Diez rutas por el pirineo catalán

Diez destinos impactantes a través de paisajes abruptos, lagos de montaña, arquitectura medieval y algunas curiosidades

GAIZKA OLEA
Montfalcó Murallat
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Montfalcó Murallat

Antes de adentrarnos en el Pirineo catalán, algunas pistas que nos quedan en el camino. Montfalcó Murallat hace honor a su nombre, porque parece una fortaleza, el nido de un águila que otea las vías que transitan por el valle. Es una aldea diminuta y, aparentemente, casi abandonada, con casas bastante bien conservadas y un restaurante, aunque por su calles no se mueven más que los visitantes. El mejor ejemplo de villa amurallada de Cataluña se encuentra a unos 65 kilómetros al este de la capital, cerca de Cervera, junto a la carretera que se dirige hacia Vic, y sus orígenes datan del año mil, cuando se construyó para marcar la frontera con los reinos musulmanes. Durante su historia ha sufrido duros asedios pero el aire de recinto inviolable perdura, como perduran sus estupendas vistas sobre el llano.

Tavertet
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Tavertet

Esta bonita aldea situada a 20 minutos al norte de Vic y de la más visitada Rupit, de la que hace más de un año hablamos en el GPS, está literalmente colgada sobre el precipicio. Nada más abandonar el casco urbano, que atravesaremos tras dejar el coche en el gran aparcamiento, se abre ante el caminante el valle que, en el fondo, alberga el pantano de Sau. La primera imagen es impactante, porque en su modestia recuerda El Púlpito de Noruega, la formación rocosa que se asoma al abismo de un fiordo cerca de Stavanger. A lo largo de un cómodo paseo de hora y media (y otro tanto de vuelta) el caminante se asoma a un desfiladero de unos 200 metros de altura. Ojo: una visera, crema solar y agua no están de más si recorres el lugar en verano. Antes del final encontrarás un chiringuito junto a una masía.

Monasterio de Ripoll
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Monasterio de Ripoll

Sólo para examinar con paciencia la portada de Santa María de Ripoll compensa acercarse a esta localidad asentada en las primeras estribaciones del Pirineo catalán, porque constituye una explosión del mejor arte románico, no muy alejada del Pórtico de la Gloria de Compostela. Fundado allá por el año 879 alcanzó su plenitud durante el mandato del obispo Oliva, una figura esencial en la Edad Media de la comarca. En su portada, protegida de las inclemencias del tiempo, es posible encontrar cientos de figuras divididas en más de 80 escenas, antes de entrar en el templo, una gran basílica de cinco naves y en el encantador claustro de dos pisos. La primera planta data del gótico y la segunda se terminó en el siglo XVI, todo el conjunto presidido por una robusta torre. Varios condes de la Casa de Barcelona descansan desde hace siglos entre sus muros.

Camprodón y Sant Joan de les Abadesses
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Camprodón y Sant Joan de les Abadesses

Dos municipios pirenaicos que destacan por diferentes aspectos. En Camprodón llama la atención su descomunal puente, construido entre 1196 y 1226 para salvar el cauce del Ter. En su punto más alto sobrepasa los 20 metros, lo que invita a pensar en las riadas que acometerían en tiempos de lluvias intensas y deshielos. y a preguntarse por qué construyeron el pueblo allí. Sea cual sea la respuesta, es una visión estremecedora. Aguas abajo, muy cerca, se alza Sant Joan de les Abadesses, un pueblo dominado por su tremendo monasterio, una joya mencionada ya en el año 880. Robusta, elegante y rodeada de un mar de misterio (como la leyenda de que las monjas fueron expulsadas por su vida disoluta), merece la pena dedicar un rato largo a examinar su riqueza arquitectónica y ornamental, así como su museo.

Tren cremallera de Nuria
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Tren cremallera de Nuria

Rumbo al norte, la excursión se detiene en el valle de Nuria, en los municipios de Ribes de Freser y Queralbs, puerta de entrada al santuario, la estación de esquí y los picos que estimulan el deseo de senderistas y montañeros. Pero es preciso dedicar unas líneas al tren cremallera que une ambas poblaciones con el santuario. Ribes cuenta con dos estaciones por las que el tren circula por vías normales, pero antes de Queralbs entra en funcionamiento la 'cremallera', visible entre los dos raíles. El servicio recorre 12,5 kilómetros y supera un desnivel de más de 1.000 metros a través de un paisaje deslumbrante, y más si los picos están nevados. Un viaje de vértigo sobre el que se puede aprender mucho más en el museo situado en la estación de Ribes Villa, que narra la historia de un servicio que entró en funcionamiento el 22 de marzo de 1931 y expone venerables locomotoras y algunos coches, incluido uno de lujo.

