El secuestro que desató el lazo azul

El símbolo de Gesto por la Paz que exigió la liberación de Iglesias Zamora cumple 25 años. Jesús Herrero, exportavoz de la plataforma por la paz, habla del punto de inflexión que supuso julio de 1993 en la historia de las movilizaciones cívicas

Los exmiembros de Gesto por la Paz; Isabel Urkijo, Alberto Garin, Inés Rodríguez, Víctor Manuel Cavero, Jesús Herrero y Edorta Martínez, en la plaza del Buen Pastor. / JOSÉ MARI LÓPEZ
Los exmiembros de Gesto por la Paz; Isabel Urkijo, Alberto Garin, Inés Rodríguez, Víctor Manuel Cavero, Jesús Herrero y Edorta Martínez, en la plaza del Buen Pastor. / JOSÉ MARI LÓPEZ
ELISA LÓPEZ SAN SEBASTIÁN

El lazo azul de Gesto por la Paz cumple 25 años. Un cuarto de siglo del nacimiento de aquel pedacito de tela que fue el revulsivo contra el silencio que la sociedad vasca soportaba ante el terrorismo de ETA. Un sencillo símbolo para exigir la libertad del ingeniero Julio Iglesias Zamora, secuestrado por la banda terrorista hace también 25 años, el 5 de julio de 1993. Un lazo que sirvió para unir a gente de diferentes partidos, salvo de la izquierda abertzale, y a miles de ciudadanos de diferentes ideologías.

La primera respuesta social y colectiva al acoso de los violentos surgió del colectivo pacifista Gesto por la Paz. Gente valiente que decidió por fin rebelarse de forma tímida y en silencio contra el acoso de los etarras. Y durante el secuestro del ingeniero de Ikusi, esa sociedad vasca que tanto había soportado se despertó y comenzó a hacerse notar en las calles, entonces monopolizadas por los simpatizantes de Batasuna. En Euskadi nada volvió a ser igual. El lazo azul, concebido en la imaginación de personas que creían en la paz, fue entonces la contraseña individual y silenciosa contra el terror.

«Con el secuestro de Iglesias sentimos la necesidad de realizar una campaña que visibilizara permanentemente la vulneración de los derechos humanos que se había producido. Surgieron muchas ideas. En el local de la asociación en Bilbao, por ejemplo, hicimos un encierro durante días para que no se olvidara lo que había sucedido. Y la tarea de muchas de las personas que estuvieron allí tantas horas fue la de confeccionar los lazos azules», relata a este periódico Jesús Herrero, el que fuera portavoz de Gesto por la Paz. Y es que el lazo, recuerda, sirvió también de «visibilización permanente».

Y una vez lanzada la campaña del lazo, surgieron los dos brochazos alargados que el escultor y pintor Agustín Ibarrola dibujó con un fondo amarillo en un cartel que quedó para la historia. Un cartel del que se hicieron multitud en la manifestación de más de 80.000 personas que recorrieron el 11 de septiembre de ese año todas las calles de San Sebastián para exigir el fin del secuestro del empresario. Fue un enorme gesto de solidaridad, convertido en cientos de miles de réplicas del lazo con la forma de una A de 'askatu'. El trozo de tela de 10 centímetros -que en un principio iba a ser de color blanco pero que al final fue azul- se transformó en un símbolo que hablaba en silencio por toda una sociedad.

Relato de un secuestro

Julio Iglesias Zamora fue secuestrado el 5 de julio de 1993. Tenía 42 años. El ingeniero fue visto por última vez sobre las siete de la tarde de aquel día, tras abandonar en su coche particular las instalaciones de Ikusi, ubicadas en Martutene, para dirigirse a su domicilio del donostiarra barrio de Amara. Iba a celebrar el cumpleaños de uno de sus tres hijos junto a toda la familia. Al día siguiente, su vehículo fue hallado por la Ertzaintza en Añorga, con las puertas abiertas y las llaves puestas. Para volver a ver sano y salvo al empresario tuvieron que pasar 116 días. Permaneció encerrado en un zulo. El comando etarra que le secuestró le liberó el 29 de octubre en un pinar del Alto de Arrate, en Eibar. Su familia acabó pagando el rescate que ETA le exigió.

