Diario Vasco

Lágrimas de emoción y felicidad

La pianista y cantante canadiense Diana Krall se encargó de clausurar el Jazzaldia de este año en la plaza de la Trinidad.
La pianista y cantante canadiense Diana Krall se encargó de clausurar el Jazzaldia de este año en la plaza de la Trinidad. / Jose Mari López
  • Diana Krall triunfó en su vertiente más jazzística en una plaza de la Trinidad abarrotada

  • El trío del sueco Bobo Stenson puso el aperitivo con formas clásicas auna clausura con doble protagonismo del piano

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Diana Krall, cantante y pianista, o viceversa. La voz siempre llama más la atención y la figura de la cantante de jazz parece que tiene que ser micrófono en mano. Pero como, entre otras, Nina Simone, las dos facetas de Diana Krall son una, ya se escore hacia composiciones de corte claramente pop o como se presenta en cuarteto puramente jazzístico. Así que había que colocar anoche dos pianos en el escenario en la jornada de clausura del Jazzaldia en la plaza de la Trinidad, que estuvo abarrotada, con las sillas ocupando el máximo de centímetros cuadrados, y todas las entradas agotadas desde semanas antes.

Hasta el rincón más recóndito de la plaza estaba ocupado por un público expectante por Diana Krall, incluso algunos protestaban por las apreturas de espacio habituales en la Trini en estas ocasiones o las zonas en que había que estar de pie.

Pero también hubo disfrute con el Bobo Stenson Trío. El aspecto de los músicos era muy nórdico pero lo que ofrecieron tuvo aires latinos en la primera parte, con interpretaciones de ‘La peregrinación’ de Ariel Ramírez o la preciosa melodía de piano de Federico Mompou que Saura utilizó en ‘Cría cuervos’. También hicieron algo más ‘free’ y con detalles de humor, y tiraron hacia lo clásico. Y se ganaron el favor del público con su imaginativa sesión.

Sin fotos

Un abucheo llenó la plaza cuando se anunció que la señora Krall no permitía que se hicieran «fotos o grabaciones bajo ningún concepto y con ningún tipo de dispositivo». Una asistenta se encargaba de señalar a cualquiera que intentara sacar el móvil como si fuera a lanzarle los perros. Así que la salida a escena de Diana Krall, toda de negro y con cazadora de cuero, tuvo su punto contradictorio. Pero ella empezó alegre y con mucho swing.

Y enseguida se lanzó a los standards más emotivos. Era una gozada recuperar ese sonido de guitarra, cálido, limpio y jazzístico que brindaba un Anthony Wilson con gran parecido físico a Eric Clapton, haciendo a veces dúo con el piano. Y ella, relajada y tratando de demostrar que quería vivir las emociones del momento, acometió ‘All or Nothing At all’, ‘Let’s Fall in Love’ o ‘You Can Call It Madness’.

«No preparo una lista de canciones, toco lo que me sugiere el lugar». Y realmente alcanzó las más profundas emociones con ‘How Deep Is The Ocean’ y una conmovedora ‘A Case of You’ que terminó diciendo «esta es mi carta de amor a San Sebastián». Luego volvió al swing y se lució al piano con veloces digitaciones y un impulso jazzístico que le nace de dentro. Esta es la Diana Krall que nos emociona, la de los tiempos rítmicos o derrotados, pero en la senda del jazz.

Quizás se echó de menos algún acercamiento al rhythm & blues, pero ella siguió dándole al swing con ‘I’ve Got You Under My Skin’. Tras una primera retirada, el cuarteto volvió a escena, en plan más intimista con ‘Boulevard of Broken Dreams’ y Anthony Wilson con guitarra acústica, que utilizó también para una pieza en solitario. Diana, que le escuchaba atentamente, acabó llorando. «Son lágrimas de emoción pero también de felicidad», aclaró mientras se secaba las lágrimas primero con un kleenex y luego con la toalla. Y así de suelta, y ya risueña, bromeó con los músicos, que brindaron espléndidos solos en ‘Cheek To Cheek’. Tras más de hora y media de concierto, Diana Krall volvió a triunfar en el Jazzaldia y tuvo su gran ovación.