La cornuda mujer del Nobel

Glenn Close y Jonathan Pryce en 'La buena esposa', que clausuró el Festival de San Sebastián el año pasado./
Glenn Close y Jonathan Pryce en 'La buena esposa', que clausuró el Festival de San Sebastián el año pasado.

Glenn Close y Jonathan Pryce están de Oscar en este oportuno drama sobre una mujer que ha sacrificado su vida por el éxito literario de su marido

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

La distribuidora española de 'La buena esposa' ha cambiado con buen tino el póster del filme, que el año pasado clausuró el Festival de San Sebastián. «Secretos ocultos entre líneas», era entonces la frase que acompañaba la imagen de Jonathan Pryce y Glenn Close. Ahora, la actriz aparece cohibida detrás de su marido y el cartel reza: «Nunca es tarde para alzar la voz». En este último año ha ocurrido algo trascendental: la irrupción del movimiento #MeToo. Una película que habla de una mujer eclipsada por su marido, Premio Nobel de Literatura, no puede resultar más oportuna. Tampoco la fecha en que se estrena: este año no se concederá el galardón más reputado en el ámbito literario por un escándalo sexual en las entrañas de la Academia sueca.

'La buena esposa' arranca con los protagonistas septuagenarios haciendo el amor como hace el amor la gente mayor. Llevan juntos toda una vida, pero la mirada de Glenn Close nos sugiere que algo no marcha bien. Una llamada desde Estocolmo trastoca su existencia: el reputado novelista Joe Castleman acaba de ganar el Nobel de Literatura. La cinta de Björn Runge salta de los días previos a la concesión del galardón a la juventud de los protagonistas.

Ella era una estudiante con un don para la escritura en una universidad de la Ivy League; él un profesor fatuo y pagado de sí mismo que no dudaba de su talento. Un adúltero que dejará a su mujer y su hija para irse a vivir con su alumna. Corren los años 50 y las escritoras lo tienen casi imposible en un mundo editorial dominado por los hombres. Esta 'buena esposa' sacrificará su carrera por la de su marido. Este se lo pagará acostándose con toda mujer que se cruza en su camino.

'La buena esposa' no puede resultar más oportuna en estos tiempos en los que se reivindica el papel de las mujeres en todos los ámbitos. Glenn Close transmite sutilmente los sentimientos que embargan a su personaje. De la dedicación y entrega absoluta pasa al dolor y el hartazgo cuando por fin asume que ha tirado su vida por la borda. Jonathan Pryce borda el cliché del novelista 'machirulo', un seductor con la libido siempre a punto de explotar, incapaz al mismo tiempo de vivir sin que su mujer le organice la existencia.

El filme de Runge, basado en la novela de Meg Wolitzer, reivindica a todas las mujeres que dejaron de lado sus ambiciones creativas por la familia. El director sueco no confía demasiado en la potencia de la trama y la aliña con dos personajes secundarios que no terminan de funcionar: el hijo de la pareja, aspirante a escritor ninguneado por el padre, y un periodista que persigue al matrimonio hasta Estocolmo con el objetivo de escribir la biografía de este titán de las letras, aunque sospeche que el verdadero talento de la pareja reside en su esposa.

«Esta película es el viaje de una mujer que es invisible para sí misma y se hace visible, para ella y para el mundo», defiende el director. 'La buena esposa' sitúa una catarsis matrimonial en el escenario más pomposo imaginable, la ceremonia de los Nobel. Qué gozada asistir a las discusiones de personajes cultos y maduros en un drama que rezuma reivindicación feminista y cínico desencanto.

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