Mikel Ubarrechena: «Hay que superar ese miedo escénico a meter la pata cuando se habla en euskera»

Mikel Ubarrechena, presidente de Hostelería Gipuzkoa./JUANJO AYGÜÉS
Mikel Ubarrechena, presidente de Hostelería Gipuzkoa. / JUANJO AYGÜÉS

El responsable de los hosteleros del territorio se suma a los Belarriprest para lanzar el mensaje de que «aunque sé poco, quiero poner de mi parte»

Estrella Vallejo
ESTRELLA VALLEJOSAN SEBASTIÁN.

Mikel Ubarrechena. Con ese nombre y ese apellido es lógico que las personas euskaldunas con las que trata se arranquen a hablarle en euskera. Quizá no sea capaz de tener una conversación fluida con esos interlocutores pero al menos trata de devolver la palabra en el mismo idioma, aunque después cambie a castellano. Se ha inscrito como Belarriprest para el Euskaraldia, una iniciativa que es para el presidente de la Asociación de Hostelería de Gipuzkoa la oportunidad para «perder el miedo y lanzarse aunque se meta la pata».

- ¿Cómo ha sido su relación con el euskera?

- He nacido y crecido en Donostia en un contexto familiar y de amistades en el que el euskera se utilizaba muy poco, por no decir prácticamente nada. Fui a Marianistas y en aquella época los estudios se cursaban solo en castellano, en modelo A, y no se implantó el euskera hasta que llegué a 2º de BUP, por lo que puedo decir que en mi juventud el euskera estuvo muy lejos, al margen de la realidad en la que yo crecí.

«Mi primer discurso en euskera fue en un acto en el Kursaal delante de mil personas»

-¿Cuándo se empezó a dar cuenta de que existían otras realidades no tan lejanas en las que el euskera tenía un peso importante?

- Con 22 años, al entrar en hostelería, es cuando empiezo a relacionarme con personas que hasta la fecha habían sido ajenas a mi entorno habitual. Y es entonces cuando tomo conciencia de la relevancia y el peso del euskera. A partir de ese momento empiezo a poner en práctica lo poco que aprendí en el colegio, pero en círculos muy, muy cerrados. Poco a poco me he ido soltando más, pero hay un miedo escénico a interactuar en euskera que es innegable.

- Suele ser uno de los temores de los euskaldun berris.

- Es cierto. Ese miedo a meter la pata está ahí, porque hay gente que opina que si no vas a ser capaz de hablar bien, mejor no hables. Pero estas iniciativas son precisamente para superar ese miedo y hablar. En mi caso, he sido capaz de soltarme un poco e incluso me he atrevido a dar algún discurso en euskera. En la junta directiva de la Asociación de Hostelería, la mitad de los integrantes son de municipios del territorio, y euskaldunes, y me animan a hablar. Así que puedo decir que en ese sentido he sido valiente y me voy atreviendo cada vez más. También influye que con el nombre y el apellido que tengo, mucha gente que no me conoce me entra hablando en euskera.

- ¿Y en esos casos cómo responde?

- Intento responderles, aunque después cambie a 'erdera'.

- Al hablar de cara al público le habrá tocado hacerlo alguna vez en euskera. ¿Recuerda su primer discurso?

-Me acuerdo perfectamente. Además fue delante del lehendakari, el diputado general, el alcalde... Con mil personas escuchándome en el Auditorio del Kursaal. Era un acto con motivo del 30 aniversario de la Asociación de Hostelería, y el discurso no era corto, precisamente.

- ¿Y cómo resultó?

- No lo debía de hacer tan mal porque al acabar el lehendakari me seguía hablando en euskera. La verdad que me lo curré y le dediqué tiempo. A partir de ahí me di cuenta de que si quieres puedes, y que por poco que hagas, el mundo euskaldun agradece ese esfuerzo.

- ¿Ha intentado perfeccionar su nivel en algún euskaltegi?

- No, he sido un poco autodidacta y sé que meto muchísimo la pata, pero debido a que mi actividad laboral es frenética, anárquica y no tengo un horario fácil, no he podido apuntarme a clases. Pero viviendo aquí y relacionándote con personas euskaldunes el oído se te termina haciendo. Desde luego que no es lo mismo, pero cuando además tienes niños que estudian en euskera, se te van quedando más cosas e interactúas con ellos. Aunque el idioma que hablamos sea el castellano, el euskera está presente e intento que lo aprendan. Tengo muy claro que para unos niños cuantos más idiomas sepan mejor, y si además se trata del idioma de nuestra tierra más todavía.

- ¿Ha visto que se le cerraban puertas por no saber euskera?

- Más bien ha sido al revés. Soy yo el que se ha echado atrás por ese motivo, por no saber desenvolverme con soltura. Es cierto que a veces te sientes un poco fuera de lugar en un entorno en el que todo el mundo sabe euskera y tú te quedas un poco apartado. Pero cada vez entiendo más, aunque yo después intervenga en castellano. Son circunstancias del día a día, cada vez más normalizadas, en las que se interactúa en los dos idiomas.

- Eso es precisamente lo que pretenden iniciativas como Euskaraldia.

- Y creo que se está planteando muy bien. Este tipo de programas son importantes porque logran que gente como yo salga a la calle y diga 'oye, yo quiero aprender o poner en práctica lo que sé'. Es el mensaje que yo recibo: Lo que sepas, utilízalo e interactúa, aunque metas la pata. Me parece muy interesante, y sobre todo en un sector como el nuestro. La hostelería es el lugar idóneo para utilizar el euskera a pie de calle.

- Se ha inscrito como Belarriprest. ¿Qué le empujó a apuntarse?

- En primer lugar que represento a dos sectores muy populares y en ese sentido ha pesado un poco la responsabilidad con los cargos que ostento. Pero también entra en juego que a título personal es una buena oportunidad de lanzarme y de que sepan que no sé, pero que quiero aprender o poner de mi parte. En Euskadi tenemos dos ejes o señas de identidad cultural, el euskera y la gastronomía, y quiero ser parte de ambos.

«La gastronomía y el euskera son nuestras señas y quiero participar de ambas»

- ¿En la hostelería a nivel interno ha habido mucho cambio en las últimas décadas?

- No cabe duda y, sobre todo, en San Sebastián. Cuando entré hace doce años toda la documentación, envíos, comunicación con los socios se hacía en castellano. Pero hace unos años decidimos apostar por el bilingüismo, y participamos en todos los proyectos del Ayuntamiento, la Diputación o el Gobierno Vasco, que persiguen que el euskera tenga peso y presencia.

- ¿Y respecto a la atención a los clientes?

-Hemos sido un sector poco atractivo para la gente de aquí, y eso ha hecho que los puestos se cubrieran con gente extranjera. Primero intentamos que conozcan la idiosincrasia de nuestro pueblo, que conozcan el producto, para transmitir ese valor al cliente. Ahora bien, si además conseguimos que lo hagan en euskera, ya es una buena nota para el sector.

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