Donald Sutherland, un Premio Donostia enamorado de San Sebastián

El actor, que esta noche recibe el máximo reconocimiento del Zinemaldia, ya ha aprendido a decir «arratsalde on» y «mila esker»

Ainhoa Iglesias
AINHOA IGLESIAS

No hay consejo más repetido: antes de lanzarse a la piscina hay que refrescarse la nuca y el dorso de las muñecas. Es lo que está haciendo Donald Sutherland este jueves en San Sebastián. El actor ha recibido por la mañana el cariño del público del Zinemaldia mientras posaba para los medios gráficos en las terrazas del Kursaal y, después, el de los periodistas en la rueda de prensa que se ha celebrado en el cubo grande de Moneo. Una manera magnífica de adecuar la temperatura antes del baño de multitudes que podrá darse esta noche cuando el certamen le haga entrega del Premio Donostia.

El actor llegó a la capital guipuzcoana el pasado lunes y ha tenido tiempo de enamorarse del certamen, del 'marco incomparable' y de sus gentes. «Me encanta contemplar cómo entra el mar en la ciudad cuando sube la marea. Ver el agua ascender por el río es hermosísimo», ha asegurado hoy mismo. «Vivo en Canadá, en Miami Beach y en Francia. A partir de ahora tendré también casa aquí», ha bromeado. De momento ya ha aprendido a decir «arratsalde on», «mila esker» y «Donostia».

A pesar de sus 84 años Sutherland se ha mostrado incombustible. El martes visitó «el museo de Gehry» -en referencia al Guggenheim de Bilbao- y ayer recorrió con fruición Chillida Leku junto a su esposa y su inseparable perro 'Porter'.

Con semejante vitalidad no quiere ni oír hablar de jubilación. «No tengo mucho dinero y sí muchas bocas que alimentar», ha comentado entre risas, para dar a continuación el verdadero motivo por el que sigue haciendo cine: «me apasiona. Todos esos personajes que he interpretado me han reportado energía y libertad para vivir la vida que nunca me habría atrevido a vivir siendo simplemente yo».

Con un currículo infinito que incluye títulos como 'Los 12 en el patíbulo', 'Il Casanova', 'Una árida estación blanca' o la más reciente 'The Burnt Orange Heresy' de Giuseppe Capotondi que se proyectará esta noche en San Sebastián tras la entrega del premio, Sutherland es una leyenda viva del cine que ama cada película que ha hecho. «Me encantan todos los directores con los que he trabajado. No puedo quedarme solo con uno porque sería como traicionar a los demás», ha dicho. Y a continuación ha desatado las carcajadas en la sala cuando a soltado: «Pero puedo decir que me encantó trabajar con Fellini».

Al borde de la muerte

En cuanto a qué anécdota ha sido la más destacable a lo largo de su fructífera carrera, Donald Sutherland ha rememorado que el rodaje de 'Los violentos de Kelly', en la antigua Yugoslavia, a punto estuvo de costarle la vida. «Tuve unos días de descanso y aproveché para visitar el Museo del Hermitage de Leningrado, nadar por el Danubio y jugar al póker. Estaba con la baraja de cartas y de repente descubrí que no podía levantarme. Me llevaron al hospital y allí me diagnosticaron una meningitis bacteriana, pero no tenían antibióticos para poder tratarme. Entré en coma. Recuerdo que contemplaba mi cuerpo en la cama y que estaba ahí la luz azul del túnel. Podía escucharlo todo. Oí como el director y el productor dictaban un telegrama para mi mujer en el que le decían que no viniera, que ya le llevaban el cuerpo. Pero yo no quería morir y me agarré a la cama y a la vida». Cuando se recuperó, volvió al trabajo. «Cada día al terminar de rodar lloraba porque tenía el cerebro totalmente frito».

Menos impactante, pero igualmente curiosa es la razón por la que, dice, aceptó un papel en 'Los juegos del hambre'. «Creí que podría insuflar algo de inconformismo a los jóvenes de EE UU. Esperaba que les empujara a mover el culo de la silla, a que hicieran algo. Creo que no lo logramos», ha lamentado. No obstante ha tenido unas palabras de cariño para Jennifer Lawrence, a la que ha definido como «una estupenda actriz».

Respecto a la película 'The Burnt Orange Heresy' de Giuseppe Capotondi que se va a proyectar esta noche en la gala, el Premio Donostia ha asegurado que al principio no iba a trabajar en el proyecto pero que, tras leer el guión, fue él quién pidió que le dieran el papel. «Elegir una película tiene que ver con el amor. Te sientes profundamente atraído por el personaje. Yo caí rendido a las palabras, a los pensamientos, a la relación con las mujeres Jerome Debney. Él tiene más fuerza de la que tengo yo como individuo y sentí la necesidad de interpretarlo».

Medio ambiente

Donald Sutherland es de los que opinan que «un hombre de 84 años puede hacer lo que le dé la gana» y ha compartido en rueda de prensa su inquietud por el medio ambiente. «Los chinos tienen que polinizar a mano sus cosechas porque no hay abejas; ya no hay insectos que se peguen a tu parabrisas mientras conduces. Es de todo eso de lo que debería estar hablando la humanidad. Tengo hijos, tengo nietos, y el mundo que les voy a dejar no es un mundo en el que van a poder vivir. Las Naciones Unidas son una mierda», ha concluido entre aplausos.