José Ramón Encinar (Director de orquesta): «En el foso siempre se está en la cuerda floja»

José Ramón Encinar vuelve a una Quincena que conoce bien./DV
José Ramón Encinar vuelve a una Quincena que conoce bien. / DV

MARÍA JOSÉ CANOSAN SEBASTIÁN.

El director de orquesta madrileño conduce hoy y mañana la producción escénica del oratorio 'La Creación' de Haydn, con montaje de La Fura dels Baus en el Kursaal. La experiencia de Encinar en la interpretación de música contemporánea y en la dirección de ópera se ponen al servicio de esta obra del Clasicismo mirada desde el siglo XXI.

- Hoy inaugura los conciertos de la Quincena, en la que ha participado en varias ocasiones. ¿Cuál es, en su opinión, la principal seña de identidad del festival?

- Tengo en gran consideración a la Quincena Musical donostiarra por los aspectos que creo que la hacen más singular: ser un verdadero escaparate de los mejores músicos, intérpretes y creadores de Euskadi, hermanándolos con artistas invitados procedentes de varias partes del mundo, siempre de gran prestigio, con lo que añaden brillo a la representación del País Vasco.

«Esta producción de La Fura combina el impacto visual con una gran lógica musical»

«El oyente de hoy tiene en su memoria infinidad de imágenes distintas a la época de Haydn»

- Esta vez dirige 'La Creación' de Haydn. Desde el punto de vista musical, ¿qué destacaría de esta obra?

- La extraordinaria imaginación formal de Haydn, habitual en toda su obra, junto a la sensibilidad y representación ya plenamente románticas, características de esta obra en especial que pertenece a la corriente del 'Sturm und Drang'.

- Haydn es un compositor que se está redescubriendo y quizá ha estado ensombrecido por otros creadores de la época como Mozart, a pesar de ser un grandísimo compositor. ¿Comparte esta opinión?

- Es cierto. Acaso la causa esté en algo que ya he apuntado antes: la mayor aportación de Haydn a la historia de la música afecta muy especialmente a la forma musical, por lo que es lógico que su apreciación sea más difícil de captar, mientras que uno de los grandes méritos de Mozart -aunque no el único, claro está- es su invención melódica, mucho más fácil de apreciar en una simple escucha. En el fondo esa apreciación discreta del Haydn innovador es la misma, y por la misma causa que la sufrida por Brahms, cuya modernidad tuvo que defender Schoenberg en un memorable ensayo sobre su 'Cuarteto con piano op.26'.

- ¿Tiene la música de Haydn alguna característica peculiar más? ¿Diría que es especialmente complicada de interpretar?

- Su dificultad principal interpretativa es la de tener que transmitir una fantasía que puede parecer convencional y que es absolutamente revolucionaria. Por otro lado, también resulta complicado el hecho de tener que mantener un difícil equilibrio entre una estética que termina, la del Clasicismo, y una que comienza, el Romanticismo. Es algo que en cierta medida se produce también en dos de los compositores del primer romanticismo: Mendelssohn y Schumann, donde a veces los estilemas clásicos sirven de vehículo al 'pathos' romántico.

- ¿Desde el punto de vista estilístico eso es lo más importante al abordar la música de Haydn?

- Sí: equilibrar tipos de comportamiento instrumental y vocal clásicos con una colección de imágenes plenamente pre-románticas.

- El encuentro que dirige en el Kursaal hoy y mañana conjuga la música y la escena. Si bien algunos oratorios se representaban en el pasado, ¿es una fórmula válida e interesante en la actualidad?

- En el pasado no solamente se representaban algunos oratorios, sino que su origen es el drama litúrgico que se representaba en lugares sagrados hasta que las 'contaminaciones' profanas, a veces hasta irreverentes y procaces, colmaron el vaso de las autoridades eclesiásticas. Naturalmente que es una fórmula muy válida hoy en día, no sólo por los casos en los que pueda tratarse de una aproximación filológica, sino sobre todo por el puente que supone hacia el público. No olvidemos que como citaba Tomás Marco en uno de sus primeros libros, el ojo es la continuación del oído.

