Las redes sociales se mofan de la presencia de Ivanka Trump en el G20

De izquierda a derecha: Ivanka Trump, Donald Trump, Shinzo Abe y Jared Kushner en Osaka. /EP
De izquierda a derecha: Ivanka Trump, Donald Trump, Shinzo Abe y Jared Kushner en Osaka. / EP

Un vídeo recoge las caras de póquer de los líderes mundiales en cuya conversación intentaba colarse la hija del presidente

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

Si Paris Hilton pudiera jugar a leer comunicados oficiales y codearse con jefes de gobierno probablemente se la vería tan inapropiada y fuera de lugar como a Ivanka Trump en la cumbre del G-20, porque, «aunque le sorprenda a algunos, ser la hija de alguien no es una cualificación profesional», tuiteó sarcástica la congresista más joven de EE UU, Alexandria Ocasio-Cortes (AOC).

Con eso se hacía eco de la polémica que ha incendiado las redes sociales y las ha inundado con la etiqueta #UnwantedIvanka de fotografías históricas alteradas por photoshop para introducir a la hija mayor de Trump en situaciones completamente fuera de lugar bajo, como la que protagonizó este fin de semana en Osaka (Japón). Probablemente no era la primera vez que los líderes del mundo se sentían irritados por la presencia de esta joven de 37 años en ambientes reservados para jefes de estado. Por eso, el Palacio del Elíseo hizo público un vídeo casero que recoge el momento en el que su presidente Emanuel Macron y la primer ministro británica Theresa May intentan tener una conversación política en presencia del primer ministro canadiense Justin Trudeau y la presidenta del Fondo Monetario Internacional (FMI) Christine Lagarde sin que Ivanka Trump deje de interferir.

Al principio sus interjecciones son banales y afirmativas, «¡Exacto!», «¡Eso mismo!». Luego intenta añadir algo inteligente sobre «un mundo dominado por los hombres», en el papel que quiere asumir de adalid de las mujeres, pero que no casa con la conversación sobre las consecuencias económicas de problemas de justicia social que Macron y May discutían. Las caras hablan por sí mismas, sobre todo la de Lagarde, que la mira de refilón con obvio desdén.

El problema ya no es el ridículo mundial que hace EE UU al imponer la presencia de este personaje de la farándula a la que su padre llama «baby» en reuniones oficiales y ha nombrado asesora para tenerla cerca. «Daña nuestra diplomacia» advirtió la congresista que hasta el año pasado trabajaba de camarera en una taquería, como le echaron en cara los seguidores de Trump. «Sería bueno que ella también supiera lo que es trabajar de camarera», se defendió. «Y además, también trabajé para el senador Ted Kennedy, dirigí proyectos contra el analfabetismo en el Bronx, estudié Desarrollo y Economía de África Occidental, fui directora de educación y gané varias competiciones científicas internacionales».

Lo peor aún puede estar por venir. En abril Trump confirmó en una entrevista con la revista The Atlantic que consideró nombrarla embajadora en la ONU y hasta consejera del Banco Mundial, pero se inhibió porque sabe que «la hubieran acusado de nepotismo». Es de esperar que cualquier día superará los escrúpulos. Como diplomática en la ONU «hubiera sido genial» porque «tiene una presencia increíble, cuando entra en una sala todo el mundo se la queda mirando». Y para el Banco Mundial, porque «es muy buena con los números».

Eso sería solo un peldaño para su curriculum antes de llegar a lo que más anhela, «si alguna vez quiere ser presidenta será imbatible», dijo orgulloso su padre. Según contó Michael Wolff en Fire & Fury, varios miembros de la familia Trump quieren sucederle cuando complete los dos mandatos que le permite la Constitución, pero tanto Jared Kushner como Donald Trump Jr. han aceptado ceder a Ivanka la oportunidad de convertirse en la primera mujer presidenta de EE UU, que es lo que verdaderamente aspira a ser.