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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Sociedad

agricultura
Gipuzkoa abrirá un banco de semillas para conservar especies vegetales amenazadas

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Gipuzkoa abrirá un banco de semillas para conservar especies vegetales amenazadas
Una mujer analiza una espiga de trigo en un laboratorio de un banco de semillas. [RAMÓN GÓMEZ]
San Sebastián. DV. La versión guipuzcoana del semillero mundial inaugurado en Noruega se instalará en la finca Fraisoro, perteneciente a la Diputación. El primer banco de semillas del territorio almacenará simientes de especies de flora raras o amenazadas y, aunque no alcanzará las estratosféricas dimensiones de su homólogo nórdico, trabajará a pequeña escala para preservar la biodiversidad de los cultivos autóctonos. El laboratorio, que ultima su instalación en la finca de Villabona, contará también con los equipos necesarios para cultivar in vitro las semillas, así como con una unidad de biología molecular, donde se analizará la información genética que atesoran las simientes.
El proyecto, en el que colabora La Caixa y la Sociedad de Ciencias Aranzadi, cobra ahora especial relevancia tras las presentación en sociedad de la bóveda global de semillas de Svalbard, nombre oficial del primer banco mundial con capacidad para 4,5 millones de muestras vegetales de todo el mundo. El banco de germoplasma guipuzcoano, que se pondrá en marcha en los próximos meses, se integrará en el laboratorio Fraisoro y trabajará en coordinación con la experiencia de cultivo ex situ (fuera de su hábitat) que se desempeña con varias especies vegetales en el Jardín Botánico de Iturraran, en el parque natural de Pagoeta, según se recoge en el pliego de prescripciones técnicas del convenio de colaboración entre la Diputación y La Caixa.
Será una experiencia única en Gipuzkoa. Hasta el momento, los pocos pasos que se han dado en el País Vasco para la conservación de semillas han sido más bien tímidos y se han limitado a la buena disposición de técnicos y voluntarios, como los de la red de semillas, una asociación sin ánimo de lucro con delegaciones en toda España que promueve la biodiversidad de los cultivos y la continuidad de las especies locales. En España, el primer banco de semillas ya ha cumplido cuarenta años. Fue la facultad de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid la primera en anticiparse cuando sólo había en el mundo otros tres bancos. En la actualidad, hay 1.300 almacenes contabilizados que albergan unos seis millones de muestras vegetales.
En Euskadi, el Instituto Vasco de Investigación y Desarrollo Agrari, perteneciente al Gobierno Vasco, también ha hecho sus pinitos con la puesta en marcha hace unos años de un banco de semillas exclusivamente de maíz. Ahora colabora activamente con la Red de Semillas de Euskadi. Pero será Gipuzkoa quien tome la iniciativa para dar el impulso público a la protección de las especies vegetales en el territorio. Jaime Ortiz de Urbina, voluntario de la Red de Semillas, se felicita de la noticia, aunque lamenta que el apoyo institucional haya «tardado tanto tiempo». «Sí que echamos en falta que se desarrollen estrategias políticas serias a largo plazo para la recuperación de variedades de la flora», asegura.
Desde la Red de Semillas ponen cifras a la amenaza de la actividad humana que «ha homogeneizado» los cultivos, hasta llegar a una especie de campo «globalizado» en el que las especies autóctonas pierden peso. «El hombre aprovecha tan sólo una mínima parte de la riqueza genética del planeta», aseguran.
Trigo, arroz y maíz
El catálogo de plantas de interés alimentario supera las 20.000, según los datos de la asociación. Sin embargo, tan solo 200 pueden considerarse como cultivos importantes, de las cuales la mitad se comercializa a escala internacional. La entidad va más allá: sólo veinte cultivos representan el 80% de la alimentación mundial, diez de ellos alcanzan el 66%. Trigo, arroz y maíz acaparan por sí solos el 41,5% de la producción mundial.
La uniformidad de los cultivos no es cosa nueva. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha advertido de que desde el año 1900 ha desaparecido el cultivo del 75% de las diferentes especies vegetales. A partir de la década de los años cuarenta, cuenta Helen Groome, otra voluntaria de la asociación, se agravó la situación, ya que se introdujeron nuevas especies de laboratorio, que modificaron genéticamente las características de las plantas originales. Nacieron por ejemplo las semillas híbridas, cuya reutilización resulta complicada ya que pierden sus características en posteriores plantaciones, apunta un horticultor.
Así que para cuando las instituciones se pusieron manos a la obra en aras a la conservación del medio ambiente, cientos de especies ya habían desaparecido del mapa. Según un estudio elaborado por la Red de Semillas en Euskadi, la mayor parte de las variedades autóctonas se encuentran en peligro de desaparición a medio plazo si no se toman medidas.
La investigación, cuyos datos están siendo ahora actualizados, recogió información en 239 caseríos en 85 municipios vascos. En total, se registraron 96 tipos de semillas diferentes, resultado de años de cultivo a través de productores que las han guardado año tras año. Las especies hortícolas que gozan de mejor salud son el tomate, el maíz, la judía verde o el pimiento, frente a la zanahoria o la espinaca, cuyas simientes son más difíciles de obtener. La Red de Semillas cita un caso especialmente curioso, el de la chirivia o Pastinaca sativa, la única variedad de esta raíz que se emplea como hortaliza.
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