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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Cultura

florencio mocoroa
El arquitecto de lo cotidiano
Un libro analiza la obra de Florencio Mocoroa, el creador racionalista que construyó algunos de los edificios más característicos de Gros y la fábrica Olaran de Beasain
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El arquitecto de lo cotidiano
Esta torre de Manufacturas Olaran es ejemplo del expresionismo industrial utilizado por Mocoroa.
SAN SEBASTIÁN. DV. Fue un moderno, uno de los padres del racionalismo arquitectónicos en Gipuzkoa. Apartado de los grandes debates teóricos, Florencio Mocoroa Gastesi (nacido en Tolosa en 1903 y fallecido en San Sebastián) construyó edificios «reales»: casas donde vivir y fábricas para trabajar. Su obra perdura en el paisaje y ha ido ganando prestigio con el tiempo: la fisonomía más característica del barrio donostiarra de Gros se debe a su mano (desde la famosa «casa de los solteros» del paseo de la Zurriola hasta el inmueble donde se encuentra la gasolinera en la misma calle) y algunas de las joyas del patrimonio industrial guipuzcoano fueron también diseñadas por Mocoroa, como la fábrica Manufacturas Olaran de Beasain.

Un libro recupera ahora la vida y obra de este particular racionalista. El joven arquitecto bilbaíno Iñigo García Odiaga, de 30 años, residente en San Sebastián desde hace más de una década, comenzó a interesarse por la obra de Mocoroa a la hora de realizar su tesina de doctorado y ese estudio, ampliado, se convierte ahora en el libro Florencio Mocoroa Gastesi, que se presenta el viernes y abre una colección de monografías sobre arquitectos guipuzcoanos que edita la sección territorial del Colegio de Arquitectos Vasco-Navarro.

El valor de lo real

«Mocoroa es uno de esos arquitectos que hasta hace poco no aparecían en las grandes guías de los nombres consagrados y sin embargo el tiempo le ha ido haciendo justicia: es un arquitecto que no participó en grandes debates teóricos pero construyó edificios reales, donde vivir, respondiendo a necesidades también reales», explica Iñigo García, autor del libro. «Son estos arquitectos los que van definiendo el verdadero paisaje urbano, y la muestra en el caso de Mocoroa la tenemos en Gros: sus obras en ese barrio donostiarra, que son muchas y muy definidas, marcan el carácter de todo el área».

Pero Mocoroa no sólo trabajó en Gros. Este arquitecto que desarrolló su trabajo entre las décadas de los 30 y los 60 del siglo XX realizó casas en numerosas puntos de la geografía guipuzcoana. Tras finalizar sus estudios en 1929 es a partir de 1930 cuando Florencio Mocoroa proyecta sus edificios con mayor repercusión urbana, la mayoría en San Sebastián. Uno de sus primeros trabajos es la casa de la esquina en la plaza Biteri 2, frente a la iglesia de San Ignacio. Le siguen dos de sus realizaciones más importantes: la esquina del paseo de Colón con Gran Vía y la Zurriola (en cuyos bajos se encuentro la gasolinera), y la llamada «casa de los solteros», en la plaza de Lapurdi esquina con la Zurriola, proyectada en 1936, y así llamada por ser uno de los primeros edificios de apartamentos pequeños que hubo en Donostia. Su ornamentación va en línea con el Art Deco.

Hay más edificios en Gros y Eguía, varios pabellones en la zona de Mundaiz, en Hernani, trabajos curiosos como los célebres rótulos del desaparecido Frontón Urumea...

Opina el arquitecto Luis Sesé que «también en la arquitectura industrial Mocoroa se incorpora rápidamente a la modernidad, incluso más cómodamente porque sus edificios industriales son más expresivos que las viviendas». Destaca en ese campo el edificio de Manufacturas Olaran en Beasain, que realizó en 1939, al mismo tiempo que su compañero en otros trabajos, el arquitectos Luis Astiazaran, llevaba a cabo otras obras importantes como la Unión Cerrajera en Eibar, la Sapa de Andoain y Sacem en Villabona.

Algunos autores atribuyen también a Mocora la autoría de la característica gasolinera de la N-1 en Olaberria, pero esa obra no ha sido incluida en este libro porque no está totalmente documentada, según sus autores.

Sencillo y equilibrado

Para el autor del libro, Iñigo García Odiaga, si hubiera que destacar dos obras esenciales que resumieran el estilo «sencillo, práctico y equilibrado» de Mocoroa serían la llamada «casa de los solteros», en la esquina del paseo de la Zurriola, y la fábrica Olaran de Beasain, uno de los mejores ejemplos de arquitectura industrial de Gipuzkoa.

En el prólogo del libro Antón Pagola, ex presidente del Colegio de Arquitectos en Gipuzkoa y promotor de la edición de este volumen, apunta que «Florencio Mocoroa representa con rotundidad a aquellos arquitectos que rellenan transversalmente las líneas de la historia de la arquitectura, una arquitectura real que, de manera cotidiana y sin renunciar al rigor y la ambición, va jalonando nuestras ciudades y paisajes eficaz y consecuentemente». En opinión de Pagola «se trata de una arquitectura que alberga las ambiciones del Movimiento Moderno, que está impregnada de realismo y en la que no faltan momentos heroicos».

Tal como dice Luis Sesé en otro apartado del libro, la sensación de equilibrio y el espíritu práctico del «racionalismo real de la calle» son los elementos que unifican la obra de Mocoroa. Un hombre que permaneció al margen del star-system de los arquitectos pero cuya huella es visible en buena parte del tejdo urbano donostiarra, muestra de arquitectura «real» y vivida.
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