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RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 21 septiembre 2014

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La Fiscalía de Gipuzkoa le responsabiliza de la comisión de cinco delitos. Según la querella, Camio causó «graves daños» a los promotores del museo
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Mariano Camio quiso «enriquecer» a Argilagos a causa de la «relación sentimental» que les unía
Camio y su letrado en el Parlamento Vasco antes de su comparecencia, en octubre. / I. ONANDIA
El ex alcalde de Getaria, Mariano Camio (PNV), realizó una gestión «gravemente dañosa» para la sociedad y la fundación encargadas del proyecto del museo Balenciaga de esta localidad costera con el fin «enriquecer» al arquitecto cubano Julián Argilagos, con quien «mantenía una intensa relación sentimental».
Así lo explica la querella criminal presentada por la Fiscalía de Gipuzkoa ante el Juzgado de Instrucción número 1 de Azpeitia -que ha levantado ahora el secreto de sumario-, tras investigar durante un año una denuncia de la Fundación Balenciaga y la sociedad Berroeta Aldamar contra Camio por las presuntas irregularidades cometidas por el ex alcalde de Getaria (PNV) al frente de ambas entidades.
En este documento, el fiscal imputa además a Julián Argilagos, autor del proyecto del museo dedicado al modisto Cristóbal Balenciaga en su localidad natal, así como a Rolando Paciel, quien habría cobrado 114.274 euros por dirigir las obras del museo cuando Argilagos fijó su residencia en Miami a espaldas de las sociedades gestoras del museo.
Imputado por cinco delitos
El Ministerio Público responsabiliza a Camio de un delito continuado de administración desleal, otro de apropiación indebida y un tercero de falsedad en documento mercantil, además de un delito societario y de otro de malversación de caudales públicos.
A Argilagos, quien no tenía convalidado su título de arquitecto en España, le imputa administración desleal e intrusismo profesional, delito del que también acusa a Paciel.
El escrito del fiscal explica que la actuación de Camio, quien aunó en su persona los cargos de vicepresidente de la Fundación Balenciaga y gerente de la sociedad Berroeta Aldamar con «las más amplias facultades de gestión, administración y disposición en ambas entidades», tuvo «como fin primordial el enriquecimiento y favorecimiento» de Argilagos, con quien además «compartía la gestión del Hotel Grand Central de Biarritz». El texto precisa que Camio llegó a empadronar en su propia vivienda de Getaria a Argilagos, a la ex esposa de éste y al hijo de ambos, y desvela que la designación del arquitecto «como conservador y custodio de todas las prendas» destinadas al museo y como comisario de la exposición que en aquel entonces se exhibía en Getaria, «fue empeño personal y exclusivo» suyo.
«Mariano Camio -añade el documento del fiscal- favoreció en todo momento las aspiraciones profesionales de Julián Argilagos y de algunos de sus familiares» destinándoles, «de manera injustificada, elevadas cantidades económicas pertenecientes a la Fundación Cristobal Balenciaga y a Berroeta Aldamar». Asimismo habría asignado a Argilagos labores «generosamente retribuidas», pese a que éste «carecía de las cualidades profesionales legalmente exigibles para desempeñarlas», ocultando «en todo momento» a la fundación y a la sociedad encargadas del Museo Balenciaga su «vínculo sentimental».
«En determinados supuestos -añade-, Argilagos aparecía beneficiado directamente por las operaciones llevadas a cabo por Camio, pero en otros casos las acciones para favorecerle se efectuaban a través de sus empresas Hemen Art y Hemen Fashion». El escrito recuerda que el 2 de febrero de 2000 la Fundación Balenciaga acordó que el museo fuese construido sobre la base del proyecto de Argilagos, con la condición de que fuera técnicamente viable y que no superase un coste de 800 millones de pesetas (4.808.096 euros), si bien dispuso que el arquitecto cubano «debía quedar fuera del proyecto». A pesar de ello, Camio continuó favoreciendo a Argilagos «a expensas del patrimonio de la Fundación Balenciaga con «diversas labores» relacionadas con el proyecto de construcción, como la parte relativa al «interiorismo» y la ejecución, «sin haber promovido ningún concurso público».
Contratos falsificados
El escrito revela que para «eludir la prohibición» contra Argilagos, «Camio no dudó en falsificar diversos contratos» en 2005, en favor de las empresas del arquitecto cubano, y en ocultar la existencia de estos documentos a los rectores de ambas sociedades gestoras del proyecto. Uno de estos contratos establecía un Presupuesto de Ejecución Material (PEM) de 6.611.133 euros para el museo, superando la cantidad establecida, y que la empresa Hemen Art de Argilagos cobrara 510.860 euros más el IVA.
El acuerdo recogía además una cláusula, según la cual la retribución de Argilagos sería proporcional al coste final del proyecto, lo que llevó a que cuando, tras los diferentes incrementos económicos sufridos, la cifra final del PEM llegó a los 15 millones de euros, la cantidad a percibir por el arquitecto cubano había ascendido proporcionalmente hasta 1.126.830 euros. A esta cifra hay que añadir las cantidades que percibió por la remodelación del Palacio Aldamar, lo que eleva la cifra percibida por Argilagos hasta los 1,7 millones de euros. El documento aclara que, además, Camio contrató otro proyecto de ejecución a la sociedad Eptisa-Cinsa por 215.731 euros que no cumplía «los requerimientos necesarios», por lo que fue necesario pagar un tercer proyecto a otra empresa por 223.200 euros.
Además, como Argilagos residía en Miami a espaldas de los rectores del proyecto, éste y Camio contrataron a Rolando Paciel para la dirección «in situ» de la obra, a pesar de que tampoco estaba inscrito en el Registro de Arquitectos de España, con lo que Mariano Camio «cuadruplicó» las retribuciones a pagar por los promotores del museo. La querella señala que Camio abonó elevadas cantidades de dinero a distintos participantes en la construcción del museo, «a espaldas» de la Fundación Balenciaga y de Berroeta Aldamar. EFE
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