Diario Vasco

«Solo se escucharon cuatro disparos y la familia entera desapareció»

Nati Zozaia Goñi y su sobrina, en su vivienda de San Sebastian.
Nati Zozaia Goñi y su sobrina, en su vivienda de San Sebastian. / MICHELENA
  • Familiares de los siete Sagardia Goñi -la madre y seis hijos- desaparecidos en 1936 esperan los resultados de las investigaciones tras hallarse en Gaztelu los primeros restos de niños

«Que todo el mundo lo sepa: los llevaron a la sima y los tiraron vivos, nos decía siempre mi madre. Que sólo se escucharon cuatro disparos y la familia entera desapareció. Claro, no iban a matarlos y a llevar sus cadáveres en brazos, era más fácil para ellos asustarlos con los tiros para que continuasen andando y arrojarlos allí». Nati Zozaia Goñi tiene 84 años y desde su casa en el barrio de Amara, de Donostia, recuerda estos días la atroz historia de su tía y de sus primos en 1936. El viernes, la Sociedad de Ciencias Aranzadi anunciaba que habían aparecido restos de niños en la sima de Legarrea, en Gaztelu, Navarra.

Es la historia tabú, de la que no se habla, pero que se conoce en todo el Valle de Malerreka. La historia de la familia Sagardia-Goñi, de Juana Josefa, embarazada de siete meses, y de seis de sus siete hijos: Asunción (de un año y medio), José Mari (de tres), Martina (de seis), Pedro Julián (de nueve), Antonio (de doce) y Joaquín (de dieciséis). Desaparecieron el 30 de agosto de 1936, cuando Nati tenía 4 años. El marido se encontraba en los montes de Eugi, trabajando con su hijo mayor. Juana Josefa dio el aviso de que volviese, pero lo detuvieron en Doneztebe y del resto de la familia nunca más se supo.

«Este año no pude ir al homenaje que se les hizo, por mi salud, pero ya me ha llamado una sobrina para decirme que no me preocupe, que ella me llevará a las pruebas de ADN. Esto nos ha revuelto mucho, pero es la verdad, están ahí, han estado todo este tiempo ahí, y había quien dudaba... Yo estaba segura. Estoy agradecidísima al paleontólogo y al historiador. Él fue quien nos encontró. Le costó, pero lo hizo y después publicó el libro, y ahora, por fin...», explica emocionada.

Un libro

Se refiere al libro de José Mari Esparza 'La sima, ¿qué fue de la familia Sagardia?', publicado hace un año. El autor se encontraba el viernes con el forense Paco Etxeberria en Gaztelu. «Estaba allí, esperando que subieran de la sima para comer. No pensábamos que habrían encontrado nada aún. Entonces salió Paco, cansado, porque es una subida de muchos metros y me dijo: 'pocas veces en mi vida me he emocionado tanto'. Nos abrazamos y me dijo que había encontrado huesos de niños. Me sorprendió su seguridad y entereza, porque había muchos huesos de animales, pero lo tuvo claro», relata el historiador.

Etxeberria explicó que han tenido que «entender la sedimentación del lugar para intuir dónde podrían estar los huesos y lo hemos conseguido». Según Esparza, los restos «no estaban en la vertical, en lo que es la caída natural de la sima, sino a unos seis metros». Durante los últimos días han tenido que sacar «los restos de las cosas que se han estado tirando a la sima durante 80 años. Había hojas, un humus negro de restos de troncos, una capa enorme de escombros de carretera con ofitas, que no tendría por qué estar allí...».

«Hace 30 años publicamos esta historia junto con otras y 30 años después nadie sabía nada. Entonces, hace seis, descubrieron un archivo con el llamado 'Causa 167' y allí se explicaba todo el proceso. Me enteré de todo, pero me parecía fuera de lugar, porque no había un trasfondo político y suponía poner todo el pueblo patas arriba. Pero al aparecer el cadáver del joven Indart hace dos años en la sima y conocer además a familiares directos, que estaban traumatizados desde la infancia con la historia, me decidí a escribirlo».

En busca de una razón

«Es una historia tan atroz que no tiene lógica. La guerra es lo que da el ambiente para que ocurra, pero no lo explica. Sin la guerra tal vez no hubiese ocurrido, pero no veo trasfondo político. Hay quien habla de robos, de lujuria...». Después de publicar el libro Esparza siguió conociendo a los familiares más jóvenes, que le contaron historias de ritos antiguos. «Al parecer la madre de Juana Josefa, Andresa, creía en los dioses antiguos de los vascos y no iba a misa. Una de las hermanas hacía conjuros en un brasero con sal, toda la familia era herbolera... Hay que comprender que en estos pueblos se vivía como en el siglo XVII».

Intenta comprender lo que ocurrió y llega a la conclusión de que «lo más irracional en este caso es la respuesta más racional del problema. Si se añade el punto de vista del miedo a la brujería, el acto colectivo brutal, consentido por la Guarcia Civil y con el beneplácito del cura, es lo que más podríamos entender. Todas las otras explicaciones son mucho más crueles».

Tras los hallazgos del viernes, los trabajos continuarán a partir de hoy para intentar hallar el resto de cuerpos de la familia Sagardia-Goñi. Mientras, en el pueblo, una tranquila localidad del norte de Navarra de unos 120 habitantes, continúa el silencio. De nuevo, la familia Sagardia está en boca de todos, pero de puertas hacia adentro, como siempre ha sido.