Patricia Fernández: «No conté a nadie que me maltrataba para poder ser una niña más en el colegio»

Patricia Fernández avanza con paso decidido. Ella escucha a los niños maltratados, pero quiere que la justicia también oiga su voz./IGNACIO GIL
Patricia Fernández avanza con paso decidido. Ella escucha a los niños maltratados, pero quiere que la justicia también oiga su voz. / IGNACIO GIL

Fundadora de 'Avanza sin miedo', que quiere dar voz a los menores que sufren malos tratos | «Los niños deben ser reconocidos como sujetos de derecho y no debe prevalecer el derecho del padre a ser padre frente a la seguridad de sus hijos»

Ana Vozmediano
ANA VOZMEDIANOSAN SEBASTIÁN.

Tiene 20 años, una voz dulce para abordar sus frases rotundas y muchas cosas que decir y reivindicar. Patricia Fernández es una madrileña que padeció malos tratos de un progenitor biológico (no le llama padre) del que su madre se separó. Lloró de alegría en aquel momento, pero empezó entonces su calvario de psicólogos y puntos de encuentro porque el progenitor quería la custodia de los niños. ¿Por qué? Patricia lo tiene claro: «Tenerla significaba hacernos daño a mi hermano y a mí y también a mi madre».

Estudia el doble grado de Periodismo y Comunicación Audiovisual, ahora vive feliz con su familia y se dedica a la asociación 'Avanza sin miedo', destinada a los niños que viven el mal trato y a reclamar que tengan voz. Ella ofrecerá el testimonio de las víctimas en el I Foro Judicial de Gipuzkoa organizado este miércoles por DV en Tabakalera.

- ¿Por qué decide crear 'Avanza sin miedo'?

- A raíz de que escribí 'Ya no tengo miedo', de que sentí esa sensación dentro, mi madre y yo empezamos a darle vueltas para ver cómo podríamos luchar para que los menores tuvieran voz, para que se les escuchara y tuvieran un reconocimiento legislativo del que ahora carecen. Hacía ya dos años que dedicaba el 60% de mi tiempo a escuchar a los niños que vivían lo que había vivido yo. Pensamos que si creábamos una asociación daríamos más visibilidad al problema... Todo fue muy natural.

- ¿Tanto miedo pasó usted en su infancia? Apenas acaba de cumplir 20 años y parece mucho mayor.

- Claro que pasé miedo, sobre todo a que no me dejaran estar con mi madre, a que me la quitaran y me dejaran con aquel hombre. Mi día a día era un barco que hacía aguas por todas partes. Otros niños lloran porque les da pena que sus padres se separen porque quieren a los dos. Yo lloraba de alegría. Pero lo que no imaginaba es que iban a pasar diez años de juicios hasta que nos dejaran vivir como una familia, con mis abuelos, mi madre, su pareja que para mí es mi verdadero padre. Y mi hermano, claro.

- ¿Cómo es la vida en una casa en la que se cometen malos tratos?

- Horrible. Yo solo conocía esa realidad, tenía seis años. Me daba miedo cuando él entraba en casa, todo quedaba en tensión. No sabía lo que pasaba ni lo que sentía, pero era un cúmulo de emociones que no se pueden describir. ¿Miedo? ¡Claro que tenía miedo! El maltratador no ve a un hijo, ni a una pareja, solo ve víctimas de su tensión y de su violencia. Un golpe físico duele, pero el moratón se te va. El daño psicológico perdura, sobre todo si eres un niño. Además, lo que más temí siempre fue que me alejaran de mi madre y tener que estar con él.

- ¿Eran ustedes la típica familia modélica, que dirían los vecinos? Madre, padre, niño, niña... Se lo pregunto porque siempre que se produce una tragedia relacionada con los malos tratos aparece alguien diciendo que no veía nada raro, o que él era muy educado.

- Nunca puedes saber qué es lo que se ve desde fuera, aunque es verdad que él cambiaba cuando salía a la calle, no se portaba como en casa. Bueno, tampoco puedes pedir al ciego que vea. Me pone enferma la hipocresía social de personas que, ante gritos, peleas y discusiones giran la cabeza y alegan que son cosas de pareja, que no van a meterse.

- ¿Cómo empezaron los malos tratos? ¿Cuándo se dio cuenta de que algo no funcionaba como era de esperar?

- Yo creo que el maltrato hacia mi madre empezó antes de que yo naciera. Pero es que yo no tenía ningún referente de cómo funcionaban otras familias. Poco a poco me iba sintiendo peor, ese cúmulo de sensaciones horribles que se iba produciendo dentro de mí del que he hablado antes.

