Marchena abronca a las defensas: «El sentimiento piadoso o no de la Policía no tiene trascendencia jurídica»

Captura de la señal institucional del Tribunal Supremo del presidente del tribunal que enjuicia la causa del «procés», Manuel Marchena (2i). /Efe
Captura de la señal institucional del Tribunal Supremo del presidente del tribunal que enjuicia la causa del «procés», Manuel Marchena (2i). / Efe

El desfile en el Supremo de la última veintena de policías heridos el 1-O desata el enfrentamiento de Marchena con la defensa más beligerante

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

Se veía venir desde hace días. Había habido avisos pero este miércoles la cosa pasó a mayores. El presidente Manuel Marchena, en la que probablemente sea la intervención más dura desde que el juicio del procés comenzó hace ya casi dos meses y medio, abroncó sin contemplaciones –y esta vez sin su habitual sonrisa- al equipo jurídico de Jordi Cuixart por sus insistentes intentos de emboscar a los testigos que son incómodos para sus tesis. Los tres abogados del líder de Ómniun Cultural (Marina Roig, Benet Salellas y Alex Solá) llevaban días volcados en tratar de desacreditar la versión de las decenas de policías y guardias civiles citados por la Fiscalía para abonar la tesis de la violencia a fin de amarrar la acusación de rebelión. Y hoy Marchena puso pies en pared.

La descomunal bronca tuvo como objetivo a Salellas, aunque en los días anteriores Marchena ya había venido cortando sin contemplaciones las preguntas con segundas de Solá o Roig. Este miércoles desfilaron ante el Supremo la última veintena de agentes del Cuerpo Nacional de Policía heridos durante el 1-O, en concreto en actuaciones en colegios de Lérida. La sesión ya se había calentado con los primeros cinco testigos, a los que Benet Salellas había insistido en sus preguntas sobre las lesiones provocadas a los ciudadanos en los centros de votación.

Y llegó el sexto policía, un antidisturbios que reconoció que había sido juzgado –y absuelto en primera instancia- precisamente por su actuación en un colegio de Lleida. «Una menor, de doce o catorce años, se me acercó al casco y me dijo que cuando volviera a casa contara lo hijo de puta que había sido», relató el policía antes de dar detalles sobre las heridas que sufrió el 1-O.

Cuando llegó el turno de la defensa de Cuixart, el abogado se preparó a fondo, sabedor de que el agente había estado en la intervención del centro de atención primaria Cappont de Lleida, uno de los puntos en el que hubo mayores incidentes. El funcionario reconoció que, durante el repliegue del colegio (momento en el que todos los agentes relataron que el «hostigamiento» fue mayor) vio como un ciudadano era atendido por las lesiones que acababa de sufrir.

«¿Se interesó usted o sus compañeros por el estado de esa persona?», inquirió Salellas al testigo. La pregunta fue la gota que colmó el vaso para Marchena, que hasta entonces había hecho por morderse la lengua cuando el letrado con sus preguntas insinuaba que las fuerzas de seguridad se habían desentendido en absoluto tras el infarto de otro ciudadano en otro colegio de Lérida.

«Interés para el tribunal»

«Señor letrado, hagamos preguntas sobre los hechos de trascendencia jurídica. Su sentimiento (el del policía frente al ciudadano herido) no tiene ninguna trascendencia jurídica. Dirija el interrogatorio hacia hechos que tengan interés para el tribunal», le espetó el presidente en un tono abrupto al letrado, antes de recordarle, por enésima vez, que «el objeto del proceso está claramente delimitado» y no son los supuestos excesos policiales durante el 1-O que se están ventilando en otros tribunales.

«Preguntar por el sentimiento piadoso o no piadoso de un sujeto que está actuando como fuerza de intervención pública no tiene trascendencia jurídica, lo haya incluido o no en su escrito de defensa», le respondió un airado Marchena a Salellas cuando éste se revolvió e insistió en que debía preguntarle sobre el capítulo del ciudadano herido porque ese episodio estaba recogido en su escrito para conseguir la absolución de Cuixart.

«No vamos a discutir usted y yo. Está perdiendo el tiempo y nos lo está haciendo perder a nosotros», le insistió el presidente del tribunal, para entonces visiblemente enfadado con Salellas, al que ya había cortado cuando preguntaba a otro policía por el tipo de heridas que sufrieron los manifestantes de los colegios electorales ilerdenses.

La estrategia de los abogados de la defensa de intentar desvirtuar las declaraciones de los funcionarios ya sacó de quicio el martes a la fiscal Consuelo Madrigal, que reprochó a Marina Roig que tratase de convertir la vista oral a un juicio a la actuación policial el 1-O. Las quejas de Madrigal ya provocaron una llamada de atención de Marchena.

En cualquier caso, sea como fuere, la supuesta estrategia de descrétido contra los agentes acabó hoy, pues no hay más funcionarios citados por la Fiscalía para intentar probar la violencia durante el 'procés'.

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