Decálogo para un menú del día cardiosaludable

Decálogo para un menú del día cardiosaludable

La Fundación Española del Corazón publica las diez reglas de oro para comer bien fuera de casa. Uno de cada cinco trabajadores tiene que hacerlo al menos una vez por semana

FERMÍN APEZTEGUIA

El menú del día es, para muchísimos trabajadores, la hora del ángelus. Un momento casi sagrado que conecta con lo mejor de la jornada laboral, que es la conversación entre compañeros y amigos, el intercambio de pareceres y las bromas en torno a la mesa. Cuando a la confianza y la necesidad de un parón en la tensión diaria se une la complicidad, fantástico. Ya es la gloria, el no va más. El problema de tener que hacer la principal comida del día fuera de casa cinco días a la semana es que, desde el punto de vista nutricional, puede convertirse en un auténtico desafío. Pero no es tan difícil. La Fundación Española del Corazón (FEC), que reúne si no a todos a la mayoría de los mejores cardiólogos del país, ha elaborado un decálogo para una comida saludable en el hogar. Y se puede.

Uno de cada cinco trabajadores tiene que comer fuera de casa al menos una vez a la semana. El mantenimiento de una dieta sana y equilibrada se convierte en estas condiciones no ya en un reto sino en una auténtica necesidad. El cardiólogo José Luis Palma, que fue vicepresidente de la FEC, asegura que en la calle, entre la ansiedad y la tontería, se ingiere hasta el triple de comida que en casa, lo que irremediablemente «multiplica el consumo de grasas animales, saturadas y postres grasos».

Oferta variada

Por lo general, bares y restaurantes pecan –¡y hay que ver lo religioso que he salido hoy!– de ofrecer pocas verduras y más carne que pescado. Los postres, además, a menudo carecen de fruta fresca, que es indispensable. Por suerte, en todo el norte de España, y en Euskadi en particular, la oferta hostelera permite al comensal, si se lo propone, mantener una dieta rica y variada a precios asequibles.

El decálogo de los cardiólogos, que se detalla a continuación, podría resumirse en una máxima que es la quintaesencia de la nutrición:platos bajos en grasas, poco o nada especiados y con poca sal. Comidas frugales. O dicho de otro modo:frutas, verduras y más pescado, aderezados de ejercicio. ¡A que le suena!

1. Aprovéchese de las nuevas tecnologías. Resultan prácticas para elegir restaurantes con ofertas saludables. Cada vez más locales cuelgan el menú del día en sus páginas web, lo que permite ver lo que hay. Recuerde que la cocina al horno o a la plancha le viene mucho mejor a nuestro cuerpo.

2. Coma algo sano a media mañana para evitar llegar al restaurante con ganas de devorarse la despensa. Una pieza de fruta o unos pocos frutos secos pueden ser una buena idea.

3. La mejor opción de bebida es el agua, aunque un vasito de vino, solo uno, incluso una cerveza, tampoco frustrarán una negociación vespertina. Hay que ser racional.

4. Sea fuerte. Si cree que puede flaquear a al elegir el menú, sea el primero en pedir para no dejarse influir por el resto de comensales.

5. Comparta los entrantes. Convénzale a alguien de comer la mitad, pero no haga trampa: los dos platos han de ser igual de sanos.

6. A veces, menos es más. Elija platos simples, que no contengan demasiados alimentos diferentes (y, claro, evite las salsas, que están ricas, pero tienen su carga calórica).

7. No añada sal ni salsa extra a la comida. Cómaselos como venga. En todo caso...

8. Pregunte por los acompañamientos de los platos y asegúrese de que son saludables. Si no lo son, no lo dude, ni los toque.

9. No es imprescindible comérselo todo, menos aún si no le ha gustado. Si quiere, pida que se lo pongan para llevar, no le de vergüenza, que es algo que cada vez se hace más.

10. Y de postre, fruta. No se deje tentar por tartas y similares. Cada vez más locales, la sacan pelada, para evitar mancharse, o en forma de macedonia. Deliciosa. Venga, anímese.