Diario Vasco

Los arquitectos de Tabakalera defienden el controvertido aspecto del nuevo prisma

fotogalería

Vista del prisma de cristal. / MIKEL FRAILE

  • Los técnicos afirman que la malla metálica objeto de las críticas supondrá un importante ahorro energético.

  • Aunque en un principio estaba previsto que el aspecto de este nuevo elemento fuera de cristal, el 'deployé' lo protegerá de los rayos solares

Elemento distintivo del proyecto de rehabilitación de Tabakalera que ganó el concurso público y llamado a convertirse en emblema identificativo del nuevo centro internacional de cultura contemporánea, el prisma que corona la antigua fábrica de tabacos se ha transformado en motivo de polémica. Han sido numerosos los ciudadanos que en las últimas semanas se han dirigido a este periódico para mostrar su disconformidad con esta intervención arquitectónica. Las críticas se han centrado tanto en las dimensiones y la escala del levante como -sobre todo- en su aspecto exterior. Los responsables aseguran que las medidas del levante son las previstas y que la malla metálica es necesaria para proteger el interior de los rayos solares.

«Algo que, según el proyecto, era un atractivo prisma acristalado, luminoso y futurista sobre la fachada de piedra, lo han cubierto en su mayor parte con una especie de malla sólida e impactante, de estética horrorosa, sin incorporar ninguna modernidad, lo que rompe con la belleza del edificio de piedra de principios del siglo pasado», señalaba Onintze Sánchez en una carta publicada el pasado día 21 en la sección Sirimiri de este periódico. El escrito de la lectora se hace eco de otros del mismo tenor, cuyos autores lamentan el aspecto exterior del prisma y, en especial, su posterior revestimiento metálico.

Respecto a la cuestión de las dimensiones del prisma, tanto los responsables del proyecto, Jon y Naiara Montero, como la arquitecta de Tabakalera, Amaia Elbusto, confirman que la estructura responde a las medidas previstas en el proyecto. «Hay un archivo de imágenes virtuales que se presentaron al concurso de arquitectura reflejaban una volumetría similar a la que hay ahora», explica Elbusto. Con una superficie de 23 por 58 metros sobre los 112 por 76 que tiene en total la cubierta de Tabakalera, el prisma alcanza una altura de 9,5 metros en el centro y de trece metros en sus extremos.

En cuanto a la malla metálica que recubre el prisma de cristal, el objetivo es «controlar el asoleamiento», explica la arquitecta de Tabakalera. Tanto Elbusto como Jon Montero coinciden en señalar que esta película de metal 'deployé' permitirá un ahorro energético importante ya que de lo contrario el calentamiento que experimentaría este espacio expuesto directamente a los rayos de sol redoblaría el gasto destinado a mantener la temperatura idónea en el interior. En cualquier caso, no se trata de ningún sistema innovador ya que el propio edificio de Onkologikoa está también recubierto de una instalación similar, al igual que el New Museum de Nueva York.

Además, los arquitectos destacan que las vistas desde el interior de este levante, que acogerá un restaurante y una terraza al aire libre, no se verán afectadas por la malla metálica. Por el contrario, sí altera su aspecto exterior, pero en este punto, Montero considera que «al ponerle al prisma el vestido de 'deployé' se consigue reducir la presencia del vidrio tan agresivo, con una tonalidad suave que permite adecuarse al color del edificio, a la vez que proporciona la protección solar». El color elegido ha sido un tono dorado suave por decisión de la «dirección de la obra», según aclara Elbusto, ya que los pliegos del concurso no especificaban nada en lo que respecta a colores.

«Había libertad total para elegir», señala la arquitecta del centro, que rehúsa opinar sobre la elección final ya que «no me corresponde». Jon Montero defiende la elección ya que considera que la malla gris añade «un elemento cromático muy interesante» en contraste con el resto del edificio, construido en piedra.

«Responde a lo previsto»

Montero defiende su proyecto 'Tres en raya' y asegura que el prisma «ha quedado tal y como estaba en el proyecto que ganó el concurso y como consta en la licencia de obra», aunque reconoce que originalmente «debería haberse convertido en una entrada de luz hasta los pisos inferiores», cosa que finalmente no sucederá porque «se ha ido cerrando». Montero sostiene que el resultado «responde a lo previsto». Los dos arquitectos también creen que la creación de un cuerpo nuevo en lo alto en la antigua fábrica de tabacos ha podido causar un cierto impacto en la ciudadanía, que se difuminará con el tiempo y una vez que el restaurante entre en funcionamiento».

A juicio de Montero, «es evidente que aparece un volumen nuevo que antes no estaba», pero que «armoniza con lo previsto en el concurso. Otra cosa es debatir sobre si tenía que haber un prisma o no», pero ése es un terreno en el que el arquitecto, como autor del proyecto, entiende que no le corresponde entrar.

Aunque en un principio también se contempló la posibilidad de que el prisma se iluminara por las noches e incluso se barajó la idea de cambiara de colores -al estilo del Kursaal-, la primera idea se desechó por motivos económicos y la segunda, por cuestiones estéticas, lo que, en opinión del arquitecto del proyecto de rehabilitación, constituye un acierto. «El prisma forma parte de un conjunto y quizás podría destacar excesivamente». Montero considera que la apuesta por este nuevo elemento arquitectónico «podría haber acabado mal, pero la resolución ha resultado bastante equilibrada». La arquitecta del centro sostiene que el prisma «cumple el objetivo de dar visibilidad a un edificio que siempre ha estado oculto desde el resto de la ciudad».

En todo caso, los dos arquitectos coinciden en manifestar su respeto por todas las opiniones y, en palabras de Amaya Elbusto, consideran que «afortundamente, la gente está al tanto de la obra, habla de lo que se está construyendo y eso está muy bien». La referencia del Kursaal, que en un principio también generó rechazo en algunos sectores de la ciudadanía, también está presente en algunos lectores, que piden esperar a que la obra esté finalizada y el prisma en funcionamiento antes de emitir un juicio.

El proyecto 'Tres en raya', firmado por los arquitectos Jon y Naiara Montero, se proclamó ganador del concurso público convocado por el Centro Internacional de Cultura Contemporánea en 2088 y al que se presentaron otros sesenta proyectos para la remodelación de la antigua fábrica de tabacos. Así lo decidió un jurado presidido por el entonces alcalde de Donostia, Odón Elorza, en calidad de presidente de turno del CICC, y del que también formaron parte, entre otros, la entonces consejera de Cultura y actual concejala, Miren Azkarate; el viceconsejero de Cultura, Joxean Muñoz -entonces director del centro-, y la diputada foral de Cultura, María Jesús Aranburu. En aquel momento, la fecha prevista para inauguración del centro era 2013.