Tiempos formidables

Vivimos en un extraño escenario, el de la economía global, que augura momentos temibles, pero también magníficos

La palabra formidable, en su origen, significaba temible, y se utilizaba para designar las cosas a las que parecía razonable tener miedo. Todavía en el Diccionario de la Real Academia, la primera acepción es precisamente ésta: "Muy temible y que infunde asombro y miedo". Sin embargo, en la actualidad, la utilizamos con frecuencia como sinónimo de algo magnífico o extraordinario. Es curioso como en el tiempo hemos llegado a saltar de un significado a otro, ¿verdad?

Por eso, cuando me preguntan por este extraño escenario en que se ha convertido la economía global, no tengo duda en contestar: "Vivimos tiempos formidables". Formidables porque son temibles. La combinación de lento crecimiento económico y endeudamiento creciente, la desigualdad entre países y dentro de cada país, los retos derivados del descenso de la natalidad y el envejecimiento de la población, la inestabilidad de los patrones de desarrollo en países emergentes, arrojan sombras oscuras sobre este período post-crisis global.

Formidables porque son magníficos, extraordinarios. Los avances en los conocimientos científicos y tecnológicos, la cada vez más cercana promesa de poder acabar con el hambre en el mundo, una nueva revolución industrial en ciernes, un necesario cambio del modelo económico dominante que presenta síntomas de agotamiento cada vez más evidentes

Ambos significados son relevantes. Ambas emociones nos pueden dominar, el miedo o la sorpresa ante un futuro diferente, incierto. O mejor que dejar que nos dominen, podemos tratar de utilizar la fuerza de esas emociones para transformar, para cambiar todas las cosas que tenemos que cambiar. Empezando por nosotros mismos.

Porque tiempos formidables requieren personas prudentes y decididas, personas que apuesten por el conocimiento, y que sean capaces de tomar decisiones en entornos extremadamente complejos. Personas, sobre todo, que anclen esas decisiones en valores sólidos, en los valores que no cambian cuando todo lo demás se tambalea.

Es momento de despertar, de asumir la tarea que nos corresponde.

Son tiempos formidables.