«Establecieron un régimen de visitas con él que fue horrible y que me hizo daño»

«Tuve más miedo a perder a mi madre que a las bofetadas. Los moratones se curan»

Creo que si se escuchara a los niños se hubieran evitado muchos asesinatos»

«Mi madre me dijo que se separaban y lloré mucho. Eso sí, lloré de alegría porque se iba»

- ¿Le contó a alguna amiga, a una profesora, a algún familiar lo que ocurría en su casa?

- No, nunca hablé de lo que pasaba, ni en el colegio ni en el instituto, ni cuando era pequeña ni cuando teníamos las visitas con el progenitor biológico. Además de que es mi forma de ser, ni con los psicólogos ni en los puntos de encuentro conseguía soltarme... Donde yo era feliz era en el cole, con mis compañeros y luego en el instituto, porque allí era una niña más, nadie me tenía en cuenta, ni sabía nada, así que me divertía como los demás.

-¿Cómo reaccionaron en su entorno?

- Lo mejor, tratarme como una más, como si no estuviera viviendo esa situación. Solo mi abuelo y mi madre me apoyaron porque sabían lo que pasaba.

- ¿Su madre nunca hizo nada?

- Se separó y peleó por nosotros. Pero le criminalizaron pese a ser la víctima, no le creían, ni tampoco a mi hermano y a mí. Durante tres meses le quitaron la custodia y eso sí que fue pasar miedo a perderla. A ella le destrozó, como le ocurriría a cualquier madre. Le devolvieron la custodia, pero establecieron un turno de visitas. Era horrible, no tengo palabras para definir cómo funcionaba todo aquello. Para él éramos su paquete de la sentencia, se sentía un ganador porque nos hacía daño. Ya no nos pegaba porque tampoco es tonto y no iba a llevarnos al día siguiente al punto de encuentro con moratones, pero fue demoledor. No era vivir sino sobrevivir entre ataques de ansiedad y bloqueos psicológicos. Al final es la consecuencia de que impere el derecho del progenitor a ejercer de padre frente a la seguridad de los niños.

-¿Qué le cuentan esos menores que llegan a usted y a los que pretende dar voz y hacer que les escuchen?

-Dicen cosas demasiado parecidas a las que cuento yo. Sobre todo cuentan que tienen miedo, que no quieren vivir la situación en la que se encuentran. Escucharles es tan sencillo... Ya tengo 20 años, a mí no me sirve de nada, pero hay un montón de chavales en esta situación. Hace poco llenamos una sala con 200 niños tres veces en el mismo día. Yo seguía cada sesión, les oía decir que tenían miedo, que temían la situación que vivían en su casa.

- Pero, ¿cómo darle voz a un menor dentro de un marco legal? ¿No se supone que ya está amparado por la justicia, que es el protagonista a proteger por la justicia?

- Creo que lo fundamental es que la ley los reconozca como sujetos de pleno derecho. Es necesario reconocer a las víctimas y escucharlas tengan seis, veinte o cuarenta años. Con cualquier edad. Luego ya vendrán con las historias de manipulación. He oído a mujeres decir eso de «pero, ¿qué quieren? ¿Que me mate a mí o a los críos?». Creo que si se escuchara a los niños, nos habríamos ahorrado muchos asesinatos.

- ¿Usted y su familia se vieron alguna vez arropados por jueces o abogados?

- ¿Arropados? Nunca. Criminalizaron a mi madre, que era la víctima. No hicieron el menor caso a lo que sentíamos mi hermano y yo, nos dejaron tener miedo y hasta nos alejaron de mi madre durante unos meses. Establecieron un régimen de visitas en el que sufrimos mucho y que nos dañó desde el punto de vista psicológico y personal. ¿Arropados?

-Vamos, que su situación era de indefensión.

-Si no se escucha a los niños, a los hijos, ellos seguirán en una situación de indefensión. No puede prevalecer el derecho de ser padre sobre el de los hijos.

-¿Un hombre que maltrata a su mujer puede ser un buen padre?

-¡No! ¡Por favor! No es posible con todo lo que te he explicado. Un padre te quiere y te cuida, quiere que seas feliz. Yo todo eso lo he encontrado en la pareja de mi madre y sé lo que significa. Desde luego, no el infierno en el que viví con aquel hombre hasta que las sentencias fueron definitivas y sobre todo cuando cumplí la mayoría de edad.

-¿Qué siente cuando escucha que un padre ha matado a sus hijos por venganza? Patricia, ¿se sintió alguna vez en peligro?

-No quiero pensarlo. Pero no hay que olvidar que ellos no ven parejas o hijos sino víctimas.

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