El gran Galitsky

Impresiona la obra de este multimillonario en Krasnodar

Interior del Krasnodar Stadium, donde el sábado se disputó el amistoso entre España y Túnez. /Javier Etxezarreta (Efe)
Interior del Krasnodar Stadium, donde el sábado se disputó el amistoso entre España y Túnez. / Javier Etxezarreta (Efe)
JON AGIRIANO
JON AGIRIANOEnviado especial a Krasnodar

Antes del España-Túnez, Sergey Galitsky se dejó ver en una de las entradas al Krasnodar Stadium. Los periodistas ya estábamos dentro del campo y fue una pena no poder observarle unos minutos, ver cómo se movía, cómo atendía a la gente que se le acercaba, cuál era su gesto cuando le daban las gracias por todo lo que había hecho por ellos. Si testigos presenciales no me hubieran informado de lo contrario, me lo hubiera imaginado distante, rodeado de su familia y de una cohorte de guardaespaldas rubios y fríos que no se quitan las gafas de sol y el pinganillo ni en la ducha. Cada cierto tiempo, ante la insistencia de sus súbditos, el amo y señor de Krasnodar extendería la mano para que se la besaran como muestra de gratitud, o se dejaría fotografiar con algún niño.

Pues no, oiga. Galitsky, por lo visto, es un hombre simpático y accesible, cercano a la gente, acostumbrado a escucharla. De ahí quizá su éxito en los negocios, la manera en que un chaval humilde de origen armenio pasó de regentar un mercadillo a crear una cadena de supermercados que le ha convertido en uno de los grandes multimillonarios de su país. La verdad es que nos estamos haciendo muy de Galitsky los periodistas que cubrimos a la selección. Krasnodar no es un lugar al que uno volvería. Tiene poco que ver y tus posibilidades de hacerte entender en la calle -nadie habla inglés- son las mismas que en la estepa de Mongolia. Ahora bien, cada vez que nos acercamos al estadio, a la Academia de Fútbol donde tiene su cuartel general la selección y al espectacular parque público de 22,7 hectáreas que le rodea, todo ello obra de Galitsky, tenemos la sensación de que estamos en el lugar correcto.

También la tienen los jugadores españoles, que han alucinado con las instalaciones. Sencillamente, son perfectas. Es fácil imaginar a algunos de ellos recordando la experiencia en Curitiba, aquellos días de frío y lluvia gris mientras veían a sus rivales entrenar con sol carioca y darse chapuzones en las playas. Aquello fue duro y sirvió de excusa para el desastre. En los dominios de Galitsky, en cambio, no hay excusas que valgan.

-Karim Benzema. El desintegrador

En Francia se sigue discutiendo sobre la convocatoria de Deschamps. Y es natural porque algunas ausencias chirrían en exceso. Pienso en Payet o en Kondogbia, por ejemplo, y también en Benzema, desterrado de los 'blues' desde hace más de dos años. Emmanuel Macron se refirió este domingo al delantero madridista en unos términos extraños. «El seleccionador sabe que incluso un jugador con talento, si no se lleva con el grupo, puede desintegrar todo», dijo. Sus palabras me causaron sorpresa. Podría haberse salido por la tangente y hacer una declaración hueca que no molestara a nadie, pero dejó caer la sospecha de que Benzema puede ser en la selección francesa no ya un factor de inestabilidad sino un auténtico veneno, la manzana podrida del barril, un elemento pernicioso y desintegrador. Qué quieren que les diga: tras años viéndole en el Madrid lo último que pensaría de este jugador es que tiene semejante capacidad destructiva.

Emmanuel Macron se dirige a los componentes de la selección francesa.
Emmanuel Macron se dirige a los componentes de la selección francesa. / François Mori (Reuters)

-Iago Aspas: El debate

Iago Aspas está siendo estos días uno de los protagonistas de la selección. El debate sobre su titularidad ha crecido tras su gol a Túnez, poco después de saltar al campo con el desatascador. El delantero gallego habló ayer en Krasnodar y estuvo impecable. «Me gustaría jugar de titular. La decisión la toma el mister. Para mí es un sueño estar aquí, jugar cinco minutos, quince o cuarenta y cinco. Quiero aportar al equipo», dijo, cuando le preguntaron sobre su papel como revulsivo. A Aspas le avalan su calidad, sus goles -20 en la pasada Liga- y la percepción general de que es el que mejor sintoniza en el campo con Silva, Iniesta e Isco. También parece tener un hándicap. A mí al menos así me lo parece: juega en el Celta. Puedo estar equivocado, influido de mala manera por un prejuicio que no se corresponde con la realidad. Pero no me quito de la cabeza que, si Aspas jugase en un grande, su titularidad en este Mundial sería indiscutible.

Iago Aspas recibie la felicitación de sus compañeros tras el gol ante Túnez.
Iago Aspas recibie la felicitación de sus compañeros tras el gol ante Túnez. / Pierre-Philippe Marcou (Afp)

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