lo vaya dejando?

- En este momento, mis hijos están haciendo lo contrario... Y Emma a veces me lo dice, pero de inmediato se pone a cuadrar la agenda de conciertos y el 'sudoku' que siempre son los viajes por todo el mundo. Soy consciente del momento y trato de mantenerme en forma. Sé que andar en bici tiene sus peligros así que debería sustituirla por más horas de natación. Y cuando estoy esperando la hora de embarcar, paseo por el aeropuerto en vez de quedarme sentado. He reducido algo el número de conciertos anuales, ahora son medio centenar, pero en cambio dedico más tiempo a la enseñanza.

- ¿Sigue aprendiendo obras?

- Ahora mismo, las dos piezas de Arriaga que tocaré en el recital de Bilbao en enero. Sigo con el repertorio que tengo, intentando encontrar más cosas, profundizar. Aún hallo aspectos nuevos en las partituras. Veo a Beethoven dando una patada al suelo en su pelea con una obra, o a Ravel corrigiendo un compás porque quizá no se entienda, o a Brahms escribiendo algo que ni Liszt pueda tocar.

- Acaba de grabar un disco. ¿Tiene más proyectos?

- Veremos si salen más cosas.

- ¿Y conciertos? ¿Hasta cuándo tiene firmados contratos?

- Para 2018 tengo el año completo y en 2019 están previstos unos conciertos con dos orquestas diferentes en Japón... La cuestión es no parar.

Disfrutar de cada lugar

- ¿Qué le queda por hacer?

- Ahora mismo, lo más urgente es seguir estudiando el concierto de Ravel. Ya sé que lo he tocado muchas veces, pero ¿cuántos reveses ha dado Nadal antes de comenzar un partido? La única manera de mantenerse en forma es entrenar cada día.

- ¿Qué le lleva a seguir viajando de manera continua, con todas las molestias que ellos supone?

- Hacer música y apreciar lo que encuentras en cada sitio: la porrusalda y la merluza frita cuando regreso a casa, la carne colosal de Dallas y Argentina, el pescado crudo de Japón que a mí me gusta... Y cuando no hay nada eso, pues lo hago como sacrificio por los infieles chinos (ríe abiertamente).

- ¿A qué compositor le gustaría ser vinculado especialmente?

- ¿Por qué hay que quedarse con uno? En este momento, Ravel, pero también Chopin, Brahms, Mozart, Mozart, Mozart... Pintaba grandes murales con pequeños pinceles.

- ¿Y sus obras preferidas?

- La Rapsodia sobre un tema de Paganini, de Rachmaninov, fue la que lanzó mi carrera internacional. La toqué por primera vez en Siena en 1956, con Zubin Mehta de director, y con ella gané el concurso de Liverpool. Pero la que más he tocado es 'Noches en los jardines de España'. En esas obras con las que llevo décadas conviviendo a veces me sorprendo escuchando matices que corresponden al Joaquín de 40 años, o al de 65.

- Después de haber pasado al teclado tantos miles de horas, ¿el piano es un amigo o un enemigo?

- Yo los clasifico en amigos, enemigos y traidores. Aunque a veces la traición está en la sala, que tiene una acústica diferente, y no en el piano. Recuerdo una vez que estaba de gira con la Nacional de Escocia y al hacer un ensayo le dije al intendente: 'Este piano sí que suena bien, y no el de ayer'. Y me contestó: 'Si es el mismo...'.

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