¿Qué pasa en el periodismo?

ROSA DÍEZ URRESTARAZUProfesora de Periodismo Audiovisual en la Universidad de Deusto

Parece que en este país, cierto periodismo, presuntamente riguroso, está cada vez más cerca de programas rosas de televisión que del 'The Washington Post' cuando destapó el caso Watergate. En aquella ocasión, en ningún momento se habló de la vida privada de los protagonistas del escándalo que le costó la Presidencia a Nixon, ni se pecó de amarillismo. Simplemente se trabajó con aspectos que arrojaban datos incontestables y probados.

'Spain is different', sin duda. Aquí vale todo para descalificar y hundir no solo la vida profesional, sino privada de una persona por el simple hecho de tener una proyección pública. Parece que en algunas redacciones hasta ahora rigurosas y serias, han aterrizado cotillas de programas rosas, y las están convirtiendo en un patio de vecinos.

Hace unas semanas, en algunos medios de comunicación 'serios', las crónicas sobre las presuntas correrías de alcoba entre dos personajes públicos, ocuparon casi tanto espacio como los reportajes de calado político. ¿A quién le importa con quién mantiene relaciones íntimas el prójimo, sea un ministro, la vecina de al lado, el economista de una consultoría o la peluquera de toda la vida? ¿Es periodismo hablar de la vida amorosa de un juez, o del presidente de Gobierno, si no afecta a sus funciones como servidor público?

A un político, o a un servidor del Estado hay que pedirle, honradez, lealtad, y no mentir. Transparencia en su gestión, ser honesto y vocación de servicio público. Lo más importante: que no robe ni haga uso del poder para beneficio propio. No hablamos de actores, actrices o determinados cantantes que venden su vida mediante exclusivas; sino de profesionales que deben velar por el bienestar del ciudadano. La lupa hay que ponerla en su gestión. Por ello no se puede permitir que se empiece a utilizar el periodismo como herramienta para exhibir y manipular la vida privada de las personas. Es muy distinto alguien que vive de mercadear con bodas, divorcios y amoríos varios, a una persona que no lo hace.

Cualquier día es posible que veamos colgada en las redes sociales una foto del lehendakari comprándose ropa interior o a la presidenta del FMI eligiendo lencería atrevida en Victoria's Secret de Bellevue Square, en Washington. ¿Es eso noticia? ¿Vale todo? No, en absoluto. ¿O acaso no tienen derecho a una parcela de intimidad, por el único hecho de dedicarse a la política? No nos engañemos, ese tipo de periodismo llegará a Euskadi, y no tardando mucho.

Amparándose en la libertad de expresión no se puede entrometer nadie en la vida privada del otro, porque se atenta contra la intimidad de las personas. Más aun manipulando fotografías, o escribiendo textos malintencionados y con doble sentido. Como profesora de periodismo audiovisual, no puedo permitir que mi alumnado vea este tipo de periodismo como algo normal, y riguroso, sino todo lo contrario. ¿Es que no se calibra el daño que se puede hacer? La clase política, los funcionarios, banqueras, y la pescadera del supermercado, todos tienen el mismo derecho a su intimidad. Quien se dedica a airear la vida privada de los demás ¿no tiene nada que ocultar, algo que también le sonroje si lo sacan a la luz pública sus compañeros de profesión? ¿Por qué medios que hasta ahora tenían cierto rigor periodístico, están cayendo en el amarillismo, el morbod, como si sus redactor@s fueran reporteros de programas de vulgar cotilleo? ¿O compran fotografías antiguas para publicarlas como actuales? Cierto periodismo, amparándose en un malintencionado rigor informativo intenta obtener la máxima rentabilidad aireando episodios del ámbito y la vida íntima de personas que jamás han comerciado con ella.

Separemos las cosas. Una cuestión es la arena política, o financiera y otra muy distinta el ámbito privado. De seguir así, tiempo al tiempo, en una sociedad donde es imposible caminar sin la presencia constante de los smartphones, todos corremos el peligro de vernos retratados en cualquier soporte audiovisual sin saberlo. Estamos llegando al extremo, que un simple abrazo entre dos colegas, llevar a una amiga en tu coche hasta su casa, o compartir un almuerzo en una casa de comidas, si uno de los dos, o ambos tienen proyección pública en cualquier disciplina, corran el peligro de verse retratados en la portada de un diario horas después, o aún peor, años después. Incluso cuando ya no tengan ningún tipo de contacto.

Hay muchos tipos de reporterismo, sin duda. Pero incluso la crónica rosa se puede desempeñar con dignidad, rigor y elegancia: hay claros ejemplos. El periodismo no puede permitirse el lujo de caer en el 'todo vale', porque entonces estará cavando su propia fosa. Nuestra profesión siempre ha sido garante de credibilidad y rigor. La guerra entre entidades, o partidos no puede desencadenar un periodismo sensacionalista que a largo plazo no beneficiará a nadie. Rentable, lo es sin duda. Ahí está el británico 'The Sun', el periódico más vendido del país.

¿Ése es el periodismo hacia el que hay que caminar? Rotundamente no. Abrir la espita del sensacionalismo y el morbo puede desencadenar consecuencias inimaginables. El mercadeo privado no tiene final y las consecuencias pueden ser demoledoras para todas las partes. Aquí se hace muy buen periodismo, con excelentes profesionales vocacionales que trabajan sin descanso, día a día, para mantener la profesión con credibilidad y prestigio. No permitamos que se confunda al lector@ haciéndole creer que es periodismo de investigación una crónica del colorín.