- Usted tiene una gran experiencia como director de ópera. ¿Se trabaja desde el podio de la misma manera que cuando se trata de un oratorio, como en este caso?

- En el foso siempre se está en la cuerda floja. Es su mayor aliciente y su mayor inconveniente. No me extraña que directores enormemente exigentes, como Sergiu Celibidache, se negaran a abordar el repertorio operístico. Es imposible mantener el control sobre el conjunto de la ejecución. Son muchísimos los factores que intervienen en una representación operística y muy dispares, con responsabilidades muy repartidas. Un simple fallo de regiduría, por ejemplo, puede ocasionar una verdadera catástrofe bajo el punto de vista artístico.

- ¿Cómo ha sido la coordinación entre usted como director musical, todos los músicos y La Fura dels Baus?

- Es una producción que ya había sido rodada y me parece un trabajo que, sin abandonar rasgos típicos de Padrissa y de La Fura en general, es decir, sin dejar de ser un espectáculo de gran impacto visual, tiene una extraordinaria lógica musical y por supuesto dramática, con profusión de metáforas exquisitas, un término aparentemente en las antípodas de la violencia de otros espectáculos de La Fura.

- ¿En qué medida ha podido influir en esta producción su gran conocimiento y compromiso con la música contemporánea?

- En un cien por cien. En el supuesto de que algún intérprete se plantee una reconstrucción filológica de un texto musical, ha de comprender que el oyente de hoy tiene en su memoria una infinidad de imágenes de todo tipo, absolutamente diferentes a las que pudiera tener el oyente de la época de Haydn, algo que ni con un exhaustivo estudio de la historia lograríamos conocer y mucho menos trasladar al oyente actual. Yo soy hijo de mi tiempo y sin desconocer elementos fundamentales de la historia de la interpretación y de la historia, sin más, ni puedo ni quiero dejar de aproximarme a cuanto hago con visión propia, y de hoy.

- Ha dirigido durante más de una década a la Orquesta de la Comunidad de Madrid y constantemente está al frente de orquestas españolas. Esta vez cuenta con la Sinfónica de Bilbao, agrupación que está abordando distintos proyectos escénicos en los últimos tiempos. ¿Percibe esta experiencia en las orquestas cuando las dirige?

- Normalmente las orquestas que combinan la actividad sinfónica con la lírica son más flexibles y más rápidas de reflejos a la hora de seguir la batuta en algo que es primordial en la música: la flexibilidad.

- ¿Las orquestas deberían realizar proyectos que se salgan del repertorio y actividad habitual de sus temporadas de abono?

- Absolutamente. Es un extraordinario ejercicio mental, también para los gestores culturales, y además todo esfuerzo es poco para captar nuevos públicos, sin olvidar a los melómanos incondicionales.

- ¿Qué opina de los proyectos multidisciplinares? ¿Hay que ser más imaginativos o poner límites?

- De poner límites, creo que sólo pueden ser los obligados por la razón y por el respeto al creador de hoy y de hace uno, dos o tres siglos.

- ¿Ve posible la innovación cuando la mayoría de los músicos de orquesta suelen mostrarse reacios a tocar música contemporánea?

- Naturalmente que sí, pero en ese campo debo decir que el principal responsable es el gestor cultural o el responsable artístico. La tarea no es fácil, pero hay que apostar por la imaginación. El rechazo de los intérpretes a la música de hoy es ya algo del pasado. Lo que no podemos olvidar es que, como en periodos anteriores de la historia, hoy existen compositores mejores y peores, más fáciles de asimilar y mas difíciles. Pienso que lo fundamental a la hora de programar cultura es tener clara una idea: divulgar no es lo mismo que vulgarizar.