Fermin Muguruza: «Soy insobornable en mis decisiones»

Fermin Muguruza, en la exposición 'Black is beltza' que acoge el Museo San Telmo./JOSÉ MARI LÓPEZ
Fermin Muguruza, en la exposición 'Black is beltza' que acoge el Museo San Telmo. / JOSÉ MARI LÓPEZ

El polifacético artista culmina el proyecto 'Black is beltza' sobre el convulso año 1967 con el filme de animación que clausurará la sección Zinemira del Festival de Cine de San Sebastián

Alberto Moyano
ALBERTO MOYANOIRUN.

La peripecia vital del joven Manex Unanue del Nueva York de Harlem y la Factory a la Cuba de Fidel Castro y el Che, pasando por Nueva Orleans, Argelia o la España franquista que Fermin Muguruza (Irun, 1963) relató en la novela gráfica 'Black is beltza' salta a la pantalla grande. La película de animación, que clausurará la sección Zinemira del Festival de Cine de San Sebastián, constituye un nuevo peldaño en la coherente y a la vez imprevisible trayectoria de Muguruza, que culmina un proyecto de largos años que, además del cómic, incluye una exposición y una cuidada banda sonora. El próximo año lo dedicará a promocionar la cinta y después, pasará a otra cosa. Por de pronto, ya la ha vendido en China.

- ¿China?

- Sí. Me llegó el jueves el mensaje. Es genial que antes de que la haya podido ver el público, saber que vamos a distribuir en China es de lo mejor que le puede pasar a esta película.

- Cómic, exposición, banda sonora y película. ¿Necesitaba todos esos formatos para contar lo que quería en 'Black is beltza'?

- No ha sido premeditado. Cuando Harkaitz Cano y yo escribimos el guion a cuatro manos, nuestra idea era hacer una película de animación. Al darnos cuenta de la complejidad del proyecto, preparamos una novela gráfica. En cuanto a la exposición, Lourdes Fernández me llamó para hacer algo especial para inaugurar un nuevo espacio en La Alhóndiga. Y ahí empiezan a surgir cosas y a formarse una especie de espiral.

- ¿Qué presupuesto tiene el filme?

- Millón y medio. Es un valor ajustadísimo. Si la gente hubiera cobrado lo que habitualmente percibe por su trabajo la cifra se hubiese disparado.

- ¿Está satisfecho en Zinemira?

- A mí me hubiera hecho ilusión ir como va 'Dantza', en una Proyección Especial de la Sección Oficial. Es la quinta vez que estoy en el Festival de San Sebastián. Soy Zinemaldia, lo defiendo siempre. En Zabaltegi-Tabakalera no lo veía. En las otras películas que he hecho sí porque yo además soy muy fan de Tabakalera. En este caso, por una cuestión de espacio, con ochenta invitados de todo el mundo, ya casi llenamos la sala. Por otra parte, por cuestiones logísticas: tenemos la exposición en San Telmo y lo vamos a utilizar para ir después de la proyección. La película podría haber sido como 'Have A Nice Day' en la Berlinale, pero el Zinemaldia tiene otro estilo.

- Va a competir con producciones mucho más modestas...

- Sí, pero el apoyo del Zinemaldia al cine vasco es innegable. Igual nuestra película no necesita ese pase especial del que hablaba, no sé la forma de valorar que han tenido.

- La película aborda un momento especial en la historia reciente: el final de la década de los sesenta, en el que en distintas partes del mundo se da una explosión de insurrecciones.

- Confluyen muchísimas cosas: la postguerra, la política de bloques, la búsqueda de nuevas libertades y el gran revulsivo, que es la guerra de Vietnam. Hay un cambio. La película coloca las cosas en su contexto: Guy Debord publica 'La sociedad del espectáculo', los Beatles, 'Sgt. Peppers', el concierto de Monterrey, se estrena 'La batalla de Argel', aparece 'Cien años de soledad'... Y todo está conectado, aunque no existía internet.

- Dada la época que vivimos ahora, ¿existe la tentación de mirar hacia atrás en busca de referentes e incluso de mitificarlos?

- Siempre intento desmitificar las cosas. La de veces que tengo que decir a jóvenes: ¡Dejadme ya en paz con los ochenta! Los sesenta me apasionan porque es mi infancia. En 1967 explota todo. Para entender lo que está ocurriendo ahora hay que echar la mirada atrás.

- ¿Fue el último instante en el que pareció posible una revolución?

- No, por mi experiencia y por esa ingenuidad juvenil que hayamos podido padecer, 1979 fue la otra gran época, cuando triunfa la Revolución Sandinista, que trae muchos elementos nuevos. Otro momento muy interesante es el 1 de 1994. En diciembre de 1993 había estado al lado de Chiapas y ni me había enterado. Había gente que me decía: «Hay movimientos guerrilleros» y yo respondía: «No, son 'narcos'».

«Me hubiera hecho ilusión ir, como 'Dantza', en un pase especial de la Sección Oficial»

«No es una huida: cada vez que he cerrado un ciclo es porque para mí se había agotado»

«Mantenerte firme ante las presiones es muy duro y me ha generado muchos enemigos»

«Creo que la polémica sobre 'apropiacionismo cultural' de Rosalía la ha generado su entorno»

«Si alguien me dice que lo que hace es puro, le desmonto el argumento en nada, en minutos»

- La etapa de las revoluciones está aparentemente clausurada.

