Arkaitz Rodríguez: «La visita de Zapatero a Otegi evidencia que con nosotros se hizo una injusticia»

Arkaitz Rodríguez, en el exterior de la sede de Sortu en Donostia./MIKEL FRAILE
Arkaitz Rodríguez, en el exterior de la sede de Sortu en Donostia. / MIKEL FRAILE

«Sufrí mucho en prisión y empatizo con las víctimas de ETA, pero algunas asociaciones obstaculizan la solución a todas las consecuencias del conflicto», asegura el secretario general de Sortu y miembro de Bateragune

Jorge Sainz
JORGE SAINZSAN SEBASTIÁN.

Arkaitz Rodríguez (San Sebastián, 1979) aparece con rostro relajado en la sede donostiarra de Sortu. El actual secretario general de la formación abertzale y el resto de los condenados por Bateragune, Arnaldo Otegi, Sonia Jacinto, Miren Zabaleta y Rafa Díez Usabiaga, no ocultan su satisfacción por la resolución de Estrasburgo que ha sentenciado que no tuvieron un «juicio justo» en el caso Bateragune.

-¿Exactamente en qué consistía el proceso Bateragune?

-Estábamos dinamizando en la izquierda abertzale un debate para transitar de una estrategia político-militar a otra exclusivamente política y democrática. Lo conocían la mayoría de agentes políticos y sindicales de este país. Nuestra apuesta era por la paz y el Estado trató de neutralizarla. Ahora, Estrasburgo ha corroborado que dijimos la verdad y el Estado español mintió.

«El problema no es la jueza Murillo o Llarena, sino que se usa la Justicia como una suerte de GAL jurídico»

«Conocí el rostro más duro de la cárcel, el de la desasistencia médica, pasé meses sin poder andar»

-La condena de la Audiencia Nacional les acusaba de actuar «a las órdenes de ETA» pese a que en ese debate de Bateragune hubo importantes tensiones internas en el mundo de la izquierda abertzale para persuadir a ETA de que dejara las armas.

-No deja de ser paradójico. Este proceso nos enfrentó a determinados sectores de la izquierda abertzale, pero si esa apuesta fructificó pese a los sabotajes del Estado fue porque una amplia mayoría de la base social de la izquierda abertzale y del conjunto de organizaciones ya entonces había llegado a esa misma conclusión y compromiso.

-¿Cómo recuerda el juicio y la actuación de la jueza Ángela Murillo, cuya frase, prejuiciosa según Estrasburgo, contra Otegi en una vista anterior es la base del fallo europeo contra la Justicia española?

-Sí notamos que intentaba contenerse y guardar las formas. Pero el problema no es Murillo, Llarena en Cataluña o un juez lenguaraz. El problema es que el Estado utiliza la justicia como una suerte de GAL jurídico y brazo armado judicial para neutralizar la voluntad de la mayoría vasca y catalana.

-¿El hecho de que Estrasburgo entrara a las formas pero no al fondo de las razones de la condena de Bateragune implica algo?

-No es cierto que no entre al fondo. Al final Estrasburgo dice que no tuvimos un juicio justo. Pone de manifiesto que en el Estado español no hay justicia. Y si no hay justicia, no hay democracia. En la llamada Transición no se acometió una auténtica ruptura con el régimen franquista y ese legado ahora se está revitalizando de la mano del neofalangismo del 'casado-riverismo'.

-Usted pasó seis años en prisión por el caso Bateragune. ¿Qué consecuencias le supusieron?

-He sido tres veces detenido y encarcelado por el juez Garzón, que ahora va de adalid de los derechos humanos. En dos casos (proceso contra la organización juvenil Jarrai) fui absuelto y en la tercera, Estrasburgo nos ha dado la razón. En resumen, he permanecido diez años en prisión por la cara, aunque lo mismo ha pasado estas décadas con centenares de vascos. En esta última etapa he conocido el rostro más duro de la prisión: el de la desasistencia médica. Tuve un problema físico bastante grave, por un proceso degenerativo de los tendones de las piernas. Estuve meses sin poder andar ni levantarme de la cama, sin posibilidad de tener un diagnóstico, y ello me generó un cuadro de ansiedad y depresión importante. Tras una dura pelea de un año conseguí que me llevaran al Hospital Donostia pero, por distintas presiones, fui devuelto a la cárcel sin operar. No obstante, lo mío no es más que un botón de muestra de la desatención que sufren muchos presos vascos.

-Tras la sentencia de Estrasburgo, víctimas de ETA les han recordado que sus familiares fueron asesinados. ¿El sufrimiento que ha padecido usted en la cárcel le llevó a alguna reflexión sobre todo lo que ha supuesto la violencia de ETA?

-Yo también he perdido seres queridos en este conflicto político y he sufrido mucho en prisión. Pero este sufrimiento no me lleva ni a odiar a quien me lo ha infligido ni a obstaculizar lo que tiene que ser un proceso de reparación de las consecuencias del conflicto, de reparación de todas las víctimas. Desde mi sufrimiento, yo empatizo con el sufrimiento de todas las víctimas, también las de ETA, evidentemente. Pero no proyecto mi sufrimiento en términos de venganza o revancha. Quiero aclarar que no estoy diciendo que las víctimas de ETA hagan esto, pero sí determinadas asociaciones de víctimas, que no son representativas de la mayoría de víctimas de ETA, que obstaculizan la solución a todas las consecuencias del conflicto. Y tampoco quiero hacer paralelismos, porque no es lo mismo lo que me ha pasado a mí en la cárcel que morir.

Influencia en Cataluña

-Coincidió con Otegi en la cárcel de Logroño. ¿Consiguieron seguir participando en Bateragune?

-Logramos seguir aportando. Pasamos miles de horas en el patio hablando y algunos dicen en broma que nos mimetizamos en los gestos.

-¿Tras el fallo de Estrasburgo, qué vía judicial seguirán ahora?

-Yo ya cumplí la inhabilitación, aunque está pendiente la de Rafa y Arnaldo. Pero lo que quiero es un reconocimiento político y asunción de responsabilidades, como ellos le exigen a la izquierda abertzale, por parte del Estado y los partidos que lo han sostenido, aunque no tengo confianza. También pediremos una indemnización, ya que Estrasburgo abre una vía en el Supremo para pedir la anulación de toda la condena.

-El presidente en España en aquella época de Bateragune era el socialista Zapatero, que hace poco se reunió en secreto con Otegi. ¿Ese encuentro tuvo para ustedes algún significado de acercamiento?

-Partiendo del hecho de que ya no tiene responsabilidad de gobierno, no deja de ser un expresidente español y no deja de ser un hecho reseñable que se reúna. El propio Garzón ya reconoció implícitamente que la condena no se sostenía. No sé si Zapatero piensa lo mismo, aunque entiendo que podría entenderse como una suerte de reconocimiento implícito de que con nuestra persona se cometió una injusticia.

-¿Qué paralelismos ven entre Bateragune y el conflicto catalán?

-Es un 'Bateragune catalán'. Se ha construido un relato falso y se utiliza el Poder Judicial para vincular a los dirigentes catalanes con una violencia inexistente. La única violencia es la del Estado.

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