Bolsonaro decepciona a los brasileños

Bolsonaro. /AFP
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Elegido por el 55% de los votos, el presidente ultraderechista cumple el centenar de días al frente del gobierno con un índice de popularidad en caída libre debido a las constantes crisis dentro de su propio gabinete

MARCELA VALENTECorresponsal en Buenos Aires

Elegido por el 55% de los brasileños, el presidente ultraderechista Jair Bolsonaro está a punto de cumplir los 100 días al frente del gobierno con un índice de popularidad en caída libre debido a las constantes crisis dentro de su propio gabinete. Según la encuesta realizada por Datafolha, solo el 32% de los consultados juzgan su labor como «buena» o «muy buena»; se trata del peor resultado obtenido por un mandatario recién elegido desde 1985. Antes de tomar posesión, al menos un 65% de los encuestados ansiaban un Ejecutivo «bueno» o «muy bueno», pero se han dado de bruces con otra realidad y la desilusión cobra fuerza entre sus simpatizantes.

«No voy a perder tiempo comentando encuestas de Datafolha que dijo que yo perdería con todo el mundo en segunda vuelta», declaró este domingo el mandatario al ser consultado por los resultados de la muestra. No obstante, sí quiso hacer un apunte sobre uno de los puntos del sondeo. «Dice que Lula (Da Silva) y Dilma (Rousseff) son más inteligentes que yo. Vale, Datafolha», zanjó.

Los más desfavorecidos son los menos generosos a la hora de valorar sus cien primeros días al frente del gobierno: solo el 26% lo aprueba. Los datos juegan en su contra, puesto que la economía no termina de despegar y el desempleo escaló hasta el 12,4%. La reforma previsional, que aplaza el momento del retiro y elimina beneficios, está teniendo un trámite legislativo trabado, con mucha resistencia de la oposición y escasa capacidad del oficialismo para alcanzar consensos. La mayoría de la población la rechaza aunque los mercados la exigen para dar previsibilidad financiera al país.

El presidente del Congreso, el aliado Roldrigo Maia, sostiene que el gobierno no tiene claro su proyecto. Bolsonaro se burló de Maia al tratarlo como una mujer despechada. Entretanto, las consultoras privadas toman nota de las riñas y ya anticipan que su previsión de un crecimiento de tres por ciento para este año baja a 1,9 por ciento.

Además de la falta de aciertos económicos, Bolsonaro, sus hijos y ministros están en la escena diaria protagonizando escándalos, disputas palaciegas o papelones. Su hijo Flavio, senador, está en la mira de la justicia por sus vínculos con un policía que lideraba el mayor grupo de exterminio en Rio de Janeiro. El hombre está prófugo pero su madre y su esposa fueron empleadas el gabinete del hijo del presidente.

El exsecretario general de la presidencia, Gustavo Bebianno, debió renunciar en medio de otro escándalo. La justicia halló que Bebianno, entonces presidente del partido que llevó al poder al derechista, desvió fondos durante la campaña. El hombre se negaba a renunciar. Un hijo de Bolsonaro lo tildó de mentiroso por decir que tenía el aval del presidente.

Más tarde, tras estar 15 días en el hospital recuperándose de una operación para que le quitaran una bolsa de colostomía, Bolsonaro publicó en redes sociales un video porno para mostrar la deriva inmoral del popular carnaval callejero en Río de Janeiro. No obstante, la divulgación tuvo repercusiones nacionales e internacionales negativas.

En el medio se suceden las peleas entre los militares en el gobierno, los pentecostales, los neoliberales y los anticomunistas. El ministro de Educación podría dejar el cargo hoy según admitió el propio presidente. Ricardo Vélez estuvo varias veces en el ojo de la tormenta por fallas de gestión. Pero en los últimos días causó estupor su propuesta de revisar la forma en que se enseña en la escuela el golpe de 1964 pues para él no fue un golpe.

Otros dos ministros mintieron al declarar tener títulos universitarios. Pero ahí están. Son la ministra de Mujer, Familia y Derechos Humanos y el de Ambiente.

El canciller, un fanático seguidor del presidente Donald Trump, es cuestionado por diplomáticos. Su asesoramiento está torciendo el rumbo de las relaciones exteriores de Brasil. Bolsonaro aún no visitó Argentina -como era lo habitual- pero ya estuvo en la Casa Blanca con Donald Trump, fue al Muro de los Lamentos junto a Benjamin Netanyahu y puso incómodo al derechista Sebastián Piñera en Chile al expresar su admiración por el dictador Augusto Pinochet.

Dentro de ese variopinto elenco, el que sale mejor parado es el ministro de Justicia Sergio Moro, que ya tenía capital acumulado como juez que persiguió la corrupción y encarceló al expresidente Luiz Inacio Lula da Silva. Según Datafolha es el más conocido del gabinete y tiene 59 por ciento de imagen «buena» o «muy buena», casi el doble que el presidente.