Arriba, imágenes de las movilizaciones. Abajo, Julio Iglesias con su familia y, abajo, en la actualidad. / JOSÉ MARI LÓPEZ

A lo largo del secuestro, Gesto por la Paz impulsó una importante campaña de movilización. Además de su actividad diaria en esta campaña, participó en la creación de la Plataforma pro-liberación de Iglesias Zamora. El impacto fue muy grande. Deportistas, cantantes, artistas, políticos, intelectuales y miles de ciudadanos vascos asumieron una responsabilidad activa como pocas veces había ocurrido. Miles de personas, públicas y anónimas, dieron sus nombres para que fueran publicados exigiendo la libertad del secuestrado.

Gesto por la Paz inyectó el estímulo necesario a la sociedad vasca y lo mantuvo en el tiempo, durante décadas. Desde aquel 26 de noviembre de 1985, cuando unas 200 personas salieron por primera vez a la calle para repudiar, en silencio, la violencia. La víspera, ETA había asesinado en San Sebastián al cabo del Ejército Rafael Melchor García y al soldado José Manuel Ibarzabal Luque. El acuerdo de esas personas era concentrarse en silencio al día siguiente de que ocurriera una muerte producida por «acciones de terrorismo o tortura». Así hasta que el 4 de mayo de 2013 celebraron una última asamblea para poner fin a una andadura de casi 28 años.

Perseverancia

Aquel verano de 1993 se celebraron grandes manifestaciones, y la familia, los trabajadores y los movimientos cívicos pusieron en pie una perseverante movilización. Tres manifestaciones por semana. Una delante de la Iglesia del Buen Pastor, en la que los simpatizantes de la izquierda abertzale, situados frente a la familia y amigos, les gritaban y proferían todo tipo de insultos. «Claro que hubo oposición de los radicales. Pero ese enfrentamiento se produjo, sobre todo, en la campaña continuada de secuestros como los de Ortega Lara, Cosme Delclaux o Aldaia, que duró más de un año. Ese entorno de la izquierda abertzale inició una respuesta durísima a esa reacción de protesta y de movilización», relata Herrero, que prefiere no hablar en primera persona de esos ataques.

-¿Qué supuso en la historia de las movilizaciones cívicas el secuestro de Iglesias Zamora?

-En ese momento se produjo una reacción tan impresionante porque ya existía un grado de concienciación que venía de atrás y que dio lugar a este punto de inflexión. Y el lazo azul fue tan importante porque se utilizó también fuera de Euskadi. Todo el mundo vio la respuesta multitudinaria que la sociedad vasca daba al terrorismo de ETA.

-¿Y qué aportó aquel momento al actual contexto de paz ?

-La valoración se debe hacer desde fuera de Gesto. Pero creo que aportamos muchos de los que ahora son los fundamentos de la reacción que debe darse ante la violencia.

A su juicio, el planteamiento de la plataforma sigue siendo hoy válido en temas como la solidaridad con las víctimas. «Nos gusta poner en valor que en 2001 o 2002 empezamos a dar voz a las víctimas a través de jornadas e iniciativas, y gracias a sus testimonios», confiesa. Y como el afán de dar visibilidad a los actos de vulneración de los derechos humanos está en el ADN de Gesto, también pusieron el foco en los presos de ETA.

La sociedad vasca arrebató por primera vez las calles a los simpatizantes de ETA

«En 1994 ya nos movilizamos por el acercamiento de los presos. El término 'acercamiento' lo lanzó a la opinión pública Gesto. Aquel año, el debate que estaba sobre la mesa era el de la agrupación de los presos, argumento que defendía la izquierda aber-tzale. Desde el punto de vista de los derechos humanos defendemos el acercamiento. Que cumplan condena, pero que no suponga el sufrimiento de sus familias», explica Herrero.

Dos trabajadores de Ikusi hablan por primera vez para DV

 

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