Jon Bagüés: «Mi reto es dejar Eresbil ordenado para mi relevo dentro de dos años»

Jon Bagüés, en el archivo de Eresbil./IÑIGO ARIZMENDI
Jon Bagüés, en el archivo de Eresbil. / IÑIGO ARIZMENDI

El responsable del Archivo Vasco de Música hace un balance positivo a los quince años del cambio de sede al edificio Niessen de Errenteria

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.

Después de dieciocho años al frente del Archivo Vasco de Música-Eresbil, su director, Jon Bagüés (Errenteria, 1955) afronta los nuevos retos del centro, como la digitalización de fondos, con la vista ya puesta también en su relevo, que tendrá lugar dentro de dos años y medio cuando se jubile. Bagüés considera que el traslado en 2002 del Archivo al edificio Niessen de Errenteria ha dado más visibilidad a la institución, que alberga 250.707 documentos inventariados. Y no sólo de música clásica: «Creo que la nuestra es la mayor colección que hay en el País Vasco. Nuestro sueño sería que dentro de veinte o treinta años, un nieto venga a por la grabación que hizo su abuelo rockero».

- Cumplidos quince años del traslado de la sede de Eresbil de Capuchinos a Niessen, ¿qué ha supuesto para el Archivo?

- La madurez. Ha supuesto pasar de unos medios que no eran profesionales en cuanto al edificio y al cuidado del patrimonio a unas instalaciones donde está todo perfectamente conservado. Eso ha supuesto que ha entrado muchísima más documentación gracias a que hemos ganado en visibilidad. No sólo eso: el equipo, conformado por diez personas, se ha mantenido estable a pesar de la crisis, lo cual ha permitido hacer un trabajo sólido.

- Hace quince años me comentaba que el reto de Eresbil era dar el salto a la divulgación de sus contenidos. ¿Lo ha conseguido?

- Sí, pero más lento de lo que yo pensaba.

- ¿Por qué?

- Es complejo. Nos siguen llegando muchos documentos, con lo cual, conseguir una velocidad de catalogación que impida que te sobrepasen las entradas no es fácil. Hemos tenido suerte en que gracias a internet todo el catálogo de toda la biblioteca de Eresbil está disponible 'on line'. Hasta el año pasado no hemos podido hacer una guía de los 170 fondos que tenemos, con un inventario de cada uno de ellos. Ha sido un trabajo más lento de lo que pensaba.

- ¿Y está ya todo ordenado al día?

- Yo diría que sí. Siempre hay cosas pendientes. Por ejemplo, si te llega toda la fonoteca de Herri Irratia supone que en una mañana te llegan 26.000 documentos. ¿Qué hago con esto? Y aún no hemos podido hincar el diente.

- En estos quince años han cambiado los usos de bibliotecas y archivos. ¿Cómo ha afectado a Eresbil esta evolución?

- Muchísimo. Eso lo discutimos muchos aquí. Lo que nos gusta es que la gente venga y salsee porque siempre digo que cuando te acercas a una biblioteca, tú vas a por una cosa, pero si trasteas encuentras otras que igual no sabías ni que existían, otro mundo. Siempre le digo a la gente: «No os fiéis de lo que os digamos nosotros porque os vamos a responder de una manera concisa a una cuestión concreta, pero si vienes aquí te abres puertas a muchos más temas. Eso ha cambiado. Es verdad que nosotros lo hemos propiciado. Somos conscientes de que investigadores que vienen de fuera no tienen mucho tiempo y, como he sufrido en mis propias carnes aquellos procedimientos que te obligaban a rellenar tres fichas para consultar tres documentos, lo que hacemos es sacar toda la caja y que la revisen. Normalmente, la gente viene una vez, ve lo que le interesa y pide copias.

- ¿Ha cambiado en estos últimos tres lustros el perfil del usuario habitual?

- Digamos que sí, pero ha ido cambiando con los servicios educativos que ha ido dando el país. Cuando nosotros nacimos no existía Musikene, por ejemplo, que ha cambiado el concepto de enseñanza de música superior en el País Vasco, con lo cual sus alumnos nos visitan, nos conocen, y eso ha supuesto una nueva fuente de usuarios. Los músicos, por su parte, siguen interesándose por nuestro archivo. El último director de la Orquesta de Euskadi, Robert Treviño, ha estado dos tardes completas consultando cien obras sinfónicas de compositores vascos de todas las épocas. Nos resulta muy interesante que una visión muy especializada nos ayude a poner en valor músicas que, de lo contrario, quedan escondidas.

