«Comemos como vivimos»

Escolares de sexto de Primaria de Urkizu escuchan explicaciones sobre el pan del caserío Sosola, con Aizpea Eizagirre. /  FOTOS: FÉLIX MORQUECHO
Escolares de sexto de Primaria de Urkizu escuchan explicaciones sobre el pan del caserío Sosola, con Aizpea Eizagirre. / FOTOS: FÉLIX MORQUECHO

Eibar acogió ayer una jornada sobre Slow Food que hizo hincapié en el producto local, con Andoni Luis Aduriz como voz destacada |

Félix Morquecho
FÉLIX MORQUECHO EIBAR.

El siglo XXI ya ha cubierto un buen tramo de años y aunque los coches aún no vuelan (en general), el ritmo de vida de la mayoría se ha contagiado de una velocidad hacia no se sabe dónde. Slow es la palabra inglesa que significa despacio, y ese encabezamiento sirve como base para la filosofía Slow Food, una práctica que habla de lo que nos metemos en la boca. El Ayuntamiento de Eibar sirvió ayer de marco para una jornada en torno a un movimiento que arrancó en Italia hace más de 30 años.

La cita contó con ponentes y presentaciones a lo largo de toda la jornada. El más destacado fue Andoni Luis Aduriz, reconocido chef en el restaurante Mugaritz que demostró también dotes de comunicación para hacer llegar el porqué de su integración en el movimiento Slow Food hace más de quince años. «La cocina es un reflejo de la sociedad, comemos como vivimos, y vivimos la vida con prisas» señaló. Un vídeo con un plano aéreo del restaurante que atesora dos estrellas Michelín le sirvió para señalar de dónde provienen buena parte de sus productores. «Yo quiero consumir producto local, pero el café no crece en Eibar, viene de Colombia. No me preocupa que haya un tránsito, pero sí me preocupa cuando se benefician solo unos pocos» señaló. Aportó más datos Alberto López de Ipiña, consejero internacional del movimiento Slow Food. «En el año 2016 España importó la misma cantidad de lechugas que la que exportó. Hacemos cosas tan tontas como esa».

Aduriz se apoyó en la historia de la alimentación para hacer ver cómo cosas que son nuestras «de toda la vida» pueden ser costumbres de pocas décadas. «¿Las kokotxas? antes eran un despojo, se las quedaban los marineros» recordó. Por eso señaló cambios como la producción de queso similar al Idiazabal en Chile como una práctica novedosa, pero alineada con los valores del producto local. «En un bocado está toda la cultura de un país».

Un tercio se desperdicia

Andoni Luis Aduriz supo mantener al público enganchado al destacar, después de sembrar suspense, la importancia de la imprenta en el desarrollo de la cocina. De ahí pasó a las redes sociales para señalar que «Instagram está cambiando el diseño de muchos platos». De hecho apuntó que esa plataforma ofrece más entradas para comida que para música, y señaló que Youtube tiene 22 millones de canales sobre cocina. Sin embargo cambió de cara para recordar que un tercio de la producción mundial de alimentos se desperdicia, y que según las previsiones, en el año 2050 habrá más plásticos que peces en los mares. «Por todo eso tenemos que dar más importancia a lo que nos metemos en la boca» concluyó.

Alberto López de Ipiña explicó las bases del movimiento Slow Food más allá de la alimentación aunque apuntó como uno de sus objetivos defender el patrimonio alimentario de todo el mundo. «Comprar local es comprar fresco porque le miramos a los ojos al productor, y no nos va a engañar porque si lo hace mañana no le vamos a comprar».

Esta corriente hace hincapié en la formación de niños y jóvenes, y una muestra de ello fue el taller del gusto celebrado ayer en la jornada Slow Food, en el que escolares de Urkizu pudieron conocer de primera mano el trabajo de caseríos del Bajo Deba en la elaboración del pan, el queso y la obtención de fruta.

 

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