Correcto, con salvedades

El análisis positivo que haceel lehendakari de la situación económica es adecuado, pero no tiene en cuentalas amenazas de futuro

Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

El pasado miércoles, en su intervención en el foro organizado por el Banco Santander y El Correo, el lehendakari dibujó un panorama muy favorable de la situación económica vasca. Efectivamente, hay datos para sustentar el optimismo: crecemos menos que antes, pero aún lo hacemos a un ritmo razonable; tenemos un nivel de paro excesivo, pero creamos empleo poco a poco y contamos con la mejor experiencia en Formación Profesional; seguimos demasiado cerrados, pero avanzamos en la internacionalización. Todo ello basado en un esfuerzo importante en I+D, tanto público como privado, y en una envidiable y envidiada estabilidad política que se complementa con un gran rigor en el manejo de unos presupuestos preñados de ortodoxia.

Le compro el análisis, pero le pondría dos salvedades. La primera me parece evidente. Si estamos tan bien -en términos absolutos nunca estaremos suficientemente bien, pero en comparativo sí lo estamos-, ¿por qué meternos en aventuras que han demostrado sus enormes capacidades destructivas en otras latitudes? Los dirigentes guipuzcoanos del PNV, y algunos otros más, dirán lo que quieran -ya sabemos lo que dicen-, pero pienso que, en la Euskadi de hoy en día, no hay un clamor social que demande un nuevo status jurídico. A la gente le preocupa el paro, los salarios, las pensiones, la dependencia, el medio ambiente y la violencia machista mucho más que las nuevas transferencias que, además de intransferidas son, en su gran mayoría, desconocidas. No he hecho una encuesta científica al respecto, pero sí he visto los resultados de las fracasadas iniciativas de Gure Eusko Dago que confirman la impresión. Además, ya hemos oído como suenan los truenos cuando se abre esa caja. ¿De verdad les da envidia?

El segundo no es tan evidente, ni es de presente, pero sí deberíamos tenerlo en cuenta. Me refiero a ciertas amenazas que se ciernen sobre nuestro futuro. Y no pienso en amenazas globales, como el rebrote de las actitudes proteccionistas o la generalización de las propuestas populistas. Pienso en amenazas propias y exclusivas.

Por ejemplo, las nuevas exigencias medioambientales nos afectan directamente en varias direcciones. Si se van a prohibir los combustibles fósiles en el transporte, ¿qué pasará con Petronor que es el mayor contribuyente de todas las haciendas vascas? ¿Qué sucederá con las múltiples empresas que fabrican componentes para los motores de combustión? ¿Sabrán acomodarse las empresas a los colosales cambios tecnológicos que se están produciendo en este campo?

Más. ¿Están bien ancladas, de cara al futuro, empresas como Iberdrola, Mercedes, Michelin o Gamesa? Nuestra relación con las grandes multinacionales es muy mejorable y no acabo de entender porqué es así cuando es evidente que son grandes contribuyentes; grandes empleadores, con los mejores salarios y focos de irradiación de I+D e inversiones. ¿No deberíamos esforzarnos más por mantenerlas aquí, máxime cuando el tamaño de las empresas propias es demasiado pequeño?

Más aún. La llegada a la cúpula del BBVA de personas absolutamente carentes de arraigo local, ¿eliminará los débiles lazos que le unen ahora al País Vasco? ¿En qué medida afectará al entorno tecnológico la venta de ITP a Rolls Royce?

Otra. El mundo de hoy ha puesto todo patas arriba, incluidas las relaciones laborales. La relación con su empleador de un diseñador gráfico, no tiene nada que ver con la de un trabajador en un horno alto, en el pasado siglo. Pero muchos aquí no quieren enterarse y se instalan en la confrontación permanente.

Por último. La excesiva presión fiscal ejercida a través de los impuestos directos sigue provocando la salida de contribuyentes hacia ambientes cercanos más favorables. Perdemos sus impuestos, pero eso es lo de menos. Perdemos también sus ideas y sus proyectos y eso es irremplazable. ¿No le preocupa a nadie? Pues no parece.

En resumen, el análisis positivo del lehendakari es correcto en el presente. Pero, si quiere ser también completo con el futuro, debe incluir estas importantes salvedades.