Diario Vasco

«Lo que te llevas es más grande que el tiempo que te quita»

En Bergara. Junto al centro de Aspace, Maddi Etxabe, Aritz Bikuña, Amaia Larrañaga e Iban Torres.
En Bergara. Junto al centro de Aspace, Maddi Etxabe, Aritz Bikuña, Amaia Larrañaga e Iban Torres. / FÉLIX MORQUECHO
  • Universitarios de Gipuzkoa y Aspace celebran un año de trabajo en común

  • Los estudiantes comparten sus horas de ocio con personas con parálisis cerebral. «Gracias a esos ratos no todos los días son iguales», cuentan

Hace ya un año que Aspace cuenta con un programa de voluntariado, mediante el cual, usuarios de la asociación de atención a la parálisis cerebral y estudiantes universitarios comparten sus horas de ocio y tiempo libre. 130 personas hacen de apoyo para los 280 adultos y 200 niños que forman parte de entidad. En Bergara, junto al río y la parroquia, Maddi Etxabe, estudiante de Magisterio que trabaja como voluntaria, charla con Amaia Larrañaga y Aritz Bikuña, miembros de la asociación desde su infancia. Maddi, arrasatearra, quiere dedicarse a la educación especial. Empezó su voluntariado en octubre y ha trabajado hasta finalizar el curso. Cuatro horas semanales a partir de las 16.30 horas, una vez los usuarios salen del centro de día de Aspace. Asegura que gracias a esta labora ha conocido en mayor profundidad al colectivo de personas con parálisis cerebral. «Mi hermano tiene síndrome de Down, por lo que ya conocía la convivencia con la discapacidad intelectual. Pero esto es diferente, cada caso, cada persona lo es».

«La idea con el proyecto de voluntariado es trabajar en la inclusión de los usuarios de la asociación, hacer de puente para que vivan un día a día lo más normal posible. Lo que se busca son experiencias y relaciones normalizadas, porque muchas de estas personas no pueden salir sin un apoyo a la calle, limitando su independencia», explica Borja Santín, encargado de voluntarios de Aspace Gipuzkoa.

Hace ya unos meses, los delegados de los centros de vivienda de la entidad se juntaron para hablar de los temas de interés y fue ahí cuando decidieron reforzar y ampliar el programa de voluntariado. «Fue una decisión estratégica», cuenta Borja. «Establecimos relación con las cuatro universidades del territorio. La Universidad del País Vasco, la Universidad de Deusto, Tecnun y Mondragon Unibertsitatea. Acudo a las facultades con usuarios y les explicamos que es un programa de voluntariado de apoyo, que es flexible y amplio porque cada voluntario puede hacerlo el tiempo que pueda y en su pueblo. Las personas usuarias acuden a los distintos centros repartidos a lo largo de Gipuzkoa, pero proceden de todas las localidades». El objetivo de la colaboración entre las universidades de Gipuzkoa y Aspace es la amistad. Es por esa relación que se busca que «el primer paso es tomar algo con los voluntarios, conocernos», cuenta Aritz Bikuña.

Junto a él está Amaia, vecina de Aretxabaleta que acude al centro de Mondragón. El acompañamiento lo hace en su pueblo. Cree que es fácil caer en la rutina de ir reduciendo cada vez más sus salidas. «Al final, muchos acabamos viviendo así. Nos movemos de casa al centro de día y de allí volvemos a casa». Por eso, opina que es «fundamental» conocer a personas, hacer amistades y crear vínculos. Formar parte de la actividad del entorno, al fin y al cabo.

«Una vez un usuario me contó que la clave para él era que gracias a esos ratos de ocio no todos los días son iguales, que pueden salir de sus rutinas. Saber que todas las semanas vendrá alguien, que saldrán a hacer algo. Las necesidades siguen ahí, solo que necesitan de más apoyos para llevarlas a cabo», relata Santín.

Algo aparentemente sencillo como conocer los servicios de tu localidad, saber participar en la vida del pueblo, estar en una cafetería pueden conseguirlo «con un amigo que los conozca y los trate como los adultos que son», continúa. De eso trata el voluntariado que ejercen los universitarios. El responsable del programa defiende la visibilidad de estas personas. Es importante que se les conozca en su localidad y relacionarse con el entorno. «Antes no cogía el autobús, por ejemplo», comenta orgullosa Amaia, que asegura haber ganado en seguridad gracias a su amistad con voluntarios como Maddi.

