Marc Riboud, el fotógrafo «paseante» muere con 93 años

El fotógrafo francés Marc Riboud./
El fotógrafo francés Marc Riboud.

Cartier-Bresson y Robert Capa lo ficharon para la agencia Magnum, de la que llegó a ser presidente

COLPISA / AFP / M.L.parís / madrid

Incluso quienes ignoran su nombre conocen sus fotos. Y es que Marc Riboud, legendario fotógrafo francés fallecido en la madrugada del miércoles a los 93 años, formaba parte del grupo de elegidos cuyas icónicas imágenes son universalmente conocidas. Instantáneas como 'Pintor de la Torre Eiffel', en la que un obrero danza en el aire, o 'Muchacha con flor', que muestra a una joven manifestante contra la guerra de Vietnam enfrentada a las bayonetas de la policía en Washington en 1967. Miembro de la mítica agencia Magnum, -de la que llegó a ser presidente- en seis décadas de carrera reunió en una treintena de libros unas imágenes publicadas en los medios más prestigiosos del mundo.

Riboud se definía como «un paseante». Fotógrafo más que fotoperiodista, le gustaba tomarse su tiempo para atrapar, siempre en blanco y negro y con un toque poético, momentos cruciales de un mundo en cambio permanente. «La mayor parte del tiempo, miro, me paseo; he paseado mucho», resumía su andadura. «Fue un fotógrafo paseante» ratificaba en su muerte Alain Genestar, director de Polka Magazine', revista que Riboud apadrinó.

Era insólita la capacidad de su mirada para captar la magia de unos instantes plenos de gracia, como en 'Pintor de la Torre Eiffel', foto convertida en icono de la capital francesa en la que el trabajador parece bailar sobre el cielo de París, pincel en ristre, entre las vigas metálicas. «Se diría que se mantiene en equilibrio gracias a su pincel. Yo no tengo ningún mérito, salvo el de haber subido a pie las escaleras de caracol de la Torre», comentaba en 2009 el propio Ribaud que contaba aquel día con solo doce negativos.

Tras vender esa foto a la revista estadounidense Life en 1953, el entonces joven ingeniero, treintañero y procedente de una adinerada familia de Lyon fue «ordenado» fotógrafo. Henri Cartier-Bresson y Robert Capa, fueron quienes lo invitaron a integrarse a la prestigiosa agencia Magnum, que mas adelante dirigiría. Él defendía su singularidad. «No soy un fotoperiodista, tampoco un artista, soy fotógrafo, eso es todo. No soy siempre bueno, pero lo intento» repetía este hombre de talante jocoso y melena blanca. «Nacido topógrafo, tiene un compás en el ojo», dijo de él Cartier-Bresson, aludiendo a su notable capacidad para encuadrar y atrapar instantes decisivos.

Viajero

Nacido el 24 de junio de 1923 en una familia de siete hijos, hermano de Antoine, futuro fundador y presidente del gigante agroalimentario Danone, y de Jean, que presidiría Schlumberger -una gran empresa de servicios petroleros-, Marc Riboud comenzó a hacer fotos a los 14 años, con una cámara Vest Pocket negra utilizada por su padre en las trincheras durante la I Guerra Mundial. Durante la II Guerra Mundial se unió a la resistencia francesa. Tras la contienda estudió ingeniería antes de decidirse por dedicarse den pleno a la fotografía.

Activo hasta casi el final, con 85 años, viajó a Estados Unidos para cubrir la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca. Como mucho antes había viajado a Cuba para retratar a Fidel Castro, líder de los barbudos que tomaron la Habana, o había cruzado Asia en coche de Israel a Afganistán y la India. Cubrió la Revolución Cultural en China, viajó por Tíbet y Japón, sin dejar de retratar la vida parisina. Pero se consagró con sus fotos de las protestas contra la guerra de Vietnam en Washington. Vivió un año en India y dos en China en los cincuenta. En los sesenta cubrió los conflicto de la URSS, Argelia y África subsahariana, y fue uno de los pocos fotógrafos a los que se les permitió entrar en Vietnam.

Riboud, que siempre llevaba una cámara consigo, continuó fotografiando el mundo sin desalentarse hasta casi los noventa años. Eso sí, siempre con una cámara tradicional analógica y con película química. «Probé la cámara digital, una tarde, una vez», ironizaba. «Vendí reportajes porque la prensa era el único medio para vivir» pero «pocas veces he ido en búsqueda de la actualidad, de la noticia», confesaba. «La foto es una cuestión de suerte», decía. También hay «trabajo, energía y... bastante paciencia».

«La asociación de Marc con Magnum ha sido larga y fructífera. Era un fotógrafo excelente y su trabajo pionero en China, país que visitó por primera vez a finales de la década de 1950, tuvo especial relevancia. Nuestros pensamientos y los mejores deseos están con su familia», le despedía el miércoles el presidente de Magnum, Martin Parr.

«Ver es el paraíso del alma» se podía leer en la página en internet del propio Riboud, que aparecía en una imagen de juventud, con una Leica entre su manos. Sus fotografías se han publicado en un sinfín revistas como Life, Geo, National Geographic, Paris Match o Stern.