- Sí, todo eso ya... Aunque el subcomandante Marcos trajo también un discurso que luego provocó un movimiento de desobediencia civil tan importante en todo el mundo. Todos esos 15-M están muy inspirados y tienen la retórica del 'sub'. También diré que hace diez años, cuando tuvimos lo de Lehman Brothers, creí que ahí teníamos el gran momento para decir que la economía de mercado no funciona... Bueno, no es que no funcione, es que es lo peor que puede haber para la Humanidad. Pero han pasado diez años y...

- Veamos qué tal han envejecido aquellos viejos lemas de 1967: «Poder para el pueblo». Oiga, ¿ha estado usted en alguna reunión de vecinos?

- Sí, no hemos sabido crear la pedagogía de decir: éste es el sistema capitalista, esto es lo que hay. Lo del poder para el pueblo es un tema de dignidad. Son consignas que sigo utilizando. Este un tema generacional, pero estoy convencido de que tiene que volver otra ola, que una nueva generación nos pregunte: pero, ¿a dónde nos habéis llevado? Sobre todo por el desastre ecológico. Estoy convencido, no puede seguir esto así. Aunque una reunión de vecinos muchas veces es espantosa, sigo creyendo que el poder de la comunidad es muy importante porque lo he visto: en este barrio, en New Orleans y en muchos otros sitios. Es eso: comunidad versus turbocapitalismo.

- 'Black is beltza', ¿es una película didáctica, en el sentido de inculcar cierto espíritu revolucionario en los más jóvenes?

- Es una película para mayores de dieciséis años, según la calificación, y espero que también sea de entretenimiento y aventura.

- Pero hay mucha información política, pequeñas pistas...

- Movimientos como Black Lives Matter beben de organizaciones como los Black Panthers. Es que tenemos al Ku Klux Klan instalado en el Gobierno de EE UU claramente. Sí, mi intención es hacer un juego de pistas. ¿Qué quieres mirar? Genial. ¿Que no? Bueno... Me gusta dejar puertas que se puedan abrir, por supuesto.

- También se permite algunas licencias: mete a algún black panther en la Factory de Andy Warhol, la institución más blanca que pueda imaginarse...

- Sí, bueno, no es un black panther, sino un 'camello'. Pero sí, me permito muchísimas licencias en esta película, hay cosas que modifico en el tiempo, pero que ocurrieron, para que la trama funcione mejor.

- ¿Qué piensa cuando oye eso del 'apropiacionismo cultural'?

- Bueno, Rosalía está en la banda sonora de la película. Y en su día, cómo insultaron a Camarón o a Enrique Morente cuando trabajó con Lagartija Nick o al propio Paco de Lucía, que importa desde Perú el cajón flamenco y ahora es uno de los instrumentos 'originales'. Entiendo la denuncia del 'apropiacionismo cultural' en determinadas situaciones, con Elvis Presley para meter la música de los negros en el mercado de los blancos o Eric Clapton versionando 'I Shot The Sheriff' para que entre Bob Marley en Gran Bretaña, pero sacar ahora el tema con Rosalía yo creo que es un tema de marketing del propio grupo que hay en torno a la cantante. El viejo truco 'marketinero' de enfrentamiento entre dos bandas. ¿Sabe que va a pasar? Que de aquí a poco harán una colaboración La Mala y Rosalía y será en un bar. Cuando me decían: «No es el ska jamaicano de los sesenta», yo decía: «Espera un momento, ¿pero tú sabes de dónde viene el ska?». Y con el hip-hop me moría de la risa... Por favor. «El original es éste», me decían. ¿El original? Si no existe, todo es una mezcla, todo es una prueba, una contaminación de estilos... Si no hubiera una adaptación de lo ajeno no existiría la música. No existiría la cultura.

- Tampoco el cine.

- Tampoco. Bebemos de muchas cosas y a partir de ahí creas. A cada persona que me diga que lo que él hace es puro, se lo desmonto en nada, en minutos.

- Dibujante, músicos, actores, productores, guionistas... ¿Hace falta tener un punto de un gran ego para arrastrar a tanta gente a un proyecto?

- Hay que ser un luchador. Al inicio del proyecto, fui a visitar a la gente de Lotura, el estudio de Juanba Berasategi y me sacó tantas pegas a mi proyecto. Y al final, al verme tan apesadumbrado, me dijo: «Esto solamente lo puede sacar una persona y eres tú». Me dio ese empuje. Se necesita constancia, perseverancia, yo no lo llamo ego porque creo que es peyorativo...

- Llámelo «gran autoconfianza».

- Entonces, sí. Estaba convencido de poderlo hacer y pese a haber estado muchas veces al borde del precipicio, había decidido que lo iba a hacer. Tengo esa capacidad de arrastre con la gente que está conmigo, de ilusionar... Va a provocar muchas discusiones, no va a ser una película más de entretenimiento.

- ¿Se siente prisionero del personaje de Fermín Muguruza o, por el contrario, es el combustible de su creatividad?

- Un día pensé: voy a hacer un concierto o un recopilatorio solamente con mis canciones tristes. Tengo un montón. Hay mucha gente que lo que valora de mí es que no sabe lo que voy a proponer. La mayor satisfacción que tengo es sentirme completamente libre para hacer en este momento lo que quiera. Y es lo que he conseguido a base de mucho esfuerzo, un pulso titánico. Lo del personaje o no, bueno, es muy difícil encasillarme. Soy insobornable en mis decisiones, en el sentido de que si voy a hacer algo lo hago o se he terminado un proyecto, se ha acabado. Y esa libertad es a lo máximo a lo que puede aspirar un artista.

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