Diario Vasco

«Es una suerte que la empresa por la que has luchado 40 años tenga proyección»

Después de toda una vida dedicada a su empresa, María Luisa Galardi ya piensa en el relevo y estima que la compañía vuelve a la senda positiva y tiene un futuro alentador.

¿Ha llegado a recuperar el nivel de 2007 en facturación Ondarreta gracias a la exportación?

Del 2007 al 2011 bajamos más del 60% y ahora vamos a recuperar gran parte de ese camino. Estaremos cerca de un 20% por debajo de ese máximo de 2007.

En este contexto, ¿cómo ve el futuro de Ondarreta y el relevo en su puesto?

Yo tengo ilusión por lo que hago, pero sé que todo son etapas y la mía está concluyendo, pero tenemos una próxima generación, que son mis hijas, muy preparadas y eso me tranquiliza. Es una gran suerte ver que algo por lo que has luchado durante 40 años tenga todavía proyección. Por mí sola no hubiera podido dar la vuelta a la situación tras la crisis y si no hubiera sido por mis hijas y sus nuevos planes no sabría decirte dónde estaríamos. Ahora hemos empezado a cambiar el ciclo y a volver a remontar.

En estos 40 años al frente de la empresa, ¿se arrepiente de algo que no ha hecho, o volvería a hacerlo todo igual?

No me arrepiento de cosas que he hecho y estoy satisfecha del trabajo realizado. Hace 20 años no me hubiera imaginado que pudiésemos llegar a vender en Australia o EE UU. Al final del recorrido es una gran recompensa llegar hasta aquí.

En los momentos malos, ¿encontraron las puertas de las instituciones, de distintos agentes y de los bancos, abiertas?

Cuesta llegar y tocar las puertas oportunas, pero poco a poco lo consigues. Financieramente nuestra posición era buena al inicio de la crisis y las entidades nos han prestado lo que hemos necesitado porque estábamos saneados. A nivel de inversiones las instituciones nos están ayudando, pero eso ha empezado a suceder de dos años a esta parte.

Parece que ahora se le da más importancia al arraigo y a que las compañías familiares sigan asentadas aquí.

Hubo una época, sobre todo en el inicio de la crisis o el final de la época buena en la que venían empresas internacionales con proyectos y desde las instituciones se les abrían las puertas de par en par. Y no se le daba importancia al arraigo. Que se cierre un negocio de un empresario local debería preocuparnos especialmente. Los que vienen desde fuera, normalmente, no se preocupan tanto de sus trabajadores ni tienen una relación tan estrecha con ellos. Nosotros tenemos que mirar día a día a los ojos de nuestros operarios y los conocemos.

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