El extravío sensorial de dos jóvenes frailes de Arantzazu en la cueva

Iñaki Zubeldia, junto a la réplica del león, en Arrikrutz. / MORQUECHO
Iñaki Zubeldia, junto a la réplica del león, en Arrikrutz. / MORQUECHO

Zubeldia y Maroto eran entonces dos seminaristas aficionados a la espeleología. Tras toparse con el esqueleto se perdieron en la cavidad

F. I. SAN SEBASTIÁN.

La historia del hallazgo del león de Arrikrutz merece capítulo aparte. El esqueleto fue encontrado en una tarde de domingo de otoño de 1966 por dos jóvenes frailes -tenían entonces 21 años - del santuario de Arantzazu: Iñaki Zubeldia, de Ikaztegieta, y el vallisoletano Jesús Manuel Maroto. Eran muy aficionados a la espeleología y aquel domingo tenían, como de costumbre, tres horas libres. Pero pidieron al tutor -el famoso orador Eugenio Agirretxe- permiso de seis horas, y se les concedió. La condición era que estuvieran para las ocho de la tarde, para cantar en el coro.

Los dos jóvenes se dirigieron a Arrikrutz con los pertrechos habituales: buzo, zapatillas baratas y una especie de antorchas a base de papel de periódico y cera de velas. No contaban con cuerdas. «Encontramos el león a las dos horas de entrar en la cueva. Pero para las seis de la tarde ya éramos conscientes de que nos habíamos perdido. A las diez de la noche ya estábamos muy apurados, y a las once comenzaron las alucinaciones: oíamos ruido de camiones, el balido de las ovejas... Los frailes mandaron tres expediciones en nuestra búsqueda, con los santos óleos por si hacían falta. Nos encontraron a las 5.30 de la madrugada», narraría más tarde Zubeldia, quien dejó la orden franciscana en 1968 y luego destacaría como escritor de cuentos para niños. De hecho, escribió una narración basada en la aventura de 1966 y ha ofrecido charlas en las escuelas.

Los dos jóvenes espeleólogos fueron encontrados en buena medida gracias al fraile Jesús Nazabal, experto montañero, quien prometió no salir de Arrikrutz hasta encontrarlos. Portaba un cuerno de vaca, y cuando lo hizo sonar los jóvenes perdidos pensaron que se trataba de otra alucinación, pero era de verdad. Nazabal reside en la República Dominicana, pero cuando viene al País Vasco suele reunirse con Zubeldia.

Tras recibir la reprimenda de los superiores del convento franciscano, Zubeldia y Maroto se dirigieron a la biblioteca. Y allí, mediante las láminas de un libro para especialistas, confirmaron sus sospechas: el esqueleto que habían visto en la cueva no era de oso de las cavernas, sino de otra especie. Los restos de oso cavernario son abundantes en las cavidades vascas, no así los de león.

Zubeldia no cejó. El susto pasado no impidió que siguiera con las salidas a cuevas y uno de esos días extrajo un molar del esqueleto de Arrikrutz y se lo llevó a Jesús Altuna, que era entonces la gran autoridad en paleontología. Este experto certificó que pertenecía a un león.

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