GBC

Con el guerrero de Gori no es suficiente

Sekulic lucha por un rebote con Yakuba, el jugador del Manresa./JOSÉ MARÍA LÓPEZ
Sekulic lucha por un rebote con Yakuba, el jugador del Manresa. / JOSÉ MARÍA LÓPEZ

Los pocos aficionados que se dan cita animan sin descanso a su equipo, pero también piden la dimisión del entrenador Illunbe presenta la peor entrada de la temporada con solo 1.722 espectadores

Borja Olazabal
BORJA OLAZABALSAN SEBASTIÁN.

Cuenta la historia georgiana que uno de sus reyes más importantes fue David IV 'El Constructor'. En su legado dejó, por ejemplo, la expulsión de los turcos selyúcidas del país, ganando la gran batalla de Didgori en 1121. Además de la creación de la ciudad de Gori, donde se encuentra la fortaleza Goris-Tsikhe. Hoy en día, y custodiando la fortaleza, podemos encontrar las estatuas de los guerreros georgianos de Gori, y si nos desplazamos hasta el Monte Didgori, podremos ver, aun clavadas en el suelo, las grandes espadas que recuerdan las que se usaron durante las grandes batallas lideradas por el rey David IV.

Como una gran guerra por la permanencia estaba marcado el partido de ayer en Illunbe. El Gipuzkoa Basket necesitaba la victoria para seguir agarrándose a un objetivo que cada día que pasa parece más complicado, pero los guerreros no consiguieron ganar la batalla. Algunos hicieron mejor las cosas, otros peor, aunque probablemente uno de los grandes problemas de este camino que debería llevar a mantener una plaza en la Liga ACB, no esté en la valía de los soldados.

Para empezar, el GBC, como club, ni siquiera consiguió formar un ejército numeroso. Las gradas de Illunbe, en un día marcado en rojo en el calendario, mostraron el aspecto más desolador de toda la temporada. Teniendo en cuenta los datos que dejan las actas de la competición, ayer solo acudieron a presenciar el partido 1.722 espectadores. Fue la peor entrada del curso. El récord negativo lo ostentaba el duelo ante el Gran Canaria, con 1.749. Con tan pocos soldados, solo los 300 de Leónidas eran capaces de ganar batallas.

Las jugadas más espectaculares del partido fueron obra de los visitantesLos árbitros consultaron en el 'VAR' la última jugada y favoreció a los locales, pero no fue suficiente

Lo que habría que dejar claro es que todos los que se acercaron a Illunbe merecen un gran aplauso. No están dejando de lado al equipo y empujaron con todo lo que tenían. El estruendo en los minutos finales del último cuarto fue importante. ¿Recuerdan cómo rugía Illunbe con 12.000 almas? Tiempos pasados...

Aunque el partido empezó frío, rápido se encargo nuestro guerrero georgiano de arengar a las masas. Burjanadze no empezó entonado, pero desde el banquillo se levantó en más de una ocasión con los brazos en alto para pedir apoyo a la grada. Pero el de Tiflis no solo se dedicó a agitar la toalla. Cuando volvió a la cancha, un triple suyo sirvió para poner a los donostiarras por delante por primera vez en el partido con el 28-26.

Y lo cierto es que el GBC mandó en el marcador casi hasta el final, pero en el último minuto todo salió mal y esa victoria que parecía estar en la mano, se escapó.

Y eso que el 'VAR' de la ACB, que realmente se llama 'Instant replay' o repetición instantánea, le había dado la posesión al Gipuzkoa Basket en la jugada que parecía determinar el ganador. Con uno arriba y 3,6 segundos por disputar, la pelota se fue por línea de fondo. ¿Para quién era?

Los colegiados se fueron a mirar a la pantalla. No lo tenían claro. Al cabo de un par de minutos, determinaron que la pelota tenía que ser para los locales. No había nada que pudiera salir mal. Solo hacía falta consumir el tiempo. Aunque te hicieran falta, con tirar la segunda a fallar se acabaría el tiempo... pero ya saben lo que pasó.

Ni victorias ni espectáculo

Alguno se preguntará por qué no va gente a Illunbe. Mayormente, porque el equipo no gana partidos. No es cuestión de fidelidad ni de nada por el estilo. En casi todos los lugares del mundo pasa lo mismo. Cuando un equipo gana, tiene a mucha afición por detrás. Cuando pierde, se queda solo. Claro está que hay excepciones, pero eso son, excepciones.

Otro de los problemas puede ser que en Illunbe no se ve demasiado espectáculo. Para muestra, algunas de las jugadas que se dieron en el duelo de ayer. En plena remontada local, Sekulic consiguió robar un balón para salir a la contra y encarar canasta. La afición esperaba un buen mate del montenegrino, pero el pívot decidió acabar la jugada con una sinsorga bandeja. Desde la grada se escuchó un grito: «¡Machaca!».

Y es que la gente, además de triunfos, quiere pasarlo bien. Normalmente, para eso acude uno a presenciar un espectáculo deportivo. Y más uno como el baloncesto, un deporte que da para acciones brillantes como mates o tapones.

Los que sí supieron como machacar el aro rival fueron algunos de los jugadores visitantes. Los mejores momentos del encuentro, esos que se recogen en los 'highlights' de los partidos, los protagonizaron Yankuba y Lundberg. El primero pasó por encima de Sekulic. Le pivotó en la pintura y se elevó en el aire para hundir el balón dentro del aro. Fue una canasta rival, pero el '¡oh!' se escuchó. Y el segundo, al contrario que el montenegrino del GBC, sí que cerró una contra machacando la canasta de Illunbe.

Pocas victorias, poco show y poco ambiente en la cancha donostiarra. Y para colmo, la afición pidiendo la dimisión del entrenador. ¿Es este el camino para poder tener un equipo competitivo en una de las mejores ligas de Europa? Parece que no. Parece que de esta manera y a falta de un partido para que finalice la primera vuelta del campeonato, el futuro del GBC pinta negro.

En una triste mañana en Illunbe, solo 'Los Bebés de la Bulla' le pusieron algo de gracia al asunto. Tocaron, bailaron, cantaron... lo intentaron de todas las maneras. Su interpretación de un clásico de los 'Beatles' como 'Yellow Submarine', pareció ser una premonición. Y es que hablar de un submarino el día en el que parece que todo se hunde...

En fin. Que parece no haber manera. Ni con canciones, ni con bailes, ni con el guerrero georgiano. Demasiadas batallas perdidas.