Tolstói y Zweig, frente a frente

Tolstói y Zweig, frente a frente
IVÁN MATA

Un libro que mantiene un tenso interés mediante la exposición de textos inéditos del escritor ruso comentados por el autor vienés |

Santiago Aizarna
SANTIAGO AIZARNA

Deja escrito Iván de los Ríos, en el prólogo de este libro, que «si uno lee la carta redactada por Zweig antes de morir, entiende con claridad el puente que une y a la vez separa a ambos intelectuales, el camino empedrado que hermana el desasosiego y, por tanto, la literatura de Zweig con las inquietudes filosóficas y religiosas de Tolstói».

En esta carta -que me parece a mí que es de una serena visión de la vida vivida hasta la desembocadura en la muerte por si mismo procurada y aún más allá; después de declarar y notificar para que no quede duda alguna de que escribe por su propia voluntad y en plena lucidez, y tras piropear como acto de fina cortesía al país elegido para esa su propia ofrenda; escribe Zweig: «Cada día he aprendido a amar más este país, y no habría reconstruido mi vida en ningún otro lugar después de que el mundo de mi propia lengua se hundiese y se perdiese para mí, y mi patria espiritual, Europa, se destruyese a sí misma. Pero comenzar todo de nuevo cuando uno ha cumplido sesenta años requiere fuerzas inusuales, y mi propia fuerza se ha gastado al cabo de años de andanzas sin hogar. Prefiero, pues, poner fin a mi vida en el momento apropiado, erguido, como un hombre cuyo trabajo cultural siempre ha sido su felicidad más pura y su libertad personal, su más preciada posesión en esta tierra. Mando saludos a todos mis amigos. Ojalá vivan para ver el amanecer tras esta larga noche. Yo, que soy muy impaciente, me voy antes que ellos». (Stefan Zweig, Petrópolis, 22 de febrero de 1942).

Una trágica peripecia y experiencia de fugitivo la vivida por ese gran personaje de la literatura centroeuropea que fue Stefan Zweig, clasificado como no ario y, por lo tanto y por su prestigiosa firma, pesando sobre todos sus libros la condena de prohibida su lectura por el mundo nazi. Un ser un tanto impaciente asimismo que, ahí por el año 1937 da en la idea y proyecto de recuperar unos cuantos textos del gran novelista que fue Lev Tolstói y a quien ni el mismísimo Turguéniev pudo rescatarlo precisamente para el mundo literario, en petición conmovedora: «Sea ésta, escribe, la última y más sincera voluntad de un moribundo. ¡Regrese a la literatura! Este es su verdadero talento. Gran escritor de nuestra patria rusa, ¡escuche mi ruego!») pero para quien Zweig recrea otro proyecto de gran importancia, el de rescatar unos cuantos textos muy poco conocidos, casi se diría que inéditos, y, para cuya presentación escribe un magnífico texto introductorio.

Refinada sensibilidad

El resultado final es el que se puede encontrar en este libro, en el que, escalonadamente, podemos hallar textos tolstóianos tales como 'El conocimiento de mí mismo', 'Una crítica de mi tiempo', 'Filosofía de la Historia', 'El rey asirio Asarhaddón', 'Tres parábolas', 'Nicolás Varapalo' y 'Lo que mueve a los hombres'. Textos a los que anteceden 'La fuga y la finta: Stefan Zweig, lector de Tolstói'; y 'Tolstói, pensador radical', de Stefan Zweig; y, para terminar, otro magnífico texto de Stefan Zweig: 'La tumba más bella del mundo', que, naturalmente, estamos hablando aquí de la tumba de Lev Tolstói, de la que dice que «no he visto en Rusia nada más grandioso y conmovedor»(...) La cripta de Napoleón bajo la bóveda de mármol del Palacio Nacional de los Inválidos, el féretro de Goethe en su sepulcro principesco en Weimar o el sarcófago de Shakespeare en la Abadía de Westminster: ninguna de estas imágenes sacude lo más humano que hay en cada uno de nosotros como lo hace esta tumba sin nombre, este sepulcro emotivo y glorioso que guarda silencio en la inmensidad del bosque, susurrado únicamente a través del viento y desprovisto de todo mensaje y toda palabra», que, diría yo que, según qué mirada reflexiva, qué ayuntamiento tan empático, qué corte de barajas de dos sensibilidades tan acordes como complementarias, es donde mejor se conjuga la oración ya tan cordial como cumplida de la refinada sensibilidad del vienés y de la grandeza 'per se' inconmensurable del ruso, ambos ya en el terreno abisal de su huella escatológica, firmemente sellada y hasta acuñada a su recuerdo.

LA REVOLUCIÓN INTERIOR

Autor: Tolstói-Zweig.

Género: Ensayo.

Editorial: Errata Naturae.

Páginas: 224.

Precio: 19 euros.

El resultado, en el encuentro entre estos dos colosos, es el de la digresión (o digamos mejor la divagación tan entrañada pese a todo de dos aventuras humanas tan distintas que, al fin y al cabo, nada puede darse mejor que su encuentro: tan distinto todo en la trayectoria del escritor ruso ornado con todo lo mejor de la vida desde su nacimiento cimentado luego con gloria, fama y riqueza que, sin embargo deja exangüe y sin agarradero alguno, si no es con el despojo de sí mismo y su entrega a la aventura de su vivir. Contrastado todo ello por la ruta fugitiva del vienés que si, igualmente merecedor de todos los honores habidos y por haber en el terreno literario (bien en obras de creación, en estudios biográficos de grandes figuras, en pensamientos de arquitectura de ideas, etc) lo que la vida le depara en cambio, es no otra cosa (que bien puede ser también magna) que un suicidio en un hotel, endulzado acaso, en cierto modo y quién sabe hasta qué punto, por la compañía de su esposa. Un vaso de incoloras evocaciones letales sobre la mesilla y la ancha avenida, sin duda, de la mezcla de las realidades tan amargas y de los sueños tan en cabalgata apisonadora, fusión de dos seres de tan distinto recorrido real pero de tan buena mutua percepción que sirve para mejor conocer su urdimbre de almas.

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