«La creación de Musikene ha supuesto la aparición de un nuevo tipo de usuarios»

«Eresbil guarda música clásica, pero también es el mejor archivo de pop y rock vasco»

«Este año queremos empezar un mapa de los fondos musicales que hay en el País Vasco»

«Si me dejaran pedir un deseo sería contar con una partida extra para editar publicaciones»

- ¿Es más importante hoy en día para un archivo la calidad que la cantidad?

- Sí, seguramente. Deberíamos tender a especializarnos más.

- ¿En el caso de Eresbil?

- Ya estamos especializados. Estamos relacionados con otros centros de documentación de toda España, pero centrados en los compositores vascos y ahí no hacemos cribas. No somos quién para establecer criterios de calidad, ya vendrán los musicólogos, los historiadores... Sí que es verdad que en el caso de la música, como en el del teatro, puede haber muchas obras nunca estrenadas en la casa del autor. Pasa mucho con obras difíciles, para orquesta, para banda... Al no ver la edición, sólo se conserva el manuscrito que guarda su autor. Ese sería para nosotros nuestro núcleo de acción. Poco antes de venir al Niessen, cambiamos el subtítulo del archivo, que pasó de llamarse Eresbil - Archivo de Compositores Vascos para pasar a ser Eresbil - Archivo Vasco de la Música. El 'Vasco' era de ubicación porque ya teníamos archivos de música que no era vasca. Funcionamos por círculos concéntricos: nuestro núcleo es la música vasca y de los compositores vascos, pero después, si te llega algo interesante lo conservas porque vale tanto para los intérpretes de aquí como para los de fuera. Esa apertura es importante, sabiendo cuál es tu núcleo como objetivo.

- El ciudadano vincula Eresbil a la música clásica, pero también alberga el que quizás sea el mayor archivo de pop vasco, rock radical vasco o del 'Donosti Sound'.

- Probablemente porque intentamos tener no sólo discos publicados, sino también maquetas. Siempre habrá gente que tenga grabaciones que nosotros no, pero por casas discográficas como por grupos musicales, yo creo que la nuestra es la mayor colección que hay en el País Vasco. Nuestro sueño sería que dentro de veinte o treinta años, un nieto venga a por la grabación que hizo su abuelo rockero. Eso sería fantástico.

- ¿Cuál es ahora mismo su principal reto como director de Eresbil?

- Dejar la casa ordenada para mi relevo dentro de dos años, combinado con la entrada de nuevos fondos, y el desafío digital. La gente se tiene que dar cuenta de que todo no puede digitalizarse. No podemos digitalizar todos todo porque eso es más caro de lo que nos pensamos y lo que gastemos en eso no podremos invertirlo en otras cosas, como adquisiciones. Ése es un reto importante. Por otro lado, está la seguridad en internet.

- ¿Han tenido algún incidente?

- No, pero sí algún susto pequeño porque nuestro servidor es doméstico. Llevo años diciendo que el documento digital es mucho más frágil de lo que nos pensamos. Puedes tener un disco duro lleno de información y una buena mañana lo enchufas y, no se sabe por qué, lo has perdido todo. Nos pasó con un disco duro del que, por fortuna, ya había copia. Desde el año pasado los documentos del archivo digital no los guardamos nosotros, que tenemos una copia de uso, sino el Gobierno Vasco.

- Se jubila dentro de algo más de dos años...

- Todos somos sustituibles y a mí me toca por edad. Habrá una sustitución para la que yo ya he hecho una propuesta, pero eso es algo que tendrán que decidir los patronos de la Fundación. Cada cuatro o cinco años he ido planteando planes estratégicos y en 2017 ha acabado uno. Ahora, he planteado un plan de 2018 a 2021, cuando me iré.

- ¿Con qué contenidos?

- Tiene que ver con la colección, con el tratamiento documental, con la difusión, con las relaciones con otras instituciones... Tenemos que poner un punto y coma a todo lo hecho hasta ahora. Por ejemplo: para mí es muy importante haber concluido la guía de fondos porque implicaba que todos estaban inventariados y que la gente pudiera saber que estaba aquí. El eje principal del nuevo plan es acabar con la digitalización, hacer un libro de buenas prácticas para que no se pierda ese conocimiento acumulado y este año empezaremos el mapa y diagnóstico de los fondos musicales del País Vasco.

-¿Cuáles son los principales?

