La Moncloa recrudece las hostilidades entre Sánchez e Iglesias

El presidente del gobierno Pedro Sánchez y el líder de Podemos Pablo Iglesias, durante la nueva ronda de consultas para la investidura que el jefe del Ejecutivo. /Efe
El presidente del gobierno Pedro Sánchez y el líder de Podemos Pablo Iglesias, durante la nueva ronda de consultas para la investidura que el jefe del Ejecutivo. / Efe

Las relaciones entre ambos líderes se han enfriado y se han estrechado al ritmo que marcaban las circunstancias políticas

Ander Azpiroz
ANDER AZPIROZMadrid

En los últimos cinco años, la relación entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se asemeja a una ducha escocesa: frío, caliente, frío, caliente. Ha dado para todo, desde un manifiesto recelo inicial que llevó a la enemistad, para, tras la moción de censura a Mariano Rajoy, pasar a una aparente reconciliación que, en cuestión de semanas, ha dado lugar a la mayor de las desconfianzas.

Las hasta ahora cinco reuniones fallidas de ambos líderes aventuran que su convivencia en un mismo gobierno podría ser bicefálica, por mucho que el secretario general de Podemos se haya esmerado en garantizar «lealtad y disciplina» al jefe del Ejecutivo.

El anuncio sorpresa de una consulta a la militancia de Podemos para decidir el voto en la investidura ha sido el último de los sopapos que se han intercambiado Sánchez e Iglesias en los dos últimos meses. La votación de los inscritos de la formación morada ya estaba prevista porque es preceptiva, según marcan los estatutos del partido. Pero en las filas socialistas ha escocido que se convocara justo el día después de que su secretario general pusiera a cero los contadores de las negociaciones y ofreciera ministerios a miembros de Podemos de perfil técnico. Iglesias se guardaba este conejo en la chistera y lo ha sacado en el que ha creído el mejor momento para presionar a un PSOE que, interpretan en el partido morado, comienza a dar señales de debilidad.

Se da por hecho que la militancia podemista, una vez más, apoyará las exigencias de su secretario general, que pasan exclusivamente por un Ejecutivo bipartito con él como ministro. Por lo tanto, Sánchez se verá contra las cuerdas: o gobierno de coalición o investidura en septiembre o nuevas elecciones.

Una montaña rusa

La consulta a las bases de Podemos supone el enésimo giro en la relación entre los líderes del PSOE y Podemos. Su primer contacto personal se produjo en junio de 2015. Ocurrió en el reservado de un hotel y sin publicidad mediante. Era la hora de la cena, así que uno pidió pescado y el otro, tortilla. La máxima aproximación fue compartir una ensalada, aunque, según se afirmó de puertas afuera, existió sintonía. Lo que se vendió como un buen inicio, con regalos de Iglesias a Sánchez de libros de baloncesto incluidos, pronto se tornó en una guerra sin cuartel por la hegemonía de la izquierda.

Las relaciones tocaron fondo tras la investidura fallida de Sánchez en marzo de 2016. Fueron tiempos en los que, en privado, Iglesias criticaba que el socialista hubiera dado clases en la universidad privada -y no como él en la pública- o se preguntaba cómo podía haber vencido Sánchez en las primarias del PSOE a Eduardo Madina.

El líder de Podemos, en contra del criterio de Íñigo Errejón, tumbó el acuerdo entre PSOE y Ciudadanos, y provocó una repetición electoral confiado en que la alianza con IU le permitiría superar a los socialistas. En campaña llegó incluso a erigirse en adalid de la socialdemocracia ante un Sánchez a la baja, lo que provocó que hasta Susana Díaz saliera en defensa del candidato de su partido.

El escenario soñado colocaría a los socialistas en la disyuntiva de apoyar la investidura de Iglesias o permitir un nuevo Gobierno de Mariano Rajoy. Para Podemos era una estrategia ganadora, sí o sí. O su líder asaltaba los cielos, o se erigía en jefe de la oposición a costa de un PSOE desacreditado ante el electorado de izquierda. El ejemplo a seguir era Grecia, donde el histórico Pasok quedó relegado a la irrelevancia ante el empuje de la izquierda radical de Syriza, comandada por el ahora ex primer ministro Alexis Tsipras.

Las urnas estamparon a la formación morada contra la realidad. No solo no consiguió el 'sorpasso', sino que además el PP ganó holgadamente las elecciones. Para colmo, la defenestración de Sánchez como secretario general del PSOE se acabó por volver en su contra.

La victoria del caído sobre Susana Díaz con un marcado discurso de izquierda, unido a las sucesivas crisis internas en Podemos, abrió otra etapa entre el secretario general socialista y su homólogo podemista que, no obstante, ha necesitado mucho tiempo para cicatrizar parte de las heridas abiertas en 2016.

El éxito de la moción de censura y la llegada del socialista a la Moncloa sirvieron de bálsamo. Sánchez e Iglesias, limitados por su exigua alianza parlamentaria, pactaron lo que ambos definen como los presupuestos más sociales de la historia. Tanto PSOE como Podemos destacan desde entonces su capacidad de colaborar. Pero todo se puede venir abajo, y lleva camino, con la pugna entre gobierno de coalición o de cooperación.

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