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El hijo del Krakatoa

Félix Ares
FÉLIX ARES

Hace unos cuantos meses navegaba desde Perth en Australia hacia Singapur. En el mar de Java y estando tan solo 37 millas del estrecho de Sonda -que separa las islas de Java y de Sumatra- pude observar una hermosa puesta de Sol, con preciosas nubes rojizas. El Sol estaba encima de una pequeña montaña de aspecto inofensivo. Sin embargo, aquella montañita insignificante era el 'Anak Krakatau' o dicho en español: el 'hijo del Krakatoa'. La palabra Krakatoa a mí me da un poco de miedo pues me hace recordar que el 27 de agosto de 1883 ese volcán explosionó y destruyó gran parte del archipiélago que allí existía. No fue la única explosión. La mayor de ellas produjo una energía de 350 megatones, aproximadamente 400 millones de megavatios hora. Para que nos hagamos una idea, la energía eléctrica producida en España en 2012 fue de 280 millones de megavatios hora. La explosión produjo un tsunami con una altura de 40 metros que arrasó 163 aldeas de las costas de Java y de Sumatra. Murieron más de 36.000 personas. El sonido de la explosión se oyó en sitios tan lejanos como Madagascar que está a 6.500 kilómetros. Cuentan que el polvo que subió a la atmósfera hizo que los amaneceres y puestas de sol de los días posteriores fueran fantásticos, llenos de colorido.

 

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