El presidente de la Comisión Europea desoyó la petición de Urkullu para mediar en Cataluña seis meses después

J. C. Juncker/
J. C. Juncker

El lehendakari envió una carta a Juncker el 2 de octubre de 2017 en la que le advertía de la situación; la respuesta llegó el 21 de marzo de 2018

Adolfo Lorente
ADOLFO LORENTE

La particular relación epistolar que el lehendakari ha mantenido con el presidente de la Comisión Europa tuvo su momento álgido tras el referéndum ilegal celebrado en Cataluña el 1 de octubre de 2017. Horas después de aquel domingo, Iñigo Urkullu envió una misiva a Jean-Claude Juncker para pedir la mediación de la Unión Europea, advirtiéndole de la «dramática» situación que se estaba viviendo en España y que podría afectar, incluso, a los propios cimientos del club comunitario.

«Se trata de un problema de proporciones históricas», advirtió. La carta fue desvelada a través de la eurodiputada Izaskun Bilbao en una sesión del Parlamento Europeo, pero de la respuesta nunca se supo nada. Según ha podido saber este periódico, llegó seis meses después y, como se esperaba, Bruselas desoyó la petición. Con exquisitas formas, eso sí.

La carta de Juncker, escrita en francés, consta de cinco párrafos y en ella, agradece a Urkullu hacerle partícipe de su preocupación sobre Cataluña y sus reflexiones sobre el futuro de Europa. Las fuentes consultadas explican que se trata de una «respuesta tipo», que elude por completo entrar en el fondo de un asunto muy delicado y de enorme complejidad.

La Unión Europea, el club, siempre ha cerrado filas con España para indignación de los líderes del procés, que aún hoy siguen reivindicando una mediación europea que nunca llegará si el Gobierno español no la pide. El Estado miembro de pleno derecho se llama Reino de España y es Madrid la que marca la estrategia a seguir. Por su parte, los otros 27 socios se limitan a apoyar basándose en ese lema no escrito del 'todos para uno y uno para todos' que existe por ejemplo en el Consejo de la OTAN.

El presidente del Ejecutivo comunitario se limita a abordar en el asunto catalán en el segundo párrafo y lo hace para asegurar que «estamos perfectamente de acuerdo en que en los tiempos actuales, necesitamos estabilidad y unidad, y no división y fragmentación». En este sentido, añade que ya habían instado a todas las partes implicadas a «abandonar la confrontación lo más rápidamente posible para volver al diálogo». Hasta aquí. Nada más sobre Cataluña.

El resto del escrito se limita a destacar el europeísmo de Iñigo Urkullu y a «felicitarte» por su contribución al debate sobre el futuro de la Unión basada, matiza, en «una federación de naciones y pueblos en torno a un proyecto político compartido». Los elogios no terminan aquí al asegurar que «apreciamos fuertemente vuestras convicciones europeas, incluidas las referencias a los padres fundadores».

 

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