Diario Vasco

«Estoy aprendiendo a tocar el ukelele de oído, con tutoriales»

Unai Sordo es el primero por la izquierda, con un grupo de amigos en Castronuño, el pueblo vallisoletano donde veraneaba de niño.
Unai Sordo es el primero por la izquierda, con un grupo de amigos en Castronuño, el pueblo vallisoletano donde veraneaba de niño.

Solicitamos a Unai Sordo que eligiera una foto significativa en su vida, y ha optado por una de Castronuño, el pueblo vallisoletano en el que nació su madre. «Lugar de veranos, amigos desde la niñez que aún perduran. Pero sobre todo es el pueblo de mi madre y sirve de homenaje a todas aquellas mujeres de postguerra que tuvieron que emigrar siendo poco más que niñas a Bilbao, a Zumarraga, a Madrid o a París a labrarse la vida. A ellas les debemos (al menos yo) todo», relata.

Sin embargo, le gusta visitar ciudades antiguas. ¿Qué le atrae de ellas?

Fundamentalmente capitales europeas. Soy vasco y se supone que tenía que ser más bucólico, pero soy muy urbanita y me gustan las ciudades europeas. Me encanta Lisboa y también las ciudades del Este de Europa, de Polonia, la República Checa, y también Florencia; me encanta París, lo que no es muy original.

¿Con cuál se quedaría?

Lisboa. Cuando la conocí me dejó patidifuso. Es una ciudad a la que iría a pasar dos semanas en cualquier momento. La última vez estuve en Semana Santa del año pasado en un piso. A veces viajamos mediante intercambio de casas.

¿No es muy celoso de su privacidad?

La primera vez te cuesta, pero luego te acostumbras. Hemos estado mediante este sistema en Milán y en Edimburgo, en el festival de teatro, donde los precios de los alojamientos eran prohibitivos. Intercambiamos la casa con una periodista freelance.

¿Viaja solo o acompañado?

Con mi compañera.

Es aficionado al baloncesto. ¿Cuando viva en Madrid qué equipo irá a ver?

Si soy elegido veré antes al Estudiantes que al Real Madrid.

¿Practica algún deporte?

Hace algunos años me apunté a hacer bici en un gimnasio. Ahora tengo una bicicleta, pero me limito a dar vueltas por Bilbao.

¿Usa la bicicleta para ir a trabajar?

No, porque vivo en un barrio alto de Bilbao.

¿Cuál es su comida preferida?

El arroz, porque me sale muy bien.

¿Es cocinillas?

No lo soy, pero en algunas cosas que me gusta hacer miro recetas y... quizás tengo hasta algo de mano. En el día a día no saco mucho tiempo.

¿Cuántas horas dedica al día a las redes sociales?

No es cuestión de horas. Lo tienes integrado en el trabajo y con un sistema de alertas controlas los temas, pero no le dedico muchas horas. Es una forma de comunicación más.

¿Podría vivir sin un smartphone?

He vivido la mayor parte de mi vida sin él, con lo cual pienso que sí. Es una herramienta bastante importante hoy en día. Pero si viniera un duende y nos los quitara, nos volveríamos a adaptar, sin duda.

¿Se puede hacer sindicalismo sin estar en las redes sociales?

Sí. De hecho el sindicalismo no se puede hacer a través de las redes sociales. Se comunican cosas, es una forma muy dinámica de interactuar, pero el sindicalismo tiene que estar ligado a la empresa y no hay una red social mejor que el boca-oreja para el sindicalismo.

¿Cómo desconecta del día a día?

Viendo películas, alguna serie... Intento leer novelas pero también mucho ensayo sobre economía y política, con lo cual la desconexión es relativa. En los últimos meses también me ha dado por tocar el ukelele.

¿Tiene conocimientos musicales?

Voy de oído, a través de tutoriales.

¿Toca algún otro instrumento?

No. Esto responde a una vieja frustración, que es la guitarra. Siempre he tenido la cosa de que tenía que haber aprendido a tocar la guitarra, porque me gustaban mucho Aute, Silvio Rodríguez y Sabina. Lo intenté algún verano, pero.... Cuando me dijeron que había una guitarra pequeña con cuatro cuerdas me dije 'esa la toco hasta yo'. Anteayer estuve un rato dándole. Voy a un local de ensayo, donde coincidimos un grupo. He ido dos días, pero con la nominación se me ha desbordado todo.

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