- En general, todas las instituciones con un mínimo de solera tienen un archivo musical importante. Por ejemplo, el Orfeón Donostiarra tiene uno estupendo; la OSE tiene también el suyo propio; las iglesias guipuzcoanas, como el santuario de Aránzazu. Soy como un autor de una única novela: mi tesina de licenciatura en 1979 fue el catálogo del archivo de Aránzazu y este año comenzamos a recatalogarlo. Aquel catálogo lo publicó la Caja Provincial de Guipúzcoa y luego lo pasamos a una base de datos, pero ahora he planteado volver a catalogarlo con unas normas internacionales. En España nos conocen mucho a Eresbil, pero fuera, no tanto.

- ¿Dificulta su tarea el hecho de que la música no siempre tenga hoy en día soporte físico?

- Nos va a complicar el trabajo, sobre todo, hasta que no se sepa cómo se estabiliza el mercado. Cuando se hacía un disco, se presentaba, se distribuía. Ahora, no hay disco, a veces ni presentación. Un grupo decide poner en Bandcamp dos temas, pero mañana retira uno porque ha hecho una versión mejor y pone otros tres. Controlar por disco era muy cómodo: lo tienes físicamente, lo catalogas, pones una ficha en internet... Todo ese proceso de difusión estaba muy bien planteado. Con internet, queda muy abierto. Hay una ley de depósito legal electrónico que nadie sabe cómo va a funcionar. El mes que viene se celebrará en Musikene un encuentro de la Asociación Española de Documentación Musical y yo he propuesto una mesa redonda sobre la edición de las partituras en el siglo XXI y una de las cuestiones es las partituras electrónicas, es decir, hasta qué punto controlamos las que se editan. Yo creo que muy poco. Seguramente, este problema lo solucionarán las máquinas.

- Si le dijeran que pidiera algo para Eresbil, ¿cuál sería su elección?

- Un dinero extra para ediciones. Contamos con un presupuesto de 700.000 euros, de los cuales unos 20.000 son para compras, pero no tenemos una partida para editar. Gracias a la Diputación, editamos con un sello de Barcelona las partituras sinfónicas de Francisco Escudero y eso convendría hacerlo también con otros compositores. En el año de Usandizaga intenté que hubiese 10.000 euros, que tampoco me parece una cantidad bárbara, pero no hubo. Es importante porque un director de orquesta extranjero no va a interpretar una obra si no tiene una partitura en condiciones. Eso es así. Por otra parte, me gustaría prestar apoyo a grabaciones inéditas o de patrimonio y, sobre todo, publicar una serie en línea con lo que los franceses llaman 'penser la musique', es decir, escribir reflexiones sobre música. Por ejemplo, es una vergüenza que las biografías más actuales de Guridi o Usandizaga tengan ya más de cincuenta años. Entre Musikene y Eresbil queremos hacer una colección de biografías con dos series: una, sobre compositores fallecidos y otra, en apoyo a los que tienen ya cincuenta o más años. Que tengan un catálogo que les sirva de tarjeta de presentación en festivales u orquestas extranjeras. También quisiera aprovechar la ocasión para pedir a toda aquella entidad o institución que programe música que nos remita un programa de mano para su conservación.

- ¿Qué cuenta sobre los vascos el fondo del archivo de Eresbil?

- Buena pregunta... Responde a nuestra historia que, en lo musical, no es tan antigua. Empezamos a tener una cierta historia a mediados del siglo XIX, que es cuando el país comienza a estructurarse de una manera industrial, con editoriales e imprentas. Y pienso que el área de San Sebastián es importante porque a finales del siglo XIX y principios del siglo XX se convierte en algo especial y está poco estudiado.

- ¿Por qué?

- Se dan varias circunstancias. San Sebastián es en ese momento una ciudad pequeña en la que se conocen todos. Hay mucha gente que tiene dinero y que le gusta la música, incluso es intérprete. Y hay políticos, incluso alcaldes de Donostia, que son músicos. Hoy en día nos parece muy raro tener un compositor o un pianista de altísimo nivel de alcalde, pero ocurrió hace cien años, con Leo de Silka, por ejemplo. Eso tiene una repercusión en el apoyo a la música y no es casualidad que el Bellas Artes funcionara como lo hizo, que hubiera varias orquestas o que el Casino llegara a programar hasta tres conciertos al día. Hay cosas que conocemos muy poco, como que posiblemente el jazz entró en España a través de Donostia. Además, la I Guerra Mundial convierte a Donostia en un lugar de espías, diplomáticos y cosmopolitas, con la música cobrando mucha importancia. Cuando repasas los nombres de compositores relacionados con San Sebastián te salen Usandizaga, Sorozabal, Aita Donostia, Beltrán Pagola... Son compositores grandes con obra importante.

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