Aprendizaje mutuo

Aritz y un compañero, ambos con movilidad reducida, quedan en Bergara con dos amigas voluntarias todos los viernes. Les gusta ir al spa, para lo que se turnan porque necesitan ayuda para cambiarse, entrar o salir del agua, por ejemplo. La tercera semana, se van de poteo. En Semana Santa, fueron de sidrería.

«Es igualmente importante entender que crear estas amistades, además de ofrecer estos servicios, es necesario para ambos lados. Los usuarios necesitan apoyo, pero la inclusión es un deber que nos corresponde a todos -alega Borja-. Conocer a personas con diversidad funcional es necesario para aprender a relacionarse con ellas, para entender que no pasa nada si se les cae la baba, si te cuesta entenderles o necesitan ayuda para tomar algo. Formamos parte de la misma comunidad y todos tenemos que aprender a relacionarnos».

Aritz Bikuña ocupa un lugar especial dentro de la organización de Aspace a la que acude, en Bergara. Realiza una labor clave que conecta a voluntarios y usuarios y es que, además de ser usuario, hace de apoyo de los compañeros que trabajan en la asociación.

Cuenta Borja que, «teniendo en cuenta que las personas que trabajan como voluntarias suelen hacerlo por temporadas más o menos breves, el trabajo de usuarios como Aritz es de gran ayuda. Conoce a sus amigos, cómo se expresa cada uno, las reacciones que tienen. Es un nexo entre los voluntarios y los usuarios».

Iulen Odriozola, estudiante de trabajo social de Deusto, opina que si no hubiera sido por los usuarios que trabajan en Aspace, se hubiera sentido perdido. «Sobre todo al principio, mi labor se hubiera complicado mucho si no fuera por las compañeras usuarias. Me ayudaron a comunicarme, haciendo de intermediarias cuando era necesario. Me dieron una tranquilidad sin la cual no hubiera sabido qué hacer».

«Lo más complicado es no entender a alguien, pero una vez los vas conociendo entras en la dinámica del grupo», reflexiona Iulen, quien confiesa que lo que le motiva para colaborar con Aspace «no es la vocación que puede sentir la gente por ayudar al prójimo, cualidad que admiro, sino que cuando quedo con mi grupo para tomar algo, lo hago porque me lo paso bien».

«Un golpe de realidad»

Julen Eizaguirre estudia ingeniería mecánica en Tecnun. «No empecé a trabajar en Aspace por cercanía hacia las personas con parálisis cerebral, ni sabía mucho al respecto. Por eso, creo, me pareció difícil en un principio. Fue un golpe de realidad».

Este ha sido el segundo año que participa en el programa y ya se desenvuelve mejor, con más confianza. «Lo mejor cuando no sabes qué hacer, cómo reaccionar ante alguna situación, lo que piensan o lo que quieren -asegura- es, sencillamente, preguntar».

Y después, ser paciente. Darle a cada persona su espacio y su tiempo. Daniela Ríos y Camila Bertolone, estudiantes de educación social de la Universidad del País Vasco, subrayan que «al principio caes en rutinas frías, que no están bien. Hay que aprender que si le tienes que dar de comer a alguien, tienes que acercarte desde el respeto, con cuidado, porque son ellos los que te están dando la oportunidad de hacerlo. Hay que acercarse en positivo: mirarles, sin obviar sus necesidades, sin hablar por ellos. Es fundamental respetar los espacios comunicativos. Si quieren decir algo, hay que darles tiempo y espacio para que lo hagan».

Llevan dos años trabajando juntas con un grupo de cinco personas. «En Aspace realizamos un acompañamiento informal, pero igualmente tenemos que seguir unas pautas, gestionar unas rutinas, trabajar la autonomía de las personas en un grupo», explica Camila. «Es por eso que ser apoyo les empodera, reconoce sus capacidades».

El voluntariado dura un curso escolar, pero son muchos los que, como Daniela, Camila o Julen, repiten, objetivo principal que persiguen desde la asociación. «Lo que te llevas es mucho más grande que el tiempo que te quita, profesional y personalmente», asegura Daniela.

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