Sánchez se lanza a por los indecisos de centro aupado por el veto de Rivera

El presidente del Gobierno Pedro Sánchez, durante el mitin que dio este sábado en la isla de Tenerife. / EFE/ Cristóbal García

El presiente del Gobierno endurece su discurso contra el secesionismo y dedica parte de sus actos justificar la moción de censura contra Rajoy

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASLas Palmas

El CIS preelectoral publicado la semana pasada dejó algo claro: el porcentaje de indecisos es tan elevado en esta campaña para las generales del día 28 que puede acabar dando al traste con todos los pronósticos. En la dirección del PSOE creen que los más probable es que el voto de los dudosos se decante de tal manera que no alterere la tendencia que marcan ese y otros sondeos, que sitúan a su candidato a la cabeza en intención de voto y con muchas posibilidades de gobernar. Pero Pedro Sánchez necesita más para no volver a estar condicionado por la agenda secesionista. Este domingo lanzó en Las Palmas de Gran Canaria un mensaje de socorro al votante de centro.

«Queremos y necesitamos una gran mayoría parlamentaria y para ello tenemos que apelar al voto de aquellos que en los últimos 40 años alguna vez han votado al PSOE, que votaron al PSOE y se fueron a la abstención y de aquellos -llegó a decir- que no lo han votado nunca y ahora pueden pensar 'bueno, no es mi candidato pero, visto lo visto, y escuchado lo escuchado, el PSOE es el único partido cabal, sensato y moderado que apuesta por el futuro'».

El barómetro del CIS indica que, aunque hay indecisos entre los votantes de todas las sensibilidades, son precisamente los moderados los que menos claro tienen qué hacer con su papeleta. Si la media de dudosos se sitúa en un 25,3% , entre los que optaron por Ciudadanos en los comicios de 2016 alcanza casi un 30%. Y, de ellos, un 21% dudan entre la formación de Albert Rivera y el PSOE frente a un 18% que se debaten entre el partido liberal y el PP. «Nuestra ventaja -dicen fuentes cercanas al jefe del Ejecutivo- es que somos la segunda opción mayoritaria para los antiguos electores de todos los demás».

Críticas virulentas

La constatación de ese dato -sumada a la convicción, por parte de los estrategas socialistas, de que la virulencia de las críticas de Pablo Casado, Rivera y Santiago Abascal hacia Sánchez chirría al ciudadano menos radicalizado- explica en buena medida que en los primeros días de campaña el presidente del Gobierno haya endurecido su discurso contra el independentismo, del que aspira a poder prescindir, e incluso haya vuelto a sacar a pasear el artículo 155, como hizo ayer en su entrevista con este periódico.

Sánchez dedica incluso tiempo de sus mítines a tratar de desmontar la idea de que es un «vendido» al independentismo, por más que hacerlo le exija un desarrollar un argumento excesivamente complejo para actos electorales, en los que sólo funcionan ideas sencillas. Volvió a hacerlo en Las Palmas, con su explicación de la moción de censura contra Mariano Rajoy como instrumento para «dar una salida a la situación de decadencia como consecuencia de la corrupción sistémica del PP».

El líder del PSOE recordó que varias veces durante el debate dio al expresidente popular la oportunidad de dimitir, lo que habría podido impedir que él llegara a la Moncloa. «Lo que ocurrió es que entre los 350 diputados era fundamental el voto del independentismo catalán tanto para que prosperara la moción como para que no lo hiciera -adujo-. Si no hubiera salido adelante y Mariano Rajoy siguiera en el Gobierno ¿qué nos quieren decir, que habrían pactado con el independentismo su permanencia en el Gobierno de España? ¿Qué nos quieren decir, que han pactado con el independentismo tumbar los presupuestos socialistas?».

El líder de los socialistas aprovechó además para recordar cuál fue entonces la apuesta de Ciudadanos y le afeó que optara por mantener a los populares después de haber hecho de la regeneración una de sus banderas. También utilizó el veto de Rivera a cualquier pacto postelectoral con el PSOE para equipararlo a Vox. No sólo aseguró que no hay diferencia alguna entre las tres siglas de la derecha, sino que volvió a apelar a la foto de Colón. Y reclamó al votante que ha convertido en su objetivo fundamental, el moderado, un voto de castigo. «Un reproche -dijo- por no haber sabido combatir con argumentos los argumentos de la ultraderecha».

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