Los dioses bajan a San Telmo

Los dioses bajan a San Telmo
ARIZMENDI

El museo expone medio centenar de obras de la mitología clásica procedentes del Prado

Alberto Moyano
ALBERTO MOYANO

Hubo una época en la que todo el mundo sabía que los dioses descendían de vez en cuando del Olimpo para mezclarse con los hombres en sus andanzas y correrías. Lo mismo se entregaban a la lujuría que castigaban a los desobedientes o ajustaban cuentas entre sí. De esos mitos se alimentó la cultura occidental durante siglos, aunque ahora –tal y como se recordó ayer en San Telmo– aquellas deidades hayan sido sustituidas por los futbolistas, igual de caprichosos, igual de implacables. Aquel viejo mundo llega este verano al Museo donostiarra de San Telmo de la mano de 'Arte y mito. Los dioses del Prado', una exposición de cincuenta obras clásicas realizada en colaboración con el centro madrileño –que el próximo año celebra su segundo centenario–y la Obra Social la Caixa. En total: 1.900 años de historia europea a través de 31 pinturas, 17 esculturas y dos medallas. La muestra permanecerá en San Sebastián hasta el 28 de octubre.

Comisariada por Fernando Pérez Suescun, la exposición fue presentada ayer por el alcalde donostiarra, Eneko Goia; la directora de San Telmo, Susana Soto; el responsable del Museo Nacional del Prado, Miguel Falomir; y el director del Área de Cultura de la Fundación Bancaria la Caixa, Ignasi Miró. 'Arte y mito. Los dioses del Prado' ofrece al visitante un recorrido que obvia el criterio cronológico para proponer uno temático, conformado por ocho áreas: 'Una historia de contar', 'Los dioses del Olimpo', 'Espíritus libres', 'Amor, deseo y pasión', 'Faltas y castigos', 'Metamorfosis divinas y humanas', 'Héroes' y 'La guerra de Troya'. De este modo, la muestra se abre a obras de Rubens, Zurbarán, José de Ribera, Michel-Ange Houasse, Erasmus Quellinus o Francesco Albani, por cuyas obras desfilan Zeus, padre de los dioses y de los hombres; Saturno, el que devoró a sus hijos; Aquiles, el de los pies ligeros;Hércules, el héroe que ascendió al Olimpo tras completar las doce pruebas;ninfas, musas, sátiros de orejas puntiagudas y rabito;Perseo, que cortó la cabeza de Medusa; Júpiter, Marte, Orfeo y Eurídice. Y para rematar, la trágica historia de Troya, destruida por los griegos gracias a un regalo envenenado. Todo y todos conforman una entramado de historias del que durante siglos ha bebido eso que se conoce por civilización occidental.

Tal y como recordó el comisario de la muestra, los dioses bajaban en efecto con frecuencia a la Tierra. Y no siempre lo hacían impulsados por los más nobles sentimientos. De hecho, en la mayor parte de las ocasiones lo hacían a lomos de Cupido, hijo de Hermes y Afrodita. El amor, el deseo y la seducción ocupan un lugar central en la exposición, con Dionisio y Ariadna, Neptuno y Anfitrite, Céfalo y Procis o Plutón y su sobrina Proserpina. «Buena parte de estos cuadros son eróticos. Muchos han permanecido en espacios de acceso reservado», indicó Pérez Suescun para explicar que aunque las autoridades eclesiales censuraban estas obras, los monarcas sí deseaban tenerlas.

Los héroes y los 'libres'

Tampoco los hombres están a salvo de las pasiones. Algunos, incluso anhelan ser dioses. Es el caso de Hércules, que lo consiguió tras superar las doce pruebas con la ayuda de Hermes, Apolo, Hefesto, Atenea y Posidón. Una vez completadas, ascendió al Olimpo de los dioses. Su historia se cuenta en el apartado de 'Héroes', que comparte con el protagonista de 'La Iliada', Aquiles, y con Perseo, el liberador de Andrómeda, a la que luego haría su esposa.

'Los espíritus libres' está dedicado a esos seres del Olimpo, que acompañan a los dioses en sus maquinaciones para «satisfacer sus necesidades o apetitos carnales» y que suelen acaban participando en sus fiestas y celebraciones. Son los sátiros, las musas, las ninfas, las Cárites, los faunos y los silenos, habitantes todos de los bosques. Todos son antropomorfos, aunque en sus primeras representaciones artísticas, los sátiros aparecían con cuartos traseros de macho cabrío. Posteriormente, adquirieron en su totalidad un aspecto humano, a excepción de las orejas punteagudas y pequeño rabo.

Pero «si hay algo que no admiten los que detentan el poder es que se cuestione su autoridad o que, más grave aún, intenten engañarlos». Aquí dioses y humanos no presentan excesivas diferencias. En el apartado dedicado a 'Faltas y castigos', la muestra ofrece una amplia variedad de penalizaciones divinas. Calisto, hija única de Licaón, fue castigada por Diana tras dejarse seducir por Júpiter, quién también fulminó a Faetón por ignorar sus advertencias. Venus, por su parte, hizo lo propio con Hipómenes y Atalanta.

Todas estas historias y bastantes más se entretejen en la sala de exposiciones de San Telmo, formando un microcosmos en el que viejas tradiciones orales se entremezclan con las recreaciones que realizaron Ovidio, Virgilio, Homero o Plinio el Viejo, entre otros. El resultado es una trama repleta de intrahistorias que en nada tiene que envidiar a las de algunas de las más pujantes series televisivas. «Son personajes e historias que van apareciendo en todos los momentos del arte, como una necesidad de recordar quiénes somos y de dónde venimos», señaló Ignasi Miró.

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