Senderos de Nuria
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Senderos de Nuria

El Santuario de Nuria, ampliado hoy con un hotel, estación de esquí y múltiples servicios, empequeñece bajo las cumbres que rondan los 3.000 metros de altura y es el punto de arranque para numerosos paseos, de los que recomendamos dos. Uno pasa por enlazar el sendero de las cuevas con el de Fontalba hasta dar con algún mirador sobre el valle, una caminata de cuatro horas sin demasiada complicación. Algo más exigente es la subida al pico de Aliga (2.428 metros, tres-cuatro horas), aunque el tramo más complicado, por su durísima pendiente, es el que va desde el valle hasta el albergue del mismo nombre, que se puede evitar si está activo el telecabina. El resto del camino es un zigzag bastante tendido que tiene como recompensa unas vistas alucinantes sobre el valle y las cumbres vecinas y la posibilidad de observar muflones

Llivia
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Llivia

Hay algo extraño cuando el conductor sale del casco urbano de Puigcerdá para dirigirse a Llivia: la carretera, la señalización... son españolas, aunque la pequeña aldea se encuentra, por esos azares de la historia, cinco kilómetros dentro de Francia. La ruta atraviesa una calle llena de comercios, pero conviene detenerse y subir hacia la iglesia y, sobre todo, al museo, que narra la historia de este enclave español en suelo galo. Además de ponerse al día de este peculiar punto del mapa y de descubrir el esqueleto de un macaco que, por lo visto, perteneció a un legionario romano, la estrella del museo es la exposición sobre la farmacia de la familia Esteve, que pasa por ser la más antigua de Europa. Aunque los datos son equívocos, la muestra es una agradable incursión en el mundo de los primeros alquimistas y sus sucesores, los científicos.

Lagos del Carlit
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Lagos del Carlit

La joya de este viaje es un menú degustación de lagos, que se puede degustar en el formato de nueve o de doce platos. A unos 30 kilómetros de Puigcerdá, en Mont-Louis, una rotonda coronada por un monumento (atención, porque el desvío no se ve si se viaja desde España) marca el inicio de la carretera hacia el lago de Bouillouses. Durante los meses de verano es obligatorio dejar el coche y acceder en autobús al punto de arranque del paseo (un albergue y un hotel). Luego nos espera un recorrido de unas dos horas y media para descubrir nueve lagos, ampliable a doce si caminamos una hora más. Recuerda que los horarios están pensados para caminantes en forma, de modo que conviene añadir 15-20 minutos a cada hora señalada en los paneles. El sendero no es muy complicado ni demasiado pendiente y el premio, en cambio, resulta deslumbrante, con una colección de lagos de aguas limpias en los que los pescadores prueban suerte a la sombra del pico Carlit, el objetivo de todos los montañeros que sin duda te adelantarán durante el recorrido. Pocas veces sudar merece tanto la pena.

Fortaleza de Mont-Louis
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Fortaleza de Mont-Louis

De regreso desde los lagos del Carlit, el viajero podrá ver desde lo alto la descomunal fortaleza construida por el arquitecto Sébastien Le Prestre de Vauban, acreedora desde 2008 del título de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El complejo defensivo inaugurado en 1681 ocupa 35 hectáreas y está protegido por tres kilómetros de muralla, con su habitual forma de estrella para evitar los daños de la artillería. Las visitas guiadas permiten sumergirse en lo que pudo ser la vida para los miles de personas que se alojaban en su interior, siempre alerta de lo que sucedía en la cercana frontera española.

Lago de Monestero
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Lago de Monestero

¿Quedan aún sorpresas para el viajero que ya ha estado en el Parque Nacional de Sant Maurici? Pues sí. Frente a quienes se dirigen, bien a pie, bien en los todoterrenos que cumplen función de taxi en Espot, a destinos más concurridos como el Estany Negre o Les Amitges, el paseo hasta el lago de Monestero es un paraíso para los solitarios, pese a que el recorrido no es ni muy duro ni muy largo. Sólo en el tramo final, cuando hay que atravesar el caos de rocas que contienen el lago, resulta exigente, pero no mucho: basta con un mínimo de prudencia para superar la pared de piedra y en caso de mala suerte no sufriremos más que un remojón en el calzado. Dos horas de subida tendida para terminar en un lago en el que el agua cumple aquella vieja condición de incolora, un líquido transparente en el que dan ganas de bañarse... si no fuera porque está prohibido (normativa del parque nacional) y porque está helado. A su alrededor, picos impactantes como el de Els Encantats, con las dos rocas en la vaguada que, según la leyenda, son dos cazadores petrificados para toda la eternidad por burlarse de quienes participaban en una procesión.