Pablo Iglesias y 999 más

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, durante un mítin de la campaña de las Elecciones Andaluzas./Efe
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, durante un mítin de la campaña de las Elecciones Andaluzas. / Efe

El líder de Podemos afronta las primarias para ser candidato a la Moncloa como un mero trámite hasta su nominación

Ander Azpiroz
ANDER AZPIROZMadrid

Podemos ha puesto en marcha la maquinaria interna para la celebración de sus primarias. Éstas incluyen las de las elecciones europeas -que ya tienen a Pablo Bustinduy como cabeza de cartel-, las de las municipales -en las que aún falta por solucionar entuertos como la negociación con Manuela Carmena para confeccionar las listas en Madrid- y las de las autonómicas -donde 'pablistas', 'errejonistas' y anticapitalistas se disputan las candidaturas por norma general-.

En la cúspide de la pirámide está el proceso para designar al próximo aspirante a «asaltar los cielos», que no son otros que los de la Moncloa. Las elecciones aún no están convocadas y Pedro Sánchez se resiste a hacerlo (o al menos a desvelar sus planes), pero Podemos decidió hace una semana adelantar las primarias para que la decisión del presidente no coja a nadie desprevenido. La incertidumbre es nula en lo que respecta a la persona que coronarán las bases. SeráPablo Iglesias, sí o sí.

Puede que el secretario general haya perdido el cariño de una parte de sus bases a cuenta de la guerra interna contra Íñigo Errejón o la polémica en torno a su chalet de 600.000 euros en la sierra madrileña, pero hoy por hoy no ha surgido otra figura del partido que pueda hacerle sombra. Ni el ex número dos del partido, candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, ni la anticapitalista Teresa Rodríguez, que este domingo se la juega en las autonómicas andaluzas.

El proceso

Podemos hizo público este miércoles el reglamento del proceso para elegir a sus candidatos a la Presidencia del Gobierno, al Congreso y al Senado. Quien quiera medirse a Iglesias en la primera de las batallas tendrá que inscribirse antes del próximo lunes. Después, entre el 5 y el 10 de diciembre, deberá cumplir los requisitos para formalizar la candidatura. Y éstos son dobles.

Por un lado, se deberán recoger mil avales de inscritos, proceso que se podrá realizar de forma telemática desde el mismo ordenador de casa. Nada complicado en una fuerza política donde, a diferencia de PSOE, PP, o Ciudadanos, no se paga por militar, lo que ha disparado el número de inscritos a más de medio millón de personas. Muchas de éstas, eso sí, hace años que no dan 'señales de vida' en el día a día del partido.

La segunda condición resulta más llamativa. El rival de Iglesias deberá acreditar el apoyo de diez «círculos activos» o bien el de uno de los órganos de la dirección nacional de Podemos, algo que podría hacer hasta el del propio secretario general. Esto significa que, sin los «círculos activos» requeridos, el aspirante debería obtener los avales y, además, el beneplácito del propio Iglesias para plantarle cara. Por contra, al líder de Podemos le basta con apoyarse a sí mismo y convencer a otros 999 militantes más para cumplir lo establecido en el reglamento. No parece, en cualquier caso, que la dirección nacional o el secretario general tengan intención de aparcar rivales. No les hace falta.

El Congreso

La confección de las listas para el Congreso sí se presenta más peliaguda para el oficialismo. De hecho, Errejón aún cuenta con un buen número de afines en la bancada de Unidos Podemos. Incluso la defenestrada Carolina Bescansa podría optar a un puesto destacado para revalidar su escaño, si bien la cofundadora de Podemos anunció su intención de dar un paso al lado tras su fallido asalto a la dirección de la formación morada en Galicia.

Iglesias corre el riesgo de que los críticos se presenten a las primarias. Y de que le ganen, porque lejos del tú a tú su carisma personal pierde fuerza entre los militantes. Aun así, si todo discurre como en los últimos cuatro años, Iglesias será el candidato a la Presidencia el y se habrá asegurado la compañía de sus más fieles en su nueva aventura electoral.

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