Diario Vasco
Jesús Torquemada, en la sala del Kursaal en la que se celebran las ruedas de prensa.
Jesús Torquemada, en la sala del Kursaal en la que se celebran las ruedas de prensa. / USOZ

Jesús Torquemada: «No lo debí de hacer mal, he tenido siete directores en el Zinemaldia»

  • 64 zinemaldia

  • Después de 26 años, Jesús Torquemada deja de moderar las ruedas de prensa del Zinemaldia

Después de 26 años al frente de la ruedas de prensa matutinas del Zinemaldia y de otros 24 en la coordinación del catálogo, Jesús Torquemada pasa el relevo. «Simplemente, quiero tener más tiempo libre. Empiezo a estar cerca de la jubilación y quiero tener un verano normal porque para mí no han existido ni agosto, ni septiembre». Un cuarto de siglo, cientos de ruedas de prensa y siete directores del Zinemaldia le contemplan.

Un 'sí' algo inconsciente

«En 1989 yo tenía 34 años y Mariano Ferrer, que entonces se ocupaba de esas tareas, me llamó para que me encargara de las ruedas de prensa de la Sección Oficial del Zinemaldia y de forma bastante inconsciente, acepté. Se requería conocimiento de idiomas y saber estar en la mesa, repartir los turnos de palabra. Estaba entonces Diego Galán de director. Y digo que acepté inconscientemente porque no me di cuenta de que ese año venía Bette Davis».

La 'madre de todas las ruedas'

Fue en uno de los salones ampliados del María Cristina. Habría unos 300 periodistas y en la mesa, su secretaria y representante omnipotente, Kathryn Sermak; Diego Galán y el traductor Luis Viyella -entonces era consecutiva, no simultánea-. La condición que había puesto la actriz era que en la mesa estuviéramos todos con traje y corbata. Cuando en el Zinemaldia veo la sala llena y que al abrir el turno de preguntas se levantan sesenta manos, me digo: 'Tierra, trágame'. El límite de tiempo era media hora. Me di cuenta de que Bette Davis estaba muy mal porque vi la parte de pierna que dejaba la falda al descubierto y era puro hueso y piel. Pero lo cierto es que como se lo estaba pasando muy bien, al término de la media hora, Sermak dijo que otra media hora. Sigue la actriz despotricando de todo el mundo y ajustando cuentas y cuando llega la hora, Kathryn Sermak dice que otra media hora. Seguí metiendo turnos de preguntas y a la hora y 29 minutos di paso a la última. Aquello fue mágico para todos los que estuvimos allí y absolutamente irrepetible porque divas así ya no quedan».

Las ruedas han crecido en cantidad...

«El Zinemaldia ha crecido mucho de tamaño. Las primeras ruedas de prensa eran en los salones del María Cristina, bastante familiares, con pocos periodistas. Ha crecido mucho el número de periodistas y, sobre todo, el de extranjeros».

¿... y en calidad?

«Las ruedas de prensa tienen un problema: el periodista especializado no suele acudir, salvo excepciones. Busca la entrevista exclusiva. En ese sentido, el periodista de ruedas de prensa es más generalista y eso hace que a veces haya preguntas innecesarias, poco documentadas o incluso, ni siquiera hay preguntas, y en ese caso, la función del moderador es lanzar una que genere debate».

Las reflexiones en voz alta

«En las ruedas de prensa del Zinemaldia se vierten demasiadas reflexiones que no encierran pregunta alguna. Hay gente que no lo acaba de entender y me sorprende: 'Concrete su pregunta, por favor', suelo pedirles. Son periodistas concretos, con nombre y apellidos: 'Yo aquí veo influencia de la nouvelle vague, pero no de la de Truffaut, sino de la de...' Lamentablemente, hay un sector que se dedica a contarnos su vida, en lugar dejar que nos la cuente el invitado, que para eso es una rueda de prensa».

La doctrina del 'shock'

«Hubo un momento terrible hace entre ocho y seis años, cuando surgieron los programas tipo 'Caiga quien caiga'. Era una cosa complicada porque, por un lado, la dirección del Festival no quería que las ruedas de prensa se convirtieran en un circo. Y claro, los de este tipo de programas querían, por ejemplo, entregarle una rosa a Demi Moore. Y que se viera el teatro. Pero era terrible porque hubo un momento en el que había cinco o seis programas de ésos, y desde la mesa ya veías al reportero de pie, vestido de forma llamativa, con el micrófono preparado y la cámara apuntando. Y muchas veces lo que querían era hacer la típica gracia, sin preguntas, y podían reventar la rueda de prensa del Zinemaldia. Lo llevé lo mejor que pude. Alguna vez me ha perseguido algún reportero por los pasillos diciéndome que le he quitado el pan de sus hijos».

Sin mitomanías

«No sería bueno para mi trabajo que tuviera mucho trato con los artistas. Siempre he tenido claro que necesitaba un cierto distanciamiento. Entiendo que están haciendo su trabajo y yo el mío. Estoy con ellos cinco minutos antes de la rueda de prensa, durante y al final, nos despedimos. En cualquier caso, no he sido mitómano nunca, ni para el cine, ni para la música. Es muy importante tener en cuenta que ellos han venido aquí a defender una película y que están nerviosos, preguntando si ha gustado o no el filme».

La buena pregunta

«Tiene que ser en torno a la película porque estamos en un Festival. Una vez lanzada la rueda de prensa, puedes hablar de su biografía, pero la buena pregunta sería la que explorase algún asunto que al periodista no le ha quedado claro».

El arte de moderar

«Es como el buen árbitro: no tiene que notarse su presencia. Tienes que ver la película, eso está establecido incluso por contrato. Te documentas todo lo que puedes y, en este sentido, las hay mejores y las hay peores, dependiendo también de qué periodistas están en la sala en ese momento. A veces ha habido momentos graciosos en el Zinemaldia de preguntas absolutamente innecesarias».

Balance de un cuarto de siglo

«No he debido de hacerlo mal porque en el Zinemaldia he pasado por siete directores. Llegué con Diego Galán, después estuvieron Rudi Barnet, Koldo Anasagasti, Peio Aldazabal, otra vez Galán, Manuel Pérez Estremera, Mikel Olaciregui y ahora, Rebordinos. Que todos confiasen en mí es un motivo de orgullo y debo decir que con todos me he llevado extraordinariamente. Incluso con el más discutido, Barnet, mi relación fue correcta».