Atletismo

El dopaje como medida para salir de la miseria en Kenia

Imagen del maratón en los Juegos Olímpicos de Río 2016. /Las Provincias
Imagen del maratón en los Juegos Olímpicos de Río 2016. / Las Provincias

Atletas de segunda fila que ingieren EPO meses antes de la competición aportan su testimonio: «Hacemos trampas porque las estrellas hacen trampas»

CYRIL BELAUDIten

Conocen los riesgos relacionados con el dopaje y dicen aceptarlos porque no ven otra solución para tener un buen rendimiento y sacar a sus familias de la miseria. Cuatro atletas kenianos de segunda fila, dopados con EPO, aportan su testimonio anónimamente a la agencia AFP. Como otros cientos, estos atletas se entrenan en Iten, cuna del atletismo keniano, en las mesetas que sobresalen en el valle del Rift, en el oeste del país. Son anónimos en su país, pero sus tiempos en maratón, media maratón o 10.000 metros les convertirían en corredores de primer orden en Europa o en otros lugares.

En maratón, Kenia tiene una incomparable abundancia de talentos. De los 100 mejores plusmarquistas de 2019, 38 son kenianos. Y según la Unidad de Integridad del Atletismo (AIU), casi un millar de kenianos se gana la vida en maratones por todo el mundo. Lejos de las disparatadas sumas entregadas en las carreras más prestigiosas -hasta 200.000 dólares en 2018 para el ganador del maratón de Dubái-, estos atletas sacan algunos cientos o miles de dólares de aquí y de allá. Una fortuna en un país donde un granjero puede vivir con 1,4 dólares por día, según un estudio de 2015 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Estos cuatro atletas cuentan la misma historia. Soñaban con ganar manteniéndose limpios, pero el mal ejemplo de las estrellas caídas por dopaje, la convicción de que todo el mundo está dopado y la necesidad de alimentar a sus familias les hicieron dar el paso. «Como mi familia es pobre, era necesario que me dopara para ganarme la vida», asegura Alex (los nombres han sido cambiados). «Porque no puedes rivalizar con gente que ya se dopa y esperar ganarte la vida razonablemente», reconoce.

Alex comenzó a tomar eritropoyetina (EPO) en 2017. Dice que nunca le han hecho pruebas. Toma EPO dos meses antes de la competición y no busca terminar en el trío de cabeza, sino sólo en las posiciones remuneradas, evitando así los controles. No teme ser descubierto. «En la vida hay que tomar riesgos para ganar algo razonable», argumenta. No se preocupa tampoco por los controles fuera de competición. Como sus tres compañeros, no forma parte de los mejores atletas del país, los únicos controlados regularmente por la Agencia Keniana Antidopaje (Adak).

Alex, que ha comprado tierras con sus ganancias, tiene la conciencia tranquila. «El deporte hoy en día no es limpio», asevera. «Sí, es un delito doparse. Pero por los problemas que tienes, te dices que ni siquiera tienes que disculparte por eso», destaca.

Tony comenzó a doparse con EPO cuando tenía 22 años. Elige las carreras sin controles antidopaje -caros para los organizadores- o no corre a su máximo nivel cuando los hay. Pese a ello, dice que ya le han sometido a controles y siempre ha dado negativo, pues se asegura de tomar EPO mucho antes de la competición. Tony considera que la gran mayoría de los atletas están dopados. «Yo hago trampas porque otros hicieron trampas», dice. Como los demás, un amigo le introdujo en los métodos de dopaje.

El keniano denuncia el mal ejemplo de las estrellas dopadas. «Nosotros nos los hemos encontrado saliendo de casa del doctor», asegura. «Y dos días después, ves a esa persona en la televisión. Es una gran estrella y sabes que esa persona ha hecho trampas. Entonces, como atleta joven, ¿por qué no podría hacerlo?», se pregunta. «Sí, lamento (haberme dopado), porque yo quería correr limpio», expone. «Pero esa gente nos ha influido y no tenemos elección», insiste.

Corrupción generalizada

Tony conoce los efectos secundarios de la EPO. «Eso me preocupa, porque sé que hay riesgos para mi salud y que puedo morir en cualquier momento», confía. «Pero asumo el riesgo, ya que debo cuidar de mí y de mis hermanos y hermanas», justifica. En su grupo de entrenamiento de una quincena de corredores, al menos cuatro se dopan. «Si la gente para de hacer trampas, yo pararé», apunta. «Pero si no paran, seguiré», asegura.

Todos reconocen que se ha hecho más difícil que antes conseguir la EPO. «Para mí es (fácil) ahora ya que me he hecho amigo del doctor», explica Lucas, que se dopa desde 2013, reconociendo que el médico es más precavido que antes. Donald dice haberse dopado una vez en 2014, en una carrera que le dio 40.000 dólares. Por temor a ser descubierto, paró enseguida. Pero hoy está determinado a volver a hacerlo, influenciado por los resultados de sus amigos dopados. «Desde que paré (de doparme), mi vida ha sido difícil. Por eso decidí tomar un atajo», justifica.

Todos están convencidos también de que la lucha contra el dopaje en Kenia sufre la corrupción de las autoridades. Es fácil, aseguran, sobornar a un funcionario. «En Kenia, la mayor parte de la gente es corrupta. Así que, para librarse del dopaje o de los tramposos en el atletismo, hay que luchar contra la corrupción», lanza Tony.