Salvado del efecto Eurovisión

Salvador Sobral dejó constancia de su espíritu juguetón en su actuación en la 'Trini'. / SARA SANTOS

Salvador Sobral se ganó al público con sensibilidad y humor y un lugar en el Jazzaldia con su faceta más seria y rigurosa |

Ricardo Aldarondo
RICARDO ALDARONDO SAN SEBASTIÁN.

La noche del sábado tuvo dos protagonistas muy distintos: si se habían agotado las entradas varias semanas antes era por el tirón de Salvador Sobral, pero los amantes del jazz más genuino gozaron más con el Benny Green Trio. Sin embargo, a pesar de algunos excesos, el portugués demostró que ha sabido vadear con arte el efecto de haber ganado el Festival de Eurovisión, un hecho que él maneja con humor y como una anécdota simpática en una carrera que va por otros derroteros más rigurosos y con una personalidad propia, en la que no ha hecho mella ningún espíritu competitivo. Al contrario, Sobral va a su bola, completamente.

1Contrastes de juguetón. No salió a demostrar nada, aunque se le notaba con la responsabilidad encima de cantar en un festival donde han estado todos los grandes del jazz, pero Salvador Sobral enseguida reveló que sus intereses musicales van mucho más allá de la melancólica sensibilidad de 'Amor pelos dois', canción que por otra parte no se guardó para buscar el fácil climax final. Hizo swing veloz con cambios de ritmo en 'Something Real' y hubo devaneos entre el pop y la canción portuguesa entre el fondo jazzístico de canciones como 'Change' y 'Nada que esperar'. Pero es en los registros más reposados y emocionantes cuando su voz se vuelve más singular, sin necesidad de demostrar que tiene más registros, que los tiene: sus versiones de 'Nem Eu' de Dorival Caymmi y 'Ay, amor' de Bola de Nieve son una preciosidad, además de sus 'Pressagio' y 'Cerca del mar'. Pero a veces se empeña en aplicar contrastes excesivos con su espíritu permanentemente juguetón.

2Céntrate, Salvador. Con su aire campechano y quedón, y con una gracia innata, Sobral aplica constantemente el humor y la espontaneidad. En las presentaciones le queda de maravilla, y se gana al público con merecimientos. En las canciones no le funciona tan bien. A menudo rompe el tono de una canción con salidas estentóreas, un rugido, un grito, un tono bromista, unas onomatopeyas, una teatralización con las palabras de 'La vida es sueño', un minuto operístico en italiano (cantó en cinco idiomas a lo largo de la noche). Es admirable la capacidad que tiene para pasar del cachondeo al recogimiento en un instante, pero a veces dan ganas de recomendarle: «Para un poco y céntrate, Salvador, en lo que mejor sabes hacer y en los tonos más valiosos de esa voz».

3Guiño infalible con 'Txoria txori'. La sorpresa surgió en el bis, primero porque Sobral salió solo y se sentó al piano que hasta entonces había tocado con mucho gusto y buenos recursos su fiel Júlio Resende. Y después porque mientras interpretaba la también muy bella 'Prometo nao prometer', enlazó con el 'Txoria Txori' de Mikel Laboa, que cantó con ternura y entrega. El guiño le quedó bordado, con los suaves coros del público. Pero quiso acabar en tono festivo, y de ese climax emocional tan íntimo, pasó al ímpetu tropical de 'Anda estragar-me os planos' y todo el mundo acabó ovacionándole en pie.

4Un respingo de Benny Green. El pianista Benny Green en la primera parte de la noche del sábado en la 'Trini' dio toda una lección apasionante de hard-bop, incluso espectacular sin proponérselo: había que ver el frenesí y la digitación inagotable que despliega sobre las teclas del piano, con precisión admirable y como retándose a sí mismo, poniendo todo su cuerpo en tensión y en posición para acometer un reto que es más pasional que técnico, afortunadamente. Pero en medio de esa concentración, Benny Green giró la cabeza como diciendo «¿qué ha sido eso?» aunque sin que el respingo afectara a su ejecución. Era, por supuesto, el estruendo repentino de los cristales de los contenedores, que siguen alterando algún momento de cada noche en la Trinidad, al igual que el elevado murmullo que llega de la terraza de la Gastronómica y que también invadió los momentos más tenues del canto de Cécile McLorin Salvant. Lo de siempre, vamos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos