Eli Tolaretxipi: «La poesía requiere de lentitud y sensibilidad»

IMANOL TROYANOSAN SEBASTIÁN.

Cuatro años después de publicar 'Edgar', un poemario en el que homenajeó la figura de Edgar Allan Poe, a través de las mujeres a las que dio vida en sus cuentos, Eli Tolaretxipi (San Sebastián, 1962) presenta esta tarde en Elkar de la Parte Vieja (19.00h) su último libro de poemas: 'Incidental'. La poeta «olímpica» -acudió al Parnaso de Poesía organizado en Londres en 2012, a raíz de los Juegos Olímpicos-, profesora de inglés y traductora, pretende «abrir otras partes del cerebro» del lector con una compilación de cerca de cuarenta versos concebidos entre «paseos y lecturas».

- ¿Qué ideas trata de aglutinar en torno al título 'Incidental'?

- Busco ir a lo abstracto. Incidental es como la música que surge improvisadamente mientras se proyecta una película. Incidental en el sentido en el que algo incide, algo tiene un efecto, e incidental como incidente, las cosas que ocurren. Me gusta jugar con las distintas acepciones de las palabras. El lector tiene menos referencias a las que agarrarse en este libro. Es más abierto a la interpretación que 'Edgar'.

- ¿Y cuál es el mensaje que busca transmitir?

- Ninguno, es como que pasa la vida. La poeta Olvido García Valdés dice que «en el poema queda la vida». Han sido anotaciones de días, de paseos, de lecturas. Es una especie de registro de los días. En ese sentido igual es un libro de poética. Tiene que ver con los estados de ánimo. No es una poesía pegadiza en la que vayas a subrayar muchos versos.

- Para ello hace uso de un estilo melancólico y áspero.

- Es una tónica general en mi poesía. Es áspera y tiene ese lado existencial. Un estado que no es muy apasionado ni muy frío.

- ¿Cómo debe enfocar el lector sus poemas?

- Cada lector tiene que hacer suyos los poemas, e interpretarlos a su manera. Hay que hacer un esfuerzo para leer poesía, pero no es necesario analizar ni llegar a conclusiones. Lo que más me interesa es crear una especie de estado.

- ¿Qué debe hacer para saborearlos mejor?

- La poesía requiere de lentitud, y con este libro al principio, en una primera lectura, puede que no se entienda nada. Hay que leerlo varias veces, aunque tampoco exige de una formación especial, sino de sensibilidad. Se debe estar abierto a eso y a entender lo que cada uno quiera. La poesía no aspira a la comunicación. Yo la considero como una conexión. Conexión con otras partes del cerebro que hay que abrir.

- ¿Cuánto tiempo le ha llevado elaborar cada uno de los versos?

- El proceso es bastante lento y he llegado a hacer diez versiones en algún caso. Es como quitar capas de una versión a otra. Eso sí, ahora el tiempo me da más de sí. Antes le dedicaba más horas porque tenía más tiempo, ahora que tengo menos me cunde más. Me puedo sentar dos tardes y hacer lo que antes hacía en dos semanas. He aprendido a trabajar con más presión.

- Hace referencia a otras autoras en su obra: Simone Weil, Clarice Lispector, Denise Levertov... ¿Qué grado de importancia han tenido?

- Denise Levertov me ha inspirado, su poesía me gusta mucho. Pero ha sido una inspiración inconsciente. Ella tenía la teoría de la poesía orgánica. Estableció una conexión con lo natural, entre lo que tenemos dentro y lo de fuera.

- En el libro escribe que «el poema es interno», ¿tiene otra manera de serlo?

- Hago mención a que es como una espiral, que parte de dentro, de la subjetividad. Pero podría ser mucho más objetivo. Esta obra, más que lírica, es poesía objetiva, pero que parte de un interior que es subjetivo.

- (...)

- A veces siento que todo está muy cerrado, que somos un número, y el mundo es una especie de caos muy ordenado y vigilado. La poesía es una especie de protección y consuelo a todo eso. Es el modo de crear mi propio caparazón para protegerme de la vida. No persigo mirar al lado bonito de la vida, sino hacerlo al lado terrible de otra manera.

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