La ballena que sucumbióa la borrasca 'Helena'

Una miembro de Ambar fotografía a la ballena varada. / MANU CECILIO
Una miembro de Ambar fotografía a la ballena varada. / MANU CECILIO

Un rorcual de 18 metros fue a morir a la playa vizcaína de Sopela y una marsopa varó en Zarautz

TXEMA IZAGIRRE

Un rorcual común de 18 metros de largo quedó varado ayer por la mañana en la playa de Atxabiribil, en la localidad vizcaína de Sopela. Seli Gabantxo, uno de los propietarios del bar El Peñón vio llegar al animal de más de veinte toneladas. «Peleaba por volver al agua», explicaba con una punzada de admiración. Fue él quien dio la voz de alerta a la Policía Municipal, que acudió al lugar en cuestión de minutos y activó el protocolo de actuación.

El cetáceo fue arrastrado por la corriente hasta la parte derecha del arenal, la más próxima a la urbanización Sopelmar. Sus intentos de volver a mar abierto, inútiles a causa del oleaje, acabaron por arrastrarle unos setenta metros, hasta el otro lado de Peñatxuri. Tenía muchas heridas, la más aparatosa en el vientre, y sangraba por ellas. «Seguramente se ha hecho con las rocas, al arrastrarle», aventuraba Gabantxo. A las 13.00 horas, los voluntarios de la asociación Ámbar le daban por muerto. «Todavía se le mueve la aleta de vez en cuando, pero parece que es más por efecto de las olas». Leire Ruiz, responsable de la agrupación, carecía de datos para saber el motivo de tan inesperada visita. «Puede ser cualquier cosa, una enfermedad, un mal golpe, incluso un ataque de depredadores».

La mar de fondo impedía llegar hasta la ballena y las biólogas desplazadas al lugar tuvieron que hacerlo todo a ojo de buen cubero. «La gente tiene muy buena voluntad y quiere ayudar empujando al rorcual al mar, pero es peligroso. Si una ola te echa el rorcual encima, ya no sales».

Débiles o enfermos

Ruiz está acostumbrada a episodios de este tipo. No es que sean habituales, pero Ámbar, asociación que integran un centenar de miembros, interviene en estos percances desde hace veintiún años. Ayer tocó doble trabajo, porque una marsopa de apenas 1,20 metros apareció en la playa de Zarautz a las nueve y media de la mañana. «Es una rareza, ya sea viva como muerta». Tanto, que los defensores de los animales luchan porque esta especie calificada de 'vulnerable' pase al apartado de 'en peligro de extinción'. Pero la lista de intervenciones de la asociación en 2018 incluye una tortuga laúd en Plentzia y un par de focas también.

Actualmente, «hay una foca en Getaria. Por la noche suele ir al puerto y por el día suele irse al agua a alimentarse», explica.

¿Casualidad? Ninguna. En esta época del año, con los fondos revueltos y fuerte oleaje, es cuando más ballenas y animales marinos terminan arrastrados hasta la arena. Moribundos o aquejados por enfermedades, su debilidad les impide luchar contra los maretones y sucumben.

El año pasado llegaron a nuestras costas 42 ejemplares marinos, en línea con lo que es habitual. Algunas intervenciones son meras asistencias, «principalmente porque llegan focas en busca de comida y luego se marchan». El cetáceo más habitual que vara en la costa vasca es el rorcual común, por delante del aliblanco o ballena enana. Así le sucedió al ejemplar de ayer. Ayer, los expertos no podían precisar su peso ni su sexo con seguridad, «porque no podemos entrar al agua. Es seguro que está muy delgada. Estaría ahí fuera enferma y ha sucumbido al temporal».

Los rorcuales que frecuentan el Cantábrico suelen ir de norte a sur y son avistados en invierno y en verano. «En esta época del año se les ve de paso y, en muchos casos, alimentándose». No es la única especie que acaba varada en nuestras playas. Los más habituales son el delfín listado y el común, aunque a veces aparecen mular, alguna marsopa y algún zifio o ballenato de Cuvier.

 

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