La última piedra de toque

La última piedra de toque

La selección de Lopetegui culmina este sábado su preparación para el Mundial tomándose la temperatura ante Túnez, un rival del estilo de Marruecos

JON AGIRIANO
JON AGIRIANOEnviado especial a Krasnodar

Por mucho que algunos lleven meses descontando los días, la verdadera cuenta atrás del Mundial comenzó para la selección el jueves, cuando aterrizó en tierras rusas y ocupó su cuartel general en Krasnodar. Casi sin tiempo para deshacer las maletas, apenas 48 horas después, España jugará este sábado ante Túnez su último amistoso. Los norteafricanos, encuadrados en el grupo de Inglaterra, Bélgica y Panamá, serán una buena piedra de toque. Forman un equipo competitivo las 'Águilas de Cartago', aunque un sobrenombre así nunca sea fácil de sobrellevar sin sufrir algunos rasguños en forma de paradoja. El partido será en el nuevo estadio de Krasnodar, un escenario impresionante. Que no sea una de las sedes de Rusia 2018 habrá que interpretarlo como una de esas cosas inexplicables de la política rusa que, en otro tiempo, eran competencia de los 'kremlinólogos'.

De un amistoso de este tipo hay que esperar lo justo. Lo primero, que no haya ningún lesionado y menos entre los futbolistas que tienen un peso esencial en la selección, es decir, aquellos que son irremplazables por mucho que Lopetegui haya doblado todos los puestos menos el de Busquets. No hace falta enumerarlos. Y lo segundo, que el equipo se sienta a gusto en el campo a una semana de su debut. «La mejor manera de prepararnos es hacer un gran partido», aseguró este viernes Julen Lopetegui, que reconoció que la elección de Túnez no había sido casual. Buscaba un oponente con buen ritmo de juego -lo tienen los tunecinos, que se han hinchado a jugar amistosos- y un estilo muy similar al de Marruecos.

Lo de sentirse a gusto, lo de las buenas sensaciones anímicas en las vísperas de un gran torneo, puede parecer una cuestión secundaria, pero no lo es. En absoluto. A estas alturas, nadie discute que el desastre del pasado Mundial de Brasil ya empezó a esbozarse nada más llegar a Curitiba, cuando un frío insospechado y un cielo triste, desplomado sobre los tejados de la ciudad, bajaron la moral hasta de los utilleros. Ahora debe ser distinto. El sol lucía ayer en Krasnodar. Los termómetros marcaban 26 grados. Era un calor húmedo, muy similar al que le esperará a España el próximo viernes en Sochi, que está 400 kilómetros. En Rusia a eso se le llama la vuelta de la esquina.

Lopetegui no quiso dar pistas. Lo lógico es pensar que apostará de inicio por un once muy similar al que opondrá a Portugal. Sergio Ramos, Isco y Busquets, tres indiscutibles que faltaron ante Suiza, estarán sobre el césped con toda seguridad. En el caso del centrocampista del Barça, cuya ausencia en Villarreal por un problema gastrointestinal disparó los comentarios sobre su verdadero estado físico, parece que no hay dudas. «Está perfectamente», zanjó el seleccionador. Carvajal, por su parte, sigue con su proceso de recuperación. Algunas informaciones han apuntado estos días a que iba más lento de lo esperado, pero el técnico de Asteasu afirmó todo lo contrario. «Hay que sujetarlo de las ganas que tiene. Está cumpliendo los plazos y estamos encantados de su recuperación. No sé si al primer partido, pero tengo ninguna duda de que va a llegar».

El choque de este sábado obliga a una visión panorámica y otras más de detalle, con la lupa. Respecto a la primera, habrá que poner el foco en la fluidez y profundidad del juego de la selección ante un rival al que no conviene desdeñar por mucho que, en estos días previos, esté siendo noticia más por sus entrenamientos nocturnos para que los jugadores puedan cumplir los preceptos del Ramadán que por otra cosa. Respecto a los detalles, hay que referirse a futbolistas concretos. Uno de ellos es Isco, jugador esencial para Lopetegui. De hecho, ha sido casi su emblema en los dos años que lleva como seleccionador. Se habla mucho, y con razón, de la sociedad Iniesta-Silva como crucial en la definición del estilo de juego de la Roja. Ambos son símbolos de un pasado glorioso, los portadores de la llama de Sudáfrica, podríamos decir. Ahora bien, parece claro que con ellos no basta, que ante los grandes rivales de este Mundial España necesitará más carga de imaginación, una mayor continuidad en las acciones de puro talento. No valdrá con los chispazos. Hará falta corriente continua. Y eso sólo será posible con una gran versión de Isco. Será interesante tomarle la temperatura ante Túnez.

Otro de los detalles a los que será obligado enfocar será el que supone Diego Costa. Cuatro años después, el hispano-brasileño sigue siendo un debate en sí mismo dentro de la selección. Hoy por hoy, es la gran incógnita que Julen Lopetegui no quiere despejar. Frente a los que le consideran un elemento extraño, incapaz por sus características de mezclar bien en el juego de España, hay otros que le tienen una enorme fe. Aunque el seleccionador es uno de ellos, el examen de este sábado puede ser definitivo para el delantero centro